La semana pasada realicé un taller educativo trans en una escuela que ha llevado a cabo exitosos programas de convivencia, pero también escuché un testimonio muy duro acerca de la falta de reconocimiento por parte de padres religiosos hacia su hijo trans. Por eso, me gustaría compartir dos hechos, para los familiares católicos y evangélicos de personas trans, que pudiesen pensar que sus creencias deben ser sinónimo de rechazo.

1.- El Papa Francisco declaraba hace algún tiempo, que las personas transgénero “NO RECONOCEN EL ORDEN DE LA CREACIÓN”, entre otras frases gráficas en su ignorancia (Ezzati no es el primero). Mientras esto sucedía, un padre trans católico que participaba en Transitar nos ofreció su parroquia de la comuna de Independencia, para que dos personas trans que profesaban esa religión lograran bautizarse con un sacerdote, bajo su nombre social, según era su deseo. Para mí, como dirigente social, se trató de una contundente lección contra todo el oro (y odio) del Vaticano (de la cual, por supuesto, allá no tienen noticia).

2.-  Conozco abuelas evangélicas pentecostales que han sabido recibir a su nieto o nieta trans. Me han relatado sus experiencias, y no tienen una respuesta teórica o dogmática al respecto. Dicen que han acogido a sus nietxs por amor. Amor de verdad, no amor con condiciones.

Porque la religión no debiera ser más una condición para amar ni una excusa para violentar. Pienso en la cantidad de odio que a veces se predica en nombre de las iglesias católica y evangélica, y en la responsabilidad que cabe a sus dirigentes. Por ejemplo, aquel invento absurdo de la “ideología de género”, y todo lo que ha repercutido en aquellxs niñxs y jóvenes trans que son violentadxs y agredidxs, por motivos religiosos, dentro y fuera de casa.

“El amigo de uno es Dios”, dice Milenka, mujer trans de 57 años que vive en la calle. “Yo creo en Dios, claro que sí. No el de los santos que están pegados en las murallas”.


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