Psicólogo clínico y unos de los creativos de la campaña del No, Jorge Cucurella siempre escribió cuentos, que según sus amigos debía publicar. Hasta que se atrevió con su primera novela, Con tres heridas (Ocho Libros, 2018). La historia del militante León Díaz, que lo muestra desde los primeros años de la dictadura hasta el comienzo de la democracia, período en el cual su vida da varios vuelcos.

Este es tu primer libro, ¿cómo fue el proceso para escribirlo?

– Siempre he escrito cuentos y un día escribí uno que se convertiría en el primer capítulo de esta novela, pero que en ese momento fue solo un cuento. Algunos días después me sorprendí pensando en los personajes: ¿Qué será de Leo y Teresa?, ¿en qué estarán? Me sentí muy inquieto por ellos, como si fueran personas reales. Entonces no me quedó otra que escribir la continuación, el segundo capítulo. Fue muy raro, no es que quisiera “escribir” sobre ellos, sino que necesitaba “leer” sobre ellos. Por eso escribí la novela.

-¿De qué forma tu trabajo como psicólogo clínico te aportó para poder hacer la novela y sobre todo, para entender a una persona que delata a sus compañeros?

– Creo que lo que aporta más no es la formación como psicólogo clínico en sí misma, sino los años de experiencia en la consulta, la privilegiada experiencia de que cientos de personas te permitan conocerlas y entrar en su intimidad. No solo porque “ya lo has escuchado todo”, como suele decirse, lo que es verdad, sino porque la terapia es un acto amoroso, de cariño, de comprensión sincera. Y esa fue mi relación con los personajes de este libro mientras lo estaba escribiendo.

-¿Por qué te interesó escribir sobre el tema de la delación?

– La verdad es que no fue una elección racional, pensada, simplemente al ir escribiendo surgió el tema. La delación forzada —y digo “forzada” porque no es lo mismo delatar para evitar un dolor muy grande, que delatar para obtener un beneficio extra— es un estar humano en uno de los peores límites que existen: el choque entre la moral, el deber ser, y la sobrevivencia. Y según los casos que yo he conocido, de verdad hay que estar ahí para saber si optarás por ti o por los demás, por la vida o por cómo crees que debe ser la vida. Incluso más, es posible que alguien no delate una vez, pero sí delate otra. Es fácil hablar sobre el aguante y la delación desde fuera, como ideas, pero otra cosa es estar en esa situación. La delación es miserable, sí que lo es, pero miserable de esa miseria que todos llevamos dentro, agazapada, esperando la situación en que tal vez se manifieste. Por cierto, todo esto desde una mirada psicológica, humana, porque desde una óptica legal los crímenes son crímenes y las complicidades también. Una cosa es comprender algo psicológicamente y otra es justificarlo, compartirlo o desear la impunidad.

-¿Cuál es la relevancia que le ves a hablar hoy de este tema tan complejo?

– No le veo la relevancia particular hoy. Se la veo atemporalmente: desde Judas hasta los próximos siglos. Donde haya luchas, guerras, ganadores y perdedores, policías y apremiados, el tema estará presente, aunque no se hable de él en voz alta. Creo que la novela tiene de interesante al respecto el no esgrimirse en juez, sino mostrar, simplemente mostrar y tal vez dejar inquieta el alma del lector. En todo caso, me gusta pensar que es una novela no solo de delación, sino de amor, traición y muerte.

-¿Cuál fue la dificultad para relatar escenas de tortura y construir los personajes de los torturadores?

– Fue una experiencia dura, me afectaba y hubo una en particular que terminé de escribirla llorando. Por otra parte, yo nunca estuve preso ni fui torturado, pero muchos amigos y amigas sí, y me contaban y veía los efectos en ellos al salir de prisión, y eso me sirvió mucho ahora. Pero no sabía detalles “técnicos”, reacciones del cuerpo, musculares, la biología del dolor y el espanto, que debía ser relatada tal como ocurre, y para eso tuve que meterme en el tema previamente, estudiarlo. No me gustó hacerlo, pero era parte del trabajo.

-Hay una crítica al machismo de la izquierda tradicional, ¿crees que la izquierda sigue siendo machista?

– Hay una crítica a la izquierda tradicional y al machismo de cualquier parte, peor aún en la izquierda. Si te fijas, el personaje principal es hombre, pero eso no lo honra mucho, los héroes son las mujeres, ellas son las heroínas en esta novela. Y sí, la izquierda es imperdonable y cómplicemente machista.

-¿Te inspiraste en un caso real?

– No, para nada. Pero hubo tantos casos así, que evoca a varios. Puse sí algunos detalles, guiños, que usando la memoria colectiva sobre el tema, sirven de ancla a la narración.

-¿Por qué decidiste dejar el final abierto?

– No lo sé bien, creo que por respeto a los personajes. Y porque cada lector tiende a cerrar esa Gestalt, poniendo ahí sus propias cosas. El cierre explícito de un final es un punto de alejamiento, a lo más de empatía o identificación.

-¿En qué proyecto literario trabajas ahora?

– Estoy escribiendo otra novela, Puertas adentro. Es la vida de, y en torno a una empleada doméstica. Ella, su trabajo y su vida son lo central. Es una mujer libre y muy fuerte. Es un relato de libertad e intimidad, y de la invisibilidad en que vive una empleada puertas adentro, que desde ese lugar mira a la familia con la cual vive. He disfrutado mucho escribiéndola.

 

Con tres heridas se presenta el martes 24 de julio a las 19 horas en la Biblioteca Pública de Castro.