Las puertas se abrieron a las 19 horas y la fila alrededor del emblemático estadio Víctor Jara comenzó a desplegarse. El pasaje Arturo Godoy retomó vida en la espera ansiosa de cientos de personas que agotaron las entradas para el show de Bloque Depresivo varias semanas antes del evento, como ya parece costumbre.

A 45 años del golpe militar, mismo tiempo transcurrido desde que el cantautor fue acribillado en el recinto deportivo con 44 disparos, generaciones diversas se reunieron en la primera noche del Festival Arte y Memoria, organizado por la Fundación Víctor Jara. Este viernes 28 de septiembre el inmortal artista chileno cumpliría 85 años y sus familiares y amigos buscan celebrar al artista llamando a retomar el uso del estadio por su valor histórico y social.

Al interior del recinto, que hace cuatro décadas fue utilizado como centro de tortura y exterminio por los militares, la espera estuvo amortiguada por los clásicos de siempre. “Bella sin alma” de Ricardo Cocciante y otros clásicos fueron cantados por la multitud que se acomodaba en los asientos, mientras algunos pedían un sándwich en la cafetería antes de empezar.

De pronto, la pantalla se encendió para mostrar a Víctor Jara. Entre otras imágenes, se exhibió una entrevista que el cantautor le dio al programa radial “América canta así”, en Lima, Perú. Sus palabras resuenan en el espacio: “Yo soy un trabajador de la música, no soy un artista. El pueblo y el tiempo dirán si yo soy artista. Yo, en este momento, soy un trabajador. Y un trabajador que está ubicado con conciencia muy definida”, consigna, mientras el público aplaude emocionado. No importan los años, cada vez que la figura del director teatral emerge, sus palabras quitan el aliento. Los aplausos a rabiar se vuelven un desahogo.

Cristián Galaz, director ejecutivo de la fundación, sube al escenario para presentar a unos amigos de la casa. Sin más vueltas, dice, nos deja con el Bloque Depresivo y grita: “¡Con Víctor en la memoria!”. Entonces irrumpe la agrupación en escena, con el “Macha” ingresando al final del grupo vestido con un pantalón y chaqueta de estampado atigrado. Entusiasta como siempre, entona “Isla de errores” y se acerca a cantarle al público, que desde el primer minuto corea en sintonía sus canciones. Hay pocas que no se sepan al revés y al derecho.

No son desconocidos. En 2007, luego de que Aldo Asenjo y Tcori Berrú comenzaran a rescatar viejos valsecitos peruanos en las horas libres de la gira de Chico Trujillo por Europa, la magia no se acabó más. Más tarde vinieron los boleros y la pasión que trasciende al tiempo, en canciones de amor y desamor que hacen sufrir a jóvenes y viejos por igual. “Pura pena en mi corazón”, reza uno de los lienzos del público que ha acompañado al Bloque en sus presentaciones. Una pena que se ahoga cantando y que se refugia en el cancionero romántico latinoamericano.

Hoy, el Bloque Depresivo sigue al margen de la gran escena musical, sin tocatas en eventos de mayor masividad -por ordenanza municipal, el estadio Víctor Jara no puede reunir a más de mil personas en un día- ni un disco de estudio aún, pero su público solo crece, de la mano del boca a boca y de Youtube, donde abundan algunas de sus shows en bares y otros rincones del país. Y cada vez se vuelve más difícil conseguir una entrada para ir a escucharlos.

Los clásicos de siempre y un homenaje a Víctor

Con el “Macha” en la voz y guitarra, el prodigioso Joselo en voz, guitarra y teclado, Danilo Donoso y Cristán Duarte en las percusiones, Tocori Berrú en el bajo y el guitarrón nicaragüense y Raúl Céspedes y Mauricio Barrueto en las guitarras, la banda logra una armonía cebollera que deslumbra y destaca el valor de cada uno de sus integrantes.

“Sabes mejor que nadie que me fallaste”, comienzan a entonar y de fondo el público grita a lo mariachi, como si no toleraran escuchar en silencio los versos tan sufridos de la composición que hizo famosa Albert Hammond en 1976. Siguen “Fuera de mi vida” -que el respetable interpreta casi a gritos-, y el especial de José José, con la clásica “Anda y ve” -en la voz impecable de Joselo- y la “Nave del Olvido”. El repertorio del mexicano, cuya vida también fue retratada en una serie disponible Netflix, es uno de los ingredientes imperdibles del Bloque.

Luego viene el turno de “Los Continentales”, una bella composición original de la banda que ya es una de las favoritas del público. Más tarde resuena la melodía de Cabildo y Asenjo aprovecha de enviar un saludo “a la gente de Cabildo y Petorca que lo están pasando mal por el agua” y también a las “paltas, que ahora valen luca”, aludiendo a la crisis hídrica que vive la zona, en donde abundan las plantaciones de paltos que consumen una gran cantidad de agua.

“Vivo en un país libre, cual solamente puede ser libre en esta tierra, en este instante. Y soy feliz, porque soy gigante”, rezan los primeros versos de “Pequeña Serenata Diurna” de Silvio Rodríguez, en una versión adaptada por Bloque, que a ratos termina siendo cantada de manera íntegra por el público, en un momento de alta emoción.

El show avanza y la noche, que tiene luna llena, parece corta. Los clásicos siguen hit tras hit, sin dejar a nadie tomar aire, una tras otra se agolpan las inolvidables “El Gran Tirano” -venida del puerto, como todos los grandes boleros, escrita por el gran Jorge Farías-, y “Regresa”, un vals compuesto por Augusto Polo Campos y que fue inmortalizado por la peruana Lucha Reyes, dos números infaltables en la presentación de Bloque Depresivo.

En medio de la fiesta, los músicos comienzan a susurrar un cántico que luego resuena claramente: “Macri y Piñera, la puta que los parió”, dicen, mientras se activan los instrumentos y el público los sigue sin problemas, coreando el mismo mensaje. Para el final, cuando se aproxima el cumpleaños de Víctor, la banda sorprende con una despedida dedicada al cantautor: “La Partida”, “Charagua” -la canción que el artista compuso especialmente para TVN y fue musicalizada por Inti Illimani- e “Inga” son algunos de los temas que terminan por cerrar una noche que despertó al estadio Víctor Jara y lo convirtió en una fiesta.

Al cerrar, “planta de ají, planta y tomate, ¿’onde estará mi concinerita ay, tomando mate?”. La música de Víctor, trabajada con profuso cariño por el Bloque y sus invitados especiales para la ocasión, retumba en cada espacio del lugar donde le quitaron la vida, como si de un exorcismo inevitable se tratara. La gente baila, ríe y festeja al ritmo de “La Cocinerita”, mientras el estadio, al que intentaron desaparecer del mapa y de la historia, se prepara para una semana completa celebrando al arte y la memoria.

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