Scarlette tiene tan sólo 23 años y junto a su polola fueron agredidas hace 3 días por ser lesbianas. Un hombre intentó coquetear con una de ellas, le comentaron que eran lesbianas, él se molestó y las atacó con un gollete. Finalmente fueron a carabineros y uno de los funcionarios las discriminó por su orientación sexual.

Felipe, de 19 años, fue asesinado ayer por ser gay, su agresor ya lo había amenazado con insultos homofóbicos hasta qué finalmente lo atacó en un paradero cerca de su casa. Su familia que lo apoyaba lo despidió en un carro fúnebre con su nombre y el de su pareja dibujado con flores.

Esta es la realidad que actualmente estamos viviendo en Chile, detrás de todo el imaginario de progreso y avance en los Derechos Humanos, aún hay personas que creen que no merecemos existir.

Por otra parte, como autocrítica, pareciera ser que desde la comunidad LGBTIQ -lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersex y queer- estamos más preocupados de lo efímero, de las selfies, las compras y la fiesta, que de defender nuestros derechos. De a poco hemos ido normalizando las constantes discriminaciones y agresiones que vivimos día a día, un grito más, un golpe más, una muerte más. Y mientras creemos que las cosas van mejor y las nuevas generaciones se atreven a visibilizarse, una oleada de agresiones afecta a quienes son más vulnerables. En este caso, jóvenes casi menores de edad de la periferia de Santiago, que se atrevieron a desafiar la heteronorma.

Así también, a pesar de que valoro enormemente el trabajo que han hecho las organizaciones de la diversidad sexual, y del apoyo legal y comunicacional que entregan, creo que se han quedo cortas en sus acciones ante casos como estos.

Las autoridades por su parte brillan por su indiferencia. Todas estas agresiones ocurrieron en Puente Alto. Me pregunto ¿Qué acciones tomará el municipio?, ¿Cuándo seguirán el ejemplo de otras comunas y abrirán una oficina de diversidad?, ¿Qué opina el Alcalde, la intendenta, los Ministros y el Presidente sobre esto?

¿Tendrá que repetirse un caso como el de Daniel Zamudio, con alguien agonizando por semanas con un esvástica grabada en su estómago para que reaccionemos?

Espero que las organizaciones se unan y llamen a manifestarnos en las calles ante esta oleada de crímenes de odio contra la diversidad sexual.

Saquemos la voz y no quedemos indiferentes ante estos ataques.