Cuando el alcalde de La Reina, José Manuel Palacios, se manifiesta en favor de que los y las vecinas de su comuna se instruyan en el manejo de armas, entonces la sociedad en su sentido constitutivo se haya desvirtuada. La violencia como forma de contrarrestar la delincuencia es empíricamente un error. Pero lo peligroso de esto no es solo que el edil yerre en el fondo de su propuesta, lo complicado es el trasfondo oculto de esta medida.

La moción que propone el señor Palacios solo viene a profundizar la violencia, viene a desenmascarar un anhelo que es trasversal a las derechas duras en el mundo, viene a jugar con  quienes sufrieron actos delictuales y ante la impotencia de perder lo alguna vez conseguido y  la desazón que provoca nos embaucan y nos hacen creer que estaremos más seguros y seguras con un elemento que fue diseñado para matarnos.

El poder de las municipalidades es grande, son instituciones con mucho dinero y con mucha gente trabajando, tienen la capacidad de cambiar la realidad material de las personas. Y son muy decidoras de la visión de futuro de quien es el gobernante local, mientras Palacios, en La Reina, se la juega por conseguir descuentos y becas para el aprendizaje de cómo utilizar armas de fuego, otras Municipalidades se la juegan por viviendas sociales y farmacias populares, todo depende de la voluntad política de quien está de turno en el poder.

Ante este panorama, las políticas del gobierno actual y la derechización del discurso en general, es necesario pensar y repensar lo que serán las próximas elecciones municipales. La consecución de municipios claves para la derecha a un año de la elección presidencial sería la tumba de un próximo gobierno progresista y de izquierda. La planificación estratégica y las alianzas son pieza fundamental en el conseguimiento de un tejido social robusto y capaz de hacerle frente a los avances sistemáticos del neoliberalismo.

No se trata del todos contra la derecha como se instaló con la candidatura de Alejandro Guillier, es la conformación de una izquierda amplia, capaz de subsanar sus diferencias y potenciadora de las múltiples semejanzas que poseen. Necesitamos una izquierda con vocación de mayoría, alegre, convocante y con contenido. Necesitamos alejarnos de la retórica del ultra izquierdismo que hace rato perdió y que no se da cuenta que con eso sobre todo perdió el pueblo. Es imperante hacer política para la gente, es obligatorio trabajar por un país más justo, por un Chile más digno.


Revolución Democrática UAI