María baja los escalones de la entrada de la Corte de Apelaciones el día martes 24 de septiembre, un grupo de abuelas y jóvenes la aplauden y la vitorean, en sus manos llevan carteles: “Tú madre te busca”, “Lucraron con nuestros hijos”, “Busco a mi hermano”, son las frases que rezan en las cartulinas amarillas. Ella se enjuga un par de lágrimas, una escena que casi nadie alcanza a percibir, luego mira al grupo y sonríe. Esas mujeres que la felicitan son víctimas de las adopciones irregulares que ocurrieron durante la Dictadura en nuestro país, casos que se agrupan en la ONG Hijos y madres del silencio.

La emoción de María es de felicidad, ella lleva a cuestas una batalla de quince años para encontrar la verdad sobre su pasado. Viene de reunirse con el ministro de la Corte Suprema Ricardo Blanco, encargado de la coordinación de las causas de Derechos Humanos, quien entre otras cosas, les comentó la posibilidad de tener un ministro en visita para profundizar la investigación que lleva el juez Mario Carroza desde hace un año.

Foto: Felipe Báez Benítez

María corre de un lado a otro, ya tuvo reuniones con otros políticos, porque ella es la vocera de los adoptados por familias suecas y no ha tenido un respiro. Representa a víctimas-que cómo ella- fueron niños arrancados de hogares humildes, en su mayoría de Concepción, Padres las Casas y la ciudad de Lautaro. Son 2.300 recién nacidos que fueron llevados a Suecia, de un total de diez mil (arrojan las últimas cifras) sacados a países como Holanda, Italia, Australia, EE.UU e incluso Perú.

El pelo azabache, su tez morena, la rapidez con la que aprende español, hablan de su origen y de sus ganas de pertenencia.

-Yo leía todo sobre Chile y libros de Isabel Allende, porque quería saber todo de acá- dicen un café de Santiago Centro.

La historia de María se remonta al año 1975 cuando -con tan solo diez semanas- fue llevada a Suecia con tres pequeños más. La versión que le contó su madre luego de que pudiera hablar con ella, fue que apenas nació se la llevaron rápidamente de sus brazos unas personas, que al parecer, estaban coludidas con la patrona de la casa donde ella trabajaba en Lautaro. Su mamá le aseguró que nunca firmó ningún papel pese a la insistencia de una asistente social y su miedo. Si bien María empezó su búsqueda en el 2003, solo dos años después encontró a una hermana menor y recién el 2016 se contactó con el resto de la familia que vivía en Lautaro, otro de sus hermanos vivía en Santiago. Con su mamá solo se ha comunicado telefónicamente, ya que su marido no sabe de esta historia. No ha podido abrazarla, pero María no quiere perjudicarla, así que siempre ha mantenido su nombre en reserva.

– Encontré a mi madre con la ayuda de una periodista que comenzó investigar las adopciones de Chile a Suecia. En ese tiempo el centro sueco dijo que no era verdad y desmintieron todo-, recuerda María.

Foto: Felipe Báez Benítez

Anna María Elgrem es el nombre que suena como la representante de una de las presuntas instituciones responsables sería Adoptionscentrum, una agencia de adopción internacional que se encargaba de escoger a niños con las características solicitadas por los futuros padres. Como ha salido en la prensa, parte de esta red estaría conformada por asistentes sociales como Telma Uribe, entre otras, dedicadas a facilitar la salida de los menores del país. La historia de María se ha estado replicando por más de cuarenta años. Varían las ciudades, el año, pero el modus operandi siempre es el mismo: la víctima es una mujer vulnerable; le decían que su hijo había nacido muerto o que tenía que tomarse un examen. Incluso las aconsejaban sobre que una guardería ideal para que la madre pudiera trabajar tranquila, luego se los llevaban sin que ellas se enteraran.

Dentro de las trabas que María encontraba en su búsqueda, estaba la información imprecisa en cada uno de sus documentos: Una letra de menos en el apellido de su mamá o una dirección en Rancagua y otra en Santiago. Para ella había cierta intencionalidad en todo esto. Por eso cuando María escuchó la verdad sobre su historia, sintió el alivio de un peso que cargó durante años. Luego descubrió la verdad sobre su hermano, quien también es chileno y adoptado: A la madre biológica le dijeron que su hijo había muerto.

Pese a que vivió en una casa feliz en Estocolmo, ella siempre se preguntaba por qué la habían dado en adopción y cuando se enteró de que tenía más hermanos, se volvió a preguntar por qué la habían entregado solo a ella. Dice que son las interrogantes y dudas con las que viven la mayoría de los adoptados. Otras consecuencias son el racismo y la constante melancolía de las distancia. Hoy María es profesora, está casada con un ingeniero danés y ha vivido entre Estados Unidos y Australia por la profesión de su esposo. Tiene tres hijos de 14, 13 y nueve años, pero una parte de ella siempre estuvo incompleta.

-Acá hay muchas personas adoptadas con profundos problemas emocionales e intentos de suicidio-comenta mientras sorbe un té.

Foto: Felipe Báez Benítez

Hogar La Aurora

La residencia Aurora de Lautaro, era un hogar ubicado en la calle Galvarino, un incendio en el 2015 destruyó la mayor parte de la información y lo último que se registró es que 2007 las niñas llegaban hasta allí por vulneraciones vividas en sus hogares. “La Aurora” fue fundado en 1965 por Everto Larsson, un misionero sueco, perteneciente a la iglesia evangélica llamada Corporación Asamblea De Dios Autónoma De Lautaro. La casona, que en algún momento contó con grandes jardines y piscina, queda justo detrás del templo de la iglesia lautarina. Hoy el lugar fue convertido en una comisaría. Entre el 65′ y el 90′ se desconoce realmente cómo llegaban las niñas y niños al hogar. Las madres dicen que muchas veces sus patronas les ofrecían el lugar de una guardería temporal y luego nunca más volvían a ver a sus hijos. María sabe que llegó hasta ahí recién nacida por la información que le entregó Adoptioncentrum. Hace una semana visitó el lugar para seguir buscando retazos de su historia, pero no pudo obtener más información. Dice que hasta el momento, dentro de la agrupación de adoptados en Suecia ya se cuentan quince casos que pasaron por esa residencia, pero podrían ser más.

-Fui a esa casa pero no obtuve respuesta de si yo había pasado por allá o no, a mí del centro me dijeron que sí, ahora supe que mi hermana mayor también fue robada de nuestra mamá, pero nuestro abuelo alcanzó a rescatarla de ese hogar-, explica.

María pasó las fiestas patrias juntos a sus hermanos, en medio del ajetreo de las distintas reuniones con políticos y jueces. Comenta que su objetivo es que se profundice la investigación y lo queda ahora es ir armando el puzle de la red que permitió la gran cantidad de adopciones. En ese cruce de información con las autoridades, pudieron hablar sobre nombres de jueces exprés y asistentes sociales, pero aún falta llegar a más autoridades de ese tiempo.

Se va feliz con el recuerdo de un 18 viajado por Doñihue y Lautaro, celebrando a parte de la familia que queda y visitando en el cementerio a una de sus hermanas que falleció el 2007. Siente que sus raíces están ahí y por eso dice que su búsqueda no va a cesar, por ella y los otras víctimas.

/ Foto: Felipe Báez Benítez