Cuando pienso el 11 de septiembre, lo pienso como dolor físico, como herida nacional que permanece para siempre en mi mente.

Moriré lo sé pensando en ese día y en todo lo que significó sentir, saber que este país perdió su carácter histórico de nación democrática para llegar a ser un anexo de la derecha chilena, dura como las piedras y como las rocas de la Playa y la Cordillera chilena.

Pocas derechas más totalitarias y sangrientas como la chilena.

Más de 40.000 víctimas, los muertos según Informe Valech serían más de 3.065.

Pero yo creo que mató mucho más. Castró, mutiló, finiquitó una utopía y su lucha memorable, e inscribió a este país en un escenario brutal, homicida y paradójicamente centro comercial de exportaciones. Un Miami pobre, racista encerrado en los resquicios de La Dehesa.

En este día, vale la pena recordar a Salvador Allende y con él honrar los nombres de l@s ejecutad@s políticos, l@s desaparecid@s,los degollados y todos los que  cayeron con el advenimiento del fatídico régimen.

Honor y gloria para es@s olvidad@s.


Escritora, poeta y crítica literaria. Profesora de Literatura y Estética en la Universidad de Chile