Es importante trabajar por romper esa férrea pared que existe entre los científicxs y la ciudadanía. Es necesario cambiar la idea que la ciencia es un mundo de sujetos alienados interesados en situaciones ultracomplejas que, en definitiva, sólo importan a un núcleo de personas que se comunican entre ellxs y donde quienes no poseen los conocimientos para dialogar, no son considerados como interlocutores válidos. Pero tengo que reconocer que mucho también hay de eso. La ciencia que me interesa divulgar es una donde sea la búsqueda de respuestas contextuales las que apasionen a las mentes inquietas y curiosas por cambiar el mundo y la manera de interpretarlo. Tengo la convicción que acercando la investigación científica a un amplio espectro de una ciudadanía cada día más empoderada con el acceso a la información y educación es que podremos evidenciar las fallas que existen en los procederes científicos y en la valoración que ésta tiene para el país. Porque la igualdad entre nosotrxs no es el fin, la igualdad es el punto de partida.

El año pasado como parte de mis investigaciones trabajé en la Facultad de Odontología de la Universidad de Chile en el laboratorio de biología celular dirigido por el Dr. Vicente Torres, que estudia la saliva como un fluido regenerador de las heridas bucales. Es interesante pensar que, en la boca, a pesar de ser un sitio húmedo y caliente, condiciones adversas para la reparación de heridas, ocurre una rápida cicatrización de los tejidos luego de un daño como una extracción de muelas o una quemadura. Durante los meses que duró la investigación pensé en lo paradójico que fue para mí trabajar en una Facultad de Odontología puesto que nunca he usado frenillos, no sufrí los brackett de la adolescencia, crecí con la mordida algo desencajada y tengo la sonrisa chueca. De niño pasaba horas revolcando mi lengua dentro de la boca lo que causó un leve desplazamiento en mi mandíbula e hizo que mi lengua creciera más de lo normal. Poseo una lengua abrasiva, me dijo la dentista, una lengua muy grande que siempre me empuja los dientes hacia afuera, enchuecando mi sonrisa.

Lo que la investigación quería determinar es la vía molecular que explica la cicatrización de heridas a través de un péptido, es decir, el fragmento de una proteína que está contenida en la saliva de todxs y que al parecer es el responsable de la regeneración rápida que ocurre en la boca. El péptido se llama Histatina-1 y tiene función antimicrobiana, lo que significa que elimina patógenos de la boca, pero mucho mas no se sabe. Realizamos un estudio con el péptido sintetizado tratando de comprender si su presencia aumenta la migración de células y reparación de tejidos, todo esto desde ensayos de biología celular, pasando por muestras de saliva de pacientes, hasta experimentos de formación de vasos sanguíneos in vitro.  Se demostró que Histatina-1 aumenta la velocidad de migración de células de la boca, que su presencia aumenta la formación de vasos sanguíneos, que este efecto lo realiza mediante una señalización de moléculas particulares (la vía Rab5/Rac1) que se activan y que si se extrae saliva a personas y se les enriquece con este péptido sus heridas cicatrizan más rápido. Sería muy bueno poder integrar este péptido a cremas y enjuagues bucales con el objetivo de promover una mejor reparación oral.

(Ensayo con células que forman vasos sanguíneos, a la izquierda las células sin el tratamiento, a la derecha células a las que se les aplicó la histatina y forman redes)

El trabajo se publicó el año 2017, mereció comentario editorial y bastante atención de la comunidad científica a través de algunos textos publicados en prensa. Pero siempre lo más interesante de una investigación serán las lecturas que, más allá de la especialización, podemos hacerle al conocimiento. La saliva como fluido, nos permite entender una vía molecular y un comportamiento social porque significa deseo y también repulsión. Recuerdo que en mi infancia una vez un compañero que tenía una obsesión con mi afeminamiento me escupió por la espalda cuando yo subía al bus que me llevaba de vuelta a casa. Nunca olvidé este hecho, no por trauma o por victimizar una violencia homofóbica que siempre nos recorre, sino que por esa saliva que me arrojó. En vez de darme un combo, prefirió escupirme porque mi afeminamiento lo desestabilizaba, lo volvía loco. La saliva es erótica y repulsiva al mismo tiempo. El ataúd del genocida Pinochet fue escupido. Michelle Bachelet, durante su último gobierno, también fue escupida y ella dijo que se estaba escupiendo a la democracia. La saliva se utiliza frecuentemente para la lubricación en el sexo también.  La saliva es un fluido interesante y contradictorio. Por ejemplo, cuando los animales tienen heridas o cuando nosotros nos rompemos algo es bien común lamernos. Y esto es positivo ya que este péptido de la saliva que hemos estado estudiando, la histatina-1, permite el cierre de las heridas de manera mucho más rápido.

Jean Genet, el brillante escritor que siempre estuvo contra cualquier tradición moralista, para quien la abyección era una forma de superar la humillación, utilizaba representaciones en las que la saliva era el medio que evidenciaba, a manera de rito, una purificación de aquello considerado como desviado. En la última parte de su libro “El Milagro de la Rosa” (1946) hay un grupo de niños que para atormentar a un compañero toman turno para escupirle en la boca como símbolo de humillación. En la pornografía, por ejemplo, también hay mucha saliva. He visto escenas como las de Genet pero en su anverso excitatorio. Así la saliva desde lo molecular, hasta lo social, pasando por el deseo y la abyección es un fluido que lleva cautivando a científicos, escritores y pornógrafos desde hace muchos años, cada uno desde diferentes lugares de investigación y creación.

Siempre pienso en la potencialidad de entrecruzar los conocimientos y sus procesos, en cuánto aportarían a lo que estamos estudiando. Al menos por ahora sabemos que Histatina-1 aumenta los procesos de cicatrización en la boca.

Los perros se transmiten la rabia por la saliva que expulsan al lengüetearse como un modo de propagación.  Esta imagen me permite imaginar que para fisurar las fronteras de la ciencia y abrirlas a la sociedad, podríamos comenzar por dar lengüetazos a sus murallas o sacar la lengua a sus investigaciones para ver cuánto de ese conocimiento podría permear así a la comunidad completa, una comunidad ensalivada entre la erótica y la repulsión.


Biólogo, Doctor en Bioquímica. Colectivo Universitario de Disidencia Sexual (CUDS)