Del Festival de Cine de San Sebastián, en España, al Festival Internacional de Cine de Valdivia. La cineasta chilena Pepa San Martín ha pasado las últimas semanas de una tribuna a la otra para dar visibilidad y producir su próxima película: “La felicidad”, una historia de dos amigas que comparten el paso de la adultez a la vejez.

La película será el segundo film de San Martín, después de “Rara”, su primer largometraje de ficción, inspirado en la historia de la jueza chilena Karen Atala, quien le ganó la batalla al Estado chileno en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) luego de que le retiraran la custodia de sus hijas por su orientación sexual. Terminar “Rara” le llevó cinco años y parece que “La felicidad” va por el mismo camino.

Con 15 años de trayectoria en el mundo del cine, la directora, que combina su pasión por el cine con la docencia universitaria, expone las dificultades de hacer películas en Chile: “No conozco un cineasta chileno que viva sólo de esto. Quizás [Sebastián] Lelio, ahora con el Oscar, pero casi todos, aunque tengan tres o cuatro películas, necesitan otra carrera”, asegura. En su rutina diaria, el cine se agenda a partir de las 7 de la tarde, cuando llega a la casa y puede dedicarse a escribir su proyecto. Pese a que “el oficio” le “fascina” -dice-, reconoce que es un mundo que provoca mucha frustración. “Uno necesita competir mucho para conseguir las cosas (por un fondo, en un festival…). Cuando no quedas, tienes que esperar una nueva oportunidad, entonces mantener la idea viva por tanto tiempo es lo más difícil”, confiesa.

En conversación con El Desconcierto desde la capital de Los Ríos, en el marco del FICValdivia, Pepa San Martín habla del feminismo en el cine chileno y de cómo éste se reflejará en su próxima película, de las consecuencias del #MeeToo chileno y los cambios políticos y sociales que se perciben en el país y en la región. “Como profe de las nuevas generaciones de mujeres, soy testigo del cambio que se viene”, avisa sin disimular su  satisfacción.

– Cuando el pasado mes de marzo la película “Una Mujer Fantástica” de Sebastián Lelio ganó el Oscar se abrió un debate en torno a las posibilidades del cine como  acelerador de procesos políticos. Eso porque Sebastián Piñera anunció que daría prioridad al proyecto de Identidad de género, que llevaba cuatro años en el Congreso. ¿Es, para usted, un acelerador o todo forma parte del oportunismo político, como también se habló en aquel momento?

– Puede producir las dos cosas y en esto tenemos que tener cuidado. Creo que el cine sí es una herramienta para provocar cambios sociales y que está pasando por un momento libertario en cuanto a las comunicaciones. Mientras la prensa en general está pasando por un momento en el que no sabemos a quién creer -leemos los diarios, vemos los noticieros y están todos manipulados-, el cine, en cambio, está quedando en un espacio en libertad para hablar de temas importantes. También creo que el cine se ha vuelto más callejero y hemos tomado temas que se hablan en la calle, en los bares, y que nos preocupan. La sociedad va mucho más rápido que nuestros políticos y la discriminación es mucho más fuerte en el Congreso que lo que se refleja en la calle.

– Últimamente se etiqueta mucho a la lucha feminista y LGBTIQ como “moda” en el cine, en la televisión o en la prensa. ¿Qué opina?

– Si se pone de moda el feminismo, me parece la raja. Yo estoy súper a la moda. Cualquier instancia que nos ayude a instalar un tema y a avanzar socialmente en eso, me parece válido. Pero no lo veo tan así. En el cine latinoamericano uno se demora alrededor de cuatro o cinco años en hacer una película. Entonces, o las películas van a salir muy pasadas de moda… o es muy difícil pensar ‘voy a hacer eso porque está de moda’.  Me parece que es un reflejo de lo que nos interesa como sociedad. En mi película “Rara” me inspiré en un caso que pasó hace mucho tiempo atrás y a pesar de todo era un caso que no se había visto de otra forma. Con “Una Mujer Fantástica”, lo mismo. Son casos que no son modas, sino algo que queremos hablar y definir como sociedad. Hay hitos que se logran hablar a través del cine: lo que pasó con la Iglesia Católica está reflejado en películas chilenas, lo que pasó con Zamudio, la discriminación…

– En el conversatorio del miércoles 10 de octubre sobre “Cine chileno y sociedad”, habló de las deudas pendientes del cine chileno con las mujeres. Mencionaste aspectos como la falta de papeles protagónicos y de historias de mujeres. ¿A qué tipo de historias te referías? ¿Cómo saldar esas deudas?

– ¿Cuántas películas chilenas son protagonizadas por mujeres, con historias que sean propias de ellas y no en relación a un hombre? ¿Cuántas palabras dicen las mujeres en las películas? ¿Cuántas aparecen como acompañantes de la historia, sin ser el motor principal? Lo otro es cómo se configura la mujer. En “Rara”, con Mariana Loyola mucha gente me dijo: ‘Oye, pero vas a mostrar a una mujer super equívoca, histérica, que grita en la mañana, en el desayuno’. Pues sí. Mi mamá era así, las mamás de mis amigos eran así. Las mujeres nos podemos salir de madre, no somos esta figurita perfecta que siempre anda impecable, que siempre tiene la palabra precisa. Nos han dibujado hacia esa línea, pero a mí lo errático dentro de lo femenino me parece interesante. Esa es la deuda: crear historias de mujeres, con perspectivas de mujeres y con la visión de mujer, de lo que queremos hablar nosotras.

– ¿Pasa por desestigmatizar también a la mujer: mostrarla, por ejemplo, gritando, orinando o incluso menstruando?

– Exacto. Por ejemplo: vengo llegando de San Sebastián [España], y me tocó una reunión con un productor que apenas se sienta me pregunta, respecto a mi próxima película: ‘¿Por qué crees tu que la gente va a querer ver una película de mujeres mayores desnudas?’ Yo encontré super violento lo que me dijo y le dije que la gente como él no entiende en lo que estamos. No quiero trabajar con gente como esta porque yo sí encuentro muy interesante ver eso. Yo soy parte del otro lado y estábamos perdiendo el tiempo en esta reunión. Yo quiero desmitificar esa forma de hacernos mujer.

“Mujerista”

– En este mismo conversatorio, la cineasta Camila Donoso dijo que ella se considera feminista pero no “mujerista”. Usted recogió su guante y se reivindicó feminista y también “mujerista”. ¿A qué se refería?

– Mi generación es más antigua que la de la Camila, soy mayor. Fui asistente de dirección mucho tiempo donde éramos tres mujeres y 80 hombres, y creo que la sororidad empieza con eso: dar la mano a las compañeras. En el mundo laboral siempre van a preferir a un hombre porque las mujeres, en el mundo, somos un cacho: se nos enferman los hijos, podemos quedar embarazadas… Yo creo que entré más fácilmente al medio porque soy lesbiana y pensaron que no iba a tener hijos. Yo creo en esa sororidad y por eso en la medida que yo pueda tirar a los hombres para el lado para dar espacio a mis compañeras, lo voy a hacer. Eso no es parte de mi cine, sino de mi vida, de mi existencia. Mi socia es una mujer, los personajes que yo quiero crear son mujeres y, en definitiva, trato de abrir más espacios de trabajo para las mujeres y trabajar en conjunto con ellas.  Hay muchas directoras que he escuchado que dicen yo soy directora antes que mujer. Yo no: yo soy mujer siempre. Uno de mis roles que tomé en la vida es ser directora, pero antes soy mujer.

– Sobre el #MeeToo chileno que estalló con las denuncias en contra de los productores y directores Nicolás Lopez y Herval Abreu, ¿cree que habrá un antes y un después de estos casos en el cine chileno?

– Yo creo que eso es súper bueno para la industria. No por ser mala con ellos, sino como reacción. Estamos pasando por un proceso de desentender y desnormalizar algunas conductas. Gracias a este terremoto en la industria ahora se están configurando protocolos, uno sabe lo que se puede hacer y lo que no, los hombres también tienen claro lo que se puede hacer y lo que no. Lo más importante es que ya no son normales ciertas situaciones que antes eran súper comunes: que un director hiciera esto [toca la pierna], que te paguen menos, ciertas palabras que te dicen por ser mujer…

– ¿Y que esto haya partido por el cine?

– Es que ellos son personajes públicos, que aparecen en la televisión, pero no me cabe la menor duda que esto está pasando también en el mundo empresarial, político…. López y Abreu son ejemplos de dos generaciones que están en este limbo y no saben cómo caer. Pero, para mí, que caigan todos los que tengan que caer para que el mundo sea mejor.

– Sobre el despertar feminista chileno y latinoamericano, con las tomas feministas en Chile, la defensa del aborto legal en Argentina, Brasil y también aquí… ¿Cómo lo lee?

– Es un movimiento maravilloso que va tomando fuerza. Las generaciones jóvenes tienen un protagonismo importante y las más viejas somos acompañantes. Me gusta porque el movimiento feminista latinoamericano está siendo mucho más consciente que el resto de los movimientos sociales en relación a todo lo que está pasando en Latinoamérica. Nos estamos sesgando un poco: lo que está pasando en Brasil lo encuentro fuerte, lo mismo lo que pasa en Argentina o en Venezuela. Lo que pasa en Chile, políticamente hablando, también. Creo que el movimiento feminista está siendo parte de esto. Cuando fue la votación del aborto en Argentina estábamos muchas chilenas afuera en la embajada argentina arrancando de los guanacos y apoyando una decisión que pasa en otro país. Eso es maravilloso y esa es la Latinoamérica que a mí me gusta. Creo que la unión femenina latinoamericana está comenzando a gestarse, se nos viene.

“La felicidad”

– Sobre “La felicidad”, su próximo trabajo, ¿por qué se lanza con mujeres adultas mayores?

– Siempre me han interesado las transiciones: de la preadolescencia a la adolescencia, con “Rara”, y ahora quiero insertarme en el cambio de la adultez a la vejez. Los puntos intermedios me parecen muy interesantes porque son muy cortitos en la vida, pero muy definitorios. La vejez es super aceptada si el viejo se comporta como joven. Pero yo quiero retratar la soledad, el miedo, pero también las ganas de hacer cosas, la experiencia, y otra forma de mirar el pasado y el futuro.. También me interesa trabajar el tema de la muerte, no como algo macabra, como nos la han hecho entender, sino como un acto de libertad, de decisión propia, de estar dispuestos a decidir cómo y cuando morir.

– ¿Abrirá el debate de la eutanasia en la película?

– La eutanasia en sí igual es una decisión que toman otros por ti, tu propones algo y otros deciden que sí se puede matar. Lo que quiero poner en tema es la decisión del buen vivir y el buen morir. ¿Donde está esto? La respuesta no la tengo, la tiene cada uno de nosotros. En la película se planteará a través de dos mujeres, Paulina Garcia y Coca Guazzini, una de ellas es una nadadora de 65 años. Veremos la amistad entre dos mujeres en una nueva etapa de la vida, como observan la muerte desde otro lugar, su relación con el cuerpo, el concepto moris que nos recuerda que vamos a morir y que hay que aprovechar más el tiempo.

– ¿Te inspirarás en la película “Thelma & Louis” para eso?

– Sí. En esta peli es muy importante como las mujeres cambiaron su rol. Es importante en el feminismo y me parece interesante. Hay algo de road movie que me gustaría dibujar. Ahora, recién estoy en la fase de desarrollo, escribiendo el guión. Espero grabar la peli en 2020-2021 y poderla estrenar en 2022.