A raíz del llamado “acuerdo nacional de salud” planteado por el Gobierno, que entre otras medidas convierte a FONASA en una isapre “pública”, se han generado respuestas de rechazo desde las organizaciones sindicales y sociales de la Salud, debido a que, en lo fundamental, continúa con el empobrecimiento de la salud  pública y consagra a la salud como bien privado.

Esto se da en un contexto en donde la precarización de la salud pública contrasta con la tasa de ganancias de Isapres y clínicas privadas. Las isapres, por ejemplo, tuvieron el año 2017 un alza del 40,6% (respecto del 2016), de ganancias, con utilidades de hasta $ 70.577 millones.

Es en ese marco, y esta es la pregunta que motiva este artículo, si existe un malestar ampliamente compartido,  insatisfacción respecto al acceso y la calidad,  graves desigualdades entre la salud pública y la privada. ¿Por qué, con todo, no estalla una movilización importante en salud? ¿Por qué ese malestar no se convierte aún en fuerza social organizada que proponga una nueva salud?

Lo que aquí propongo es que aún no estalla, porque no existen dos condiciones fundamentales; por una parte, no se logra constituir un “sujeto” y en segundo lugar no existe un “programa” que al tiempo que resiste los embates que progresivamente privatizan la salud, es capaz de proponer un nuevo modelo sanitario.

Sobre el sujeto social, que creo no es otra cosa que la convergencia de los actores en salud, no está constituido en tanto no existen todavía suficientes niveles de unidad, organicidad, integración ni articulación entre sus actores ni una agenda transversal de demandas que puedan sostener conjuntamente.

De aquí, se concluye que no existe una correlación en términos de precarización del derecho a la salud con los niveles de organización social, es decir los colapsos de urgencia, las largas listas de esperas, la dificultad en el acceso a los medicamentos no dice relación con la escasa organización presente en el sector.

En segundo lugar, respecto al programa, pese a los intentos todavía iniciales por desarrollar y extender reivindicaciones en salud, es un hecho que no existe un marco reivindicativo, ni instalación mediática de demandas centrales ni ejes claros sobre la salud que queremos para Chile.

Me parece que, en términos generales, son estos dos elementos: la falta de constitución de sujeto y la falta de un programa claro, lo que explica que el malestar social sobre la salud no se haya traducido hasta en un proceso de movilización relevante.

Ahora bien, si uno se permite separar analíticamente, ese eventual movimiento social en el plano de sus integrantes, y ahondar en el estado de: trabajadores y trabajadoras (sus gremios, sindicatos); los usuarios, pacientes y organizaciones territoriales y, por último, los estudiantes de las disciplinas de la salud.

A nivel sindical, es posible diferenciar el nivel de atención primaria y hospitalario. En atención primaria existen dos grandes sindicatos: La Confusam y la Cotrasam. Mientras que a nivel hospitalario, hay que ser algo tolerante con las siglas, puesto que la fragmentación y la separación por estamento es una característica principal. Son 9 las organizaciones sindicales, a saber: CONFENATS, CONAFUTECH, FENATS UNITARIA, FENTESS, FENPRUSS, FEDEPRUSS, FENATS NACIONAL, ANCHOSA, FENASENF.

Sin embargo, más allá de esta evidente fragmentación, es destacable los altos niveles de sindicalización que se logran en el sector, tanto a nivel primario como hospitalario. La CONFUSAM, por ejemplo, con un total de 41.720 afiliados (una dotación total de 66 mil) alcanza un nivel de afiliación de aproximadamente 63%, muy por el sobre del 12% promedio de sindicalización en Chile.

Paralelamente, al revisar los procesos de movilización sindical de las últimas décadas, es posible constatar que han sido desplegados, principalmente en el marco de las negociaciones del sector público en términos de salarios y estabilidad laboral.

Como excepciones recientes, sin embargo, podríamos mencionar en el último tiempo las movilizaciones de los sindicatos y usuarios de la salud, que articulado, se han opuesto al modelo de concesiones hospitalarias iniciado por los últimos gobiernos y la actual movilización en torno a menciona reforma de Piñera, que ha suscitado la articulación de todos los actores importantes del sector.

En un plano no estrictamente sindical, pero que sí agrupa a buen grueso de trabajadores; los colegios profesionales, por sus dinámicas e historia, el grueso de sus acciones se encuentra orientadas a asuntos corporativos. Destaca en el último ciclo, no obstante, el rol que ha tenido mediáticamente el colegio médico como oposición a las reformas privatizadoras y el colegio de matronas en el debate público sobre aborto y derechos reproductivos.

Por otra parte, los pacientes o usuarios, pese a ser indudablemente los más afectados por el modelo sanitario,es donde más se nota esta disociación planteada acerca de los niveles de organización con las condiciones en las que viven y sufren la salud. Es un actor, además, que, por su naturaleza definida por la enfermedad, se encuentra disgregado y mellado en sus condiciones materiales de constituirse como actor político.

Aquí cabe mencionar a las agrupaciones de pacientes (por enfermedades específicas) y las asociaciones de consejos consultivos.  Las primeras están orientadas principalmente a la entrega de ayuda mutua entre sus miembros, y de todos modos han incorporado en algunas ocasiones desafíos más allá de sus objetivos originales. La defensa de los derechos de los pacientes en un sentido transversal, lo que se demostró (y esto aloja  una gran potencialidad movilizadora) con las masivas “marcha de los enfermos” que lograron convocar más de 10 mil personas el año 2014.

La Asociación Nacional de Consejos Consultivos, por su lado, son espacios construidos en el marco de metas ministeriales sobre participación, presentes en la mayoría de las regiones del país, y cuyas demandas son tener un rol vinculante y poner fin a las concesiones hospitalarias.

Para finalizar, el sector estudiantil en salud, muy de vez en cuando resultan ser actor en relación a la discusión pública sobre salud. Los estudiantes, en tanto fuerza movilizadora, se han dedicado principalmente a las tareas propias del movimiento estudiantil, sólo con algunas intervenciones específicas en salud. Fundamentalmente han desarrollado dos líneas de trabajo (en el sentido de “construcción de fuerza social y disputa en salud”) por una parte, espacios que intentan sistematizar una visión crítica de la política de salud como el Observatorio de Políticas Públicas en Salud y Escuela Crítica de Salud y por otra, experiencias de inserción territorial, que intentan re-pensar, en la práctica, el ejercicio de las disciplinas de la salud en los territorios.

A la luz de lo expuesto y a modo de conclusión, creo que aún no logra estallar el conflicto en salud, puesto que no existe todavía un sostén de organización mínimo que sea capaz de impulsar un proceso real de movilización nacional.  Aun cuando existen nichos relevantes de organización, destacando en esto los históricos sindicatos del sector, no existen – y aquí volvemos anotar los desafíos que nos tocan- ni niveles de articulación entre sus actores ni un “discurso” unitario ni agenda política común, que nos permitan hablar sinceramente de un movimiento social en salud.

Y sin unidad y articulación, no es posible construir este movimiento. Lo que está lejos de ser un llamado abstracto a la unidad, sino que es fundamentalmente pragmático. En el sector salud no existe ningún actor lo suficientemente constituido y con claridades suficientes para conducir un proceso de movilización importante. Esto, además, se replica para las fuerzas políticas; no hay ninguna fuerza con suficiente inserción y con la capacidad de generar consenso que pueda impulsar este proceso. Sólo articulados es posible ensanchar nuestra capacidad de disputa que haga posible una nueva salud.

No debemos olvidar que nuestro antagonismo es con las isapres y su negocio criminal. El gobierno, que en alianza con las ellas privatiza aún más nuestra salud, contra ellos es necesario un movimiento robusto, que con toda la experiencia acumulada y sus aprendizajes a cuestas, pueda construir un nuevo modelo de salud para nuestra población.


Residente Servicio de Urgencia Hospital El Carmen