Cada sábado Manuel Méndez, 70 años, va al estadio. No va a ver fútbol ni algún concierto. Con sus compañeros de la corporación Estadio Nacional, memoria nacional ofrecen visitas guiadas al lugar donde tantos como él, estuvieron presos en los primeros meses de la dictadura.

© Marcelo Escobar

“Los viejos locos venimos aquí todos los sábados”, relata al grupo. Manuel ha salido en varios periódicos internacionales relatando cómo celebró su cumpleaños número 25 rodeado de sus compañeros en el camarín 3, con una hallula por torta. Desde entonces no quiso celebrar más, pero como tiene hijos y nietos hace algún tiempo ha vuelto a soplar velas.

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“Cuando me están cantando, junto con ver los rostros de mi familia, vuelvo a ver a mis compañeros y oigo sus voces, de algunos ni siquiera supe el nombre, a cada uno le tocó una miga de hallulla —dice—, fue la torta más rica que me he comido en mi vida”. Algunos de quienes oímos en las graderías de la pista atlética nos secamos las lágrimas, pero sonreímos. Pienso en mi abuelo, Raúl Montesinos, que no quiso volver a pisar el estadio. ¿Habrá estado entre quienes le cantaron?, ¿habría vuelto a venir de encontrarse con personas como Manuel?

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Con su infaltable cigarro, don Manuel concluye una de las tantas visitas que ha guiado en lo que ha sido llamado el “tour” de la memoria. Le agradecemos, una señora le dice que sus palabras la han aliviado. Nos cuenta que empezó a venir el 2002 y que contar y volver a contar su historia lo sana.

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Al terminar se reúne con sus compañeros de la corporación, Wally Kunstmann y Patricio Sandoval. Cuando llegó al estadio se sentía extraño, no conocía a nadie, hoy son como una familia. Juntos han movido montañas y han logrado que la memoria siga viva.


Marcelo Escobar, ilustraciones, y Elisa Montesinos, textos