Gabriela Alcaíno fue asesinada en su casa en Maipú junto a su madre, Carolina Donoso, por parte de su ex pareja. La brutalidad de su caso no solo dio cuenta de los vacíos del sistema para proteger a mujeres que han denunciado previamente a sus agresores, sino también para conocer las limitantes de la figura penal del femicidio.

Según la actual legislación, el crimen de Gabriela no puede considerarse un femicidio, al no estar conviviendo con su ex pareja.

Es por eso que el proyecto de ley que amplia la figura del femicidio tomó su nombre. Y la iniciativa acaba de dar un importante paso en la recientemente creada Comisión de Mujeres y Equidad de Género de la Cámara de Diputados, al ser aprobada en general.

“Nos hemos impuesto la tarea de que debemos ir más rápido. Muchas veces las mayores falencias están en cómo probar el delito, en cómo hacer que los órganos asesores (Carabineros, Policía de Investigaciones y Ministerio Pública) sean más eficaces. Tenemos una gran lucha que dar”, afirmó la diputada Loreto Carvajal (PPD), presidenta de la instancia.

La votación fue en presencia de Fabián Alcaíno, padre de Gabriela, la persona que la encontró muerta en su casa. La diputada Ximena Ossandón (RN), destacó a Fabián por su fuerza y valentía para seguir dando la batalla.

“Lamentablemente, hay testigos que callan. Yo nunca supe lo que mi hija estaba viviendo en esa relación y solo después de su muerte me vine a enterar de muchas cosas que presagiaban este triste final”, dijo Alcaíno, manifestando la necesidad de educar a niños y jóvenes sobre la violencia de género.

El proyecto busca modificar el Código Penal para incluir dentro de la figura del femicidio el asesinato de mujeres “con motivos de odio, menosprecio o abuso por causa de género”. Dentro de las agravantes que se consideran está la violencia sexual previa, que el victimario mantenga o haya tenido una relación de pareja con la víctima o que el delito haya sido cometido con alevosía o ensañamiento.

La iniciativa también considera la figura de incitación al suicidio en el marco de desiguales relaciones de poder basadas en el género, como fue el caso de Antonia Garros.