La obra nace de la necesidad de conquistar una voz propia que se ha gestado desde hace más de 20 años, es el resultado de un constante “pegoteo”  de la vida, es un ir y venir, un devenir: “Desde mi perspectiva nosotras cortamos y pegamos no solamente nuestro cuerpo, sino que también la historia de nuestras vidas, la historia con la familia y también con el país”, señala Claudia enfatizando que el propósito de esto es alentar la biografía travesti, transgénero y transexual, abocando a que sea una herramienta política para las que aún no han dicho nada.

En “Vienen por mi” el lenguaje es un legajo de poesía y denuncia, que cubre los textos de una invitación a hostigar la autoridad de manera grosera y coreográfica, porque la protagonista es una enferma con más de una cara; resentida y feliz, que llega a interrumpir la cotidianidad, perseguida, acosada, torturada por infecciones, miedos y miedo a la muerte.  Es un ensayo nunca acabado, entre arqueología, maquillaje y filosofía travesti para proponer metáforas que incluyen, al igual que el cuerpo travesti, distintas disciplinas mestizas, teatralidad, poesía, performance, monólogo o stand up, produciendo puentes entre imagen y textos de chamanes, diosas, vírgenes, santas y locas, en un solo cuerpo, resentido y hocicón.

La dirección del montaje está a cargo de Andrea Freund, reconocida actriz y directora teatral, que desde hace un par de años ha estrechado lazos con Claudia y que han podido conjugar sus tiempos e intereses, dándole vida a este trabajo colaborativo. Para Andrea, ser parte del equipo es un hito importante pues con ella (Claudia) son grandes  amigas y eso enriquece aún más el proceso creativo de “vienen por mi”, pues las confianzas son distintas y siente que van “remando para un mismo lado”, generando una performance potente y provocativa.

El proyecto es totalmente autogestionado, no cuenta con ningún tipo de financiamiento ni patrocinio de alguna entidad, es por esto que Claudia convocó a varias colaboradoras las cuales han impulsado un proyecto virtual de recaudación de fondos, apostando a un grupo de personas que, desde múltiples perspectivas, se sienten cercanas a Claudia (cercanas, amigas, seguidoras de su obra). Esta modalidad de crowdfunding no tiene un nombre en español/chileno, sin embargo podría considerarse una “minga” o “hacer una vaca”, entre otras tantas maneras coloquiales. Esta plataforma permite apoyar y formar parte de proyectos que interesan por su propósito, impacto e incidencia. El crowdfunding o “minga” se convierte en una herramienta de cooperación colectiva que posibilita reunir dinero u otros recursos a través de su plataforma web, en la que todas las personas pueden aportar para que Rodríguez pueda pisar nuevamente las tablas.

La manera es muy sencilla, se debe entrar a la página www.demosle.cl/vienen-por-mi, escoger una recompensa que van desde 3 mil pesos a 100 mil y ya está siendo parte de esta “minga” teatral.

Las funciones serán en Santiago, Valparaíso, Concepción y Temuco, las fechas estarán prontamente publicadas en el sitio web oficial de Claudia (www.claudiarodriguez.cl) con valor, hora y todos los detalles para ser parte del imperdible trabajo de Claudia Rodríguez.

Sobre Claudia Rodríguez

Claudia Rodríguez nace en el hospital Barros Luco, por esos años en la periferia, en el sector de un Santiago insalubre, sin socorro, lleno de guachos envejecidos y pobreza vagabunda, por 1968, al sudoeste de un Santiago legado por latifundios y chacras coloniales. Fue bautizado como Claudio H Rodríguez Silva, el quinto hijo varón, de padre y madre venidos del sur, de un baldío llamado Lanco, caídos de las tierras de Valdivia, por miedo a morir tragados por el hambre de los terremotos. Su padre para llegar a trabajar de obrero y su madre de dueña de casa. En uno de los campamentos de la comuna de San Miguel, Claudia crece jugando con su hermana menor y una turba de críos callejeros que buscan árboles y frutas para comer. Durante toda su infancia rehúye jugar al fútbol como si fuera una cobardía y de noche tiene dificultades para controlar la orina. Por esos años, por primera vez, un médico del consultorio emplaza a su madre a que no lo mal críe y que lo trate como a un hombre. Al entrar al colegio en 1973 presenta dificultades de comprensión en lectoescritura y se le obliga a tragar comprimidos para atacar las lombrices, diversidad de pestes y desnutrición.