“Para que la enseñanza pueda cumplir su misión social con toda amplitud, es necesario que sea gratuita, única, obligatoria y laica”. Esta frase forma parte de una definición que hace casi 80 años dictaba el ex presidente Pedro Aguirre Cerda respecto a la educación en nuestro país, y puntualizaba luego argumentando: “Gratuita, a fin de que todos los niños puedan beneficiarse de la cultura, sin otras restricciones que las que se deriven de su propia naturaleza”. Por todo esto, resulta al menos cuestionable, ver al presidente Sebastián Piñera inaugurando un monumento en su honor y estampar en la placa situada a los pies de la figura, la frase: “Gobernar es educar”.

No porque no tenga el derecho de homenajear a un ex mandatario, si no porque su visión y creencias más profundas, se ubican lejos de la esencia del planteamiento de Aguirre Cerda. En julio de 2011, el mismo presidente Piñera manifestaba que “la educación cumple un doble propósito, es un bien de consumo, significa conocer más, entender mejor, tener más cultura. Pero también la educación tiene un componente de inversión, que es mejorar nuestras capacidades para aportar al proceso productivo”. Fijémonos en el orden de las ideas del discurso y notaremos cual es el propósito que declara primero el presidente. Ver a Piñera en esta nueva performance, es como ver a los Huasos Quincheros tocar, como homenaje, una canción de Víctor Jara.

Pero bueno, sigamos adelante, centrémonos en la placa: “Gobernar es educar”. Este firme concepto apareció en un discurso dado por el ex presidente Aguirre Cerda el 21 de mayo de 1939 y es tan potente como paradójico, pues cuando profundiza en su declaración, revela que su objetivo, es rectificar “el abandono en que se ha desarrollado la educación pública”. Ha transcurrido casi un siglo y la educación pública sigue inerme, expuesta a los vejámenes de los aranceles y las cuotas de incorporación, del SIMCE y la PSU.

Se preguntará usted cuando se comenzará a hablar de Comic Sans, la respuesta es ahora. Comic Sans es una fuente tipográfica creada en 1994 por el programador Vincent Connare, quien ha planteado que se trata de lo mejor que ha hecho en su vida. Sostiene además que en su época de estudiante recorrió muchas galerías de arte neoyorquinas y definió a partir de eso una postura muy clara: el mal arte se ignora, mientras el buen arte es el que no pasa inadvertido. Para él eso es Comic Sans, una obra magna, pues hay quienes la aprecian y quienes a su vez la consideran “la tipografía más odiada del planeta”. Sin embargo, como diría Connare, nunca pasa desapercibida. Esta fuente se llegó a convertir en la que mayor rechazo genera en el mundo por varios motivos, pero para ser justos, lo fundamental no está en su apariencia, si no más bien en el uso que se le ha dado. En 1996 todos los computadores del mundo tenían instalada la fuente en su sistema operativo, esto generó el efecto en cadena que hoy vivimos. Las personas comunes y corrientes, es decir aquellos que no tienen formación específica en comunicación visual, cuando tenían que elegir una fuente para hacer el cartelito de “Salí a almorzar” o algún aviso similar, buscó –seguramente– una tipo de letra que resultara simpático para quien lo leyera, la verdad es que entre las pocas fuentes que ese entonces habían disponibles, Comic Sans si cumple con esa regla, es como “amigable”. El problema es que luego ya no se trataba de un simple letrero impreso en hoja carta, si no que del frontis de un local de asesoría contable, del currículo para postular a un cargo dirigencial, de una peluquería o de la señalética de un hospital, o sea para cualquier cosa. Lo complejo de esto es que la tipografía, que básicamente es como la vestimenta que adoptan las letras del alfabeto, no debería ser siempre la misma porque existen ciertas prendas específicas para cada ocasión. La tipografía que se elija, debe ser capaz de reflejar la esencia de la idea que está proyectando, es imposible que la esencia de todas las entidades, situaciones o personas que usan Comic Sans sea la misma.

Sin importar lo mucho que se pueda criticar el uso indiscriminado de Comic Sans, en internet es posible encontrar manifestaciones tanto en contra como a favor. Hay quienes venden artículos como poleras o tazones para lucir con orgullo sus letras, hasta otros que han desarrollado minuciosos análisis para explicar por qué el dibujo y su apariencia no son adecuados. En un video de YouTube llamado “Defensa a favor de Comic Sans” del canal Vsauce, nos entregan una teoría a lo menos interesante. Efectivamente esta tipografía no tiene la estructura, ni las proporciones, ni las terminaciones, que los cientos de años de desarrollo de la disciplina nos han llevado a situar como un estándar. No es una fuente que respete los parámetros morfológicos necesarios para leer textos largos sin que la vista se canse. Tampoco es una fuente que imite fielmente la escritura de la mano, parece más bien un intermedio, entre lo humano y lo artificial. Esa ambigüedad coincide con una teoría estética llamada “El valle inquietante”, que sostiene la existencia de una relación entre el grado de semejanza de un objeto con un ser humano, y la respuesta emocional de las personas a dicho objeto. Básicamente sugiere que la humanización de un objeto nos grada en la medida que no alcance una similitud demasiado alta con nuestra apariencia. Un robot o un maniquí muy parecidos a un ser humano provocan rechazo o incluso temor. Comic Sans es como un robot vintage formado por bloques cúbicos de colores, un agrado.

Si bien la Asociación Británica de Dislexia en su “Guía de estilo de Dislexia 2018”, recomienda el uso de Comic Sans en cuerpo 12 a 14 para obtener un resultado amigable para personas que enfrentan esta complicación, nada de lo que podamos decir o argumentar en defensa de Comic Sans justifica el hecho de que el actual Gobierno haya optado por utilizarla para representar la frase de Pedro Aguirre Cerda. El uso de esta tipografía representa un gesto de profunda irresponsabilidad, una proyección visual incoherente de lo que expresa la frase y una falta de respeto con el sentido y el contexto del discurso dado por el ex mandatario del Partido Radical. Lo mínimo que se puede exigir es que esta tipografía sea cambiada y que para definir la fuente adecuada, se realice un mínimo estudio del discurso y su contexto, es decir, del rol fundamental de la educación y de su comprensión como un derecho esencial. Por cierto, de la gran labor llevada a cabo como presidente por Aguirre Cerda, tanto por su valiosa lucha en las mejoras formativas de nuestros niños y niñas, como por sus distintas gestiones para el desarrollo económico y cultural de nuestro país. Incluir también la formación y el sentido original del Partido Radical a fines del siglo XIX y las diversas agrupaciones que fueron dando forma su nacimiento como la Sociedad Literaria de 1842, el Club de la Reforma de 1849 y la Sociedad de la Igualdad de 1850. Una vez que se tengan claro este panorama, recién ahí es posible definir la esencia detrás de la sentencia, “Gobernar es educar” y diseñar es pensar. La determinación de la fuente tipográfica debe ser hecha, en este caso, por un profesional, es lo que un gobierno debería hacer, recurrir a alguien que se educó para eso.

Así como no corresponde ir con camisa floreada y pantalón arremangado al velorio de un conocido (a menos que el difunto lo haya pedido expresamente), así como resultaría extraño ver al maestro Valentín Trujillo dar un concierto con chaleco reflectante, Comic Sans puede parecer simpática, amigable, graciosa o cercana, pero es un golpe estridente e injustificado de disonancia, no con Piñera y sus piñericosas (ojo), si no con la esencia de un discurso que busca la igualdad social a través de la educación. Los chistes simpáticos a los que ya estamos acostumbrados dejémoslos para otro momento. Por ejemplo, para cuando la frase de placa sea: “La educación es un bien de consumo”.


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