El código básico del populismo de derecha se basa en una oposición doble: una vertical (pueblo contra la elite) y otra horizontal (los de adentro, nacionales contra los de afuera o extranjeros). Hay un tercer elemento que, sin embargo, no debe olvidarse: el ataque a los medios de comunicación.

Medido según estos tres elementos, es posible ver en José Antonio Kast ciertos rasgos de populismo de derecha que, aunque incipientes aun, preocupan. El Kast ultraconservador apoyado por evangélicos y ultra católicos no tiene futuro en un país en plena apertura liberalizante. Tampoco lo tiene el Kast pinochetista, pues ese es un nicho momificado. Pero el Kast populista de derecha podría potencialmente abrirse paso y sorprender.

1. Pueblo contra elites. En el eje vertical del populismo de derecha, Kast no solo ha atacado a las elites políticas, generalizando su carácter corrupto, sino también a las intelectuales y universitarias. Ejemplo de ello es la acusación del movimiento feminista como un movimiento de elites universitarias e intelectuales, que, dice él, nada tiene que ver con los problemas de las chilenas reales. Esto pues, es clave en el discurso populista la construcción de unas elites aprovechadoras, desentendidas y responsables de los sufrimientos del pueblo, al que el líder populista pretende defender. Si con esta construcción antipolítica y anti-progresista, el candidato Kast pudiese ganar ciertos puntos, los pierde al callar sistemáticamente respecto de las elites religiosas y económicas, hoy extremadamente cuestionadas por escándalos de abusos y corrupción. Esta abierta incoherencia neutraliza el futuro político de Kast, eso si contamos con un ciudadano capaz de evidenciar esta contradicción.

2. Nacionales contra extranjeros. Kast no expresa (aún) una posición que lo pueda ubicar en el eje horizontal del populismo de derecha. Si bien es posible que el ala más nacionalista que lo apoya gane terreno en desarrollar un discurso abiertamente xenófobo, en el tema migratorio, Kast se ha mantenido dentro de los marcos de la centro-derecha; esto es, se ha limitado (en lo fundamental y en su discurso público) a criticar la inacción legislativa de la concertación y nueva mayoría en este ámbito y ha apoyado el “ordenamiento de la casa” de la reforma de Piñera. Kast no presenta novedad ni perfil específico en este aspecto. Por lo mismo, no sería raro que radicalizara a futuro su discurso en una dirección xenófoba.

3. Ataque a los medios. Recientemente Kast ha realizado una fuerte denuncia a los medios, cuestión que sí es propia del populismo de derecha. Trump es sin duda quien más lejos ha llevado esto. En un artículo en The Clinic, Kast llega a decir: que “la mayoría de los periodistas son de izquierda”, que ellos imponen “la verdad progresista”, que utilizan “los datos a su antojo”, que debemos combatir “la censura implícita que existe en Chile y (…) la dictadura progresista que se está instalando en los medios y que excluye a todos quienes pensamos de manera distinta”.

Esta denuncia opera exactamente como la realizada por Trump. Uno sospecha que le sigue los pasos sigilosa y selectivamente. Lo que hace Kast es no solo acusar que el periodismo mainstream lo excluye y persigue sino además que es un periodismo de fake news. En una suerte de lapsus, en uno de sus Twitter, Trump habló de los “negative (fake) news”, cuestión que delató su construcción: todo aquél medio o periodista que lo critica (negative) es un periodismo trucado (fake) producto de su parcialidad ideológica. “Fake news” no es noticia trucada sino noticia contraria a Trump. Lo mismo hace Kast. Su lapsus es otro: rescatar como imparciales a los únicos periodistas y medios que lo han tratado bien: Gonzalo Müller en Estado Nacional, el The Clinic, entre otros. “Fake news” es usado aquí como un término de guerra política, perdiendo todo su sentido crítico original.

Cabe agregar que Kast es un desagradecido pues parte importante de su campaña parasita de los medios que ahora critica, pues ellos han sido la caja de resonancia de los “eventos” mediáticos que han generado sus provocaciones y las respuestas a ellas.

Aunque los medios de comunicación masiva hayan torpedeado su ética interna de imparcialidad y verificación de información -y el daño que le hiciese Agustín Edwards al periodismo nacional fuese incalculable- es una responsabilidad democrática defender a los medios y a su ética (incluso contra ellos mismos), pues su descrédito generalizado, y con ello, la pérdida de una infraestructura de comunicación pública, es uno de los caldos de cultivo para el germen populista de derecha.


Director Doctorado en Teoría Crítica y Sociedad Actual, UNAB e Investigador del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social, COES.