El proyecto de ley del Presupuesto de la Nación 2019 ya está siendo analizado por las 5 subcomisiones mixtas del Congreso. En la tercera semana de noviembre la Cámara de Diputados votará si lo aprueba o no. Entonces se podría rechazar el presupuesto, pero esto, según la constitución, simplemente ‘obligaría’ al presidente a promulgar su proyecto inicial sin ninguna indicación ni modificación surgida durante el debate parlamentario. Por ende, la mayoría opositora tiene pocas posibilidades de incidir en el presupuesto de Piñera 2019.

Sin embargo, sería oportuno denunciar sus falencias, sobre todo para informar al público del debilitamiento de la economía que podría resultar de un presupuesto tan irresponsable. Analizamos los 3 más preocupantes: la falsa austeridad fiscal, el daño a las instituciones pro-crecimiento y los ataques a los programas pro-medioambiente.

1.-El mito de un presupuesto con ‘responsabilidad fiscal’

 El gobierno de Piñera hace gala de su responsabilidad fiscal: dice que cuida mejor la billetera nacional, comparando con una izquierda despilfarradora. Así, el ministro de Hacienda Felipe Larraín habla de “una profundización de la austeridad para mejorar las cuentas fiscales de Chile”, como cualquier familia con deudas, recorta gastos para llegar a fin de mes.

Pero esta imagen de un gobierno precavido y austero no es más que una imagen. Como una familia que deja de comprar comida para las hijas, pero el padre sigue yendo al casino, el gobierno de Piñera reduce gastos que son necesarios y no hace nada para enfrentar las deudas reales que acechan a Chile.

La realidad financiera nacional es que la deuda pública es muy baja y no es necesaria una política de austeridad para hacer frente a ella. Además, la deuda privada es muy alta y si es necesario hacer algo al respecto, pero el gobierno no quiere.

 

Fuente: OCDE

En su artículo ‘Crecimiento en Tiempos de Deuda’ Reinhart y Rogoff dicen que los países que tienen una deuda pública mayor que 90% de su PIB ven su crecimiento bajar drásticamente. Los neoliberales tomaron este argumento para justificar la austeridad fiscal, sobre todo en Europa.

Hubo una enorme controversia sobre los errores económicos (y hasta de Excel) en ese estudio. Hoy en día pocos creen que los países con deudas a niveles mayores que 90% ven efectos tan negativos como se alegaban. Pero incluso estos pocos defensores neoliberales más fundamentalistas reconocen que para deudas menores que 60% del PIB, no hay evidencia de ningún efecto negativo. Chile tiene la deuda pública 29,65% (2017 – OCDE). Así, el enfoque de hacer recortes al gasto social en Chile es innecesario y, para los que necesitan la protección de los programas sociales, dañino.

Sin embargo, hay otro problema de deuda que puede perjudicar el crecimiento chileno. Según los mismos economistas derechistas Reinhart y Rogoff, la deuda externa (la suma de la deuda externa pública y privada) baja el crecimiento 2% incrementalmente cuando llega a ser más de 60% del PIB. La deuda externa un problema particularmente complejo para economías en vías de desarrollo (que se endeudan en moneda extranjera). Chile sí está en esta situación teniendo una deuda externa de 61,8%, que además es muy mayoritariamente deuda privada (86,6%).

 

Fuente: Banco Central de Chile

En los noventa, Chile tuvo políticas para protegerse del endeudamiento externo excesivo del sector privado (a través de requisitos de divulgación estrictos para el sector bancario y la regulación prudencial de la cuenta de capitales con la política del encaje). Pero en la década de los 2000 se relajaron o se eliminaron gran parte de estas protecciones.

Aunque la Posición de Inversión Internacional Neta de Chile no es tan preocupante (hay activos en el extranjero que compensan parcialmente sus pasivos) ser más responsable con el endeudamiento chileno implica tener un Estado más intervencionista en estos temas. Otros países ya lo hacen. El Banco Central de la India hace tiempo ha limitado el tipo y nivel de deuda externa de las empresas privadas. En China, desde 2013, la Oficina Estatal de Administración de Divisas (SAFE por sus siglas en inglés) endureció los controles del endeudamiento externos de las empresas también. En Hungría, desde 2015, el Banco Central puso un techo sobre el endeudamiento externo de hogares.

En vez de aprender de las mejores prácticas en otras partes, el gobierno propone un presupuesto que reduce el espacio para políticas públicas como controles directos prudenciales. Parece más bien un proyecto ideológico que cumple con el deseo del gobierno de reducir el tamaño del Estado, incluso si esto le hace mal a la economía y a la sociedad.   

2.- El mito de un presupuesto ‘pro-crecimiento’

Se ha argumentado que más allá del nivel de la deuda, este presupuesto es pro-crecimiento porque reducir fuertemente el gasto público siempre puede dinamizar la economía (cambia las expectativas sobre la necesidad de nuevos impuestos y así aumenta el gasto privado). Este tipo de ‘austeridad expansionista’ fue lo que supuestamente generó el alto crecimiento de Dinamarca e Irlanda en los 80, posterior a sus consolidaciones fiscales.

Pero Dinamarca e Irlanda tuvieron una expansión importante de su comercio internacional, producto de un ambiente económico mundial muy favorable que ocurrió al mismo tiempo que la implementación de sus programas de austeridad. Chile no cuenta con esas condiciones, sino más bien un contexto de mucha incertidumbre producto de la guerra comercial entre China y EEUU. Entonces Chile tiene poca probabilidad de gatillar alto crecimiento a través de un boom de comercio internacional, y de hecho este presupuesto no incluye ningún proyecto serio para aumentar la participación chilena en el comercio internacional.

De hecho, este presupuesto es anti-crecimiento porque recorta los programas de innovación. Esto es lo contrario de lo que Chile debe hacer porque el apoyo estatal a la inversión es la herramienta más importante que tiene el gobierno para aumentar la productividad y así hacer crecer el comercio internacional (y el PIB). Es conocido que Chile gasta muy poco en Investigación y Desarrollo:

 

Fuente: OCDE

Empeorando este bajísimo gasto en I+D, el presupuesto del FIC (Fondo de Innovación para la Competitividad) se recorta en un 21,7% reduciendo el financiamiento a la investigación científica, innovación empresarial y emprendimiento. Además de reducir el FIC, se cierra el FIE (Fondo e Inversión Estratégica) que financiaba la diversificación productiva.

 

Fuente: DIPRES, partida del Ministerio de Economía

 

3.- El mito de un presupuesto verde

En el contexto del desastre medioambiental en Quintero-Puchuncaví Piñera dijo: “Estoy muy consciente del dolor y sufrimiento de los chilenos y chilenas que han sido víctima de la contaminación e intoxicación en la zona”. Carolina Schmidt, la Ministra de Medio Ambiente dijo que “para el Gobierno del presidente Sebastián Piñera, todos los chilenos y chilenas tenemos el derecho de vivir en un ambiente libre de contaminación”.

Sin embargo, este presupuesto es anti-medioambiental y desmiente la idea de que el derecho de vivir sin contaminación sea una prioridad para Piñera. Es sabido que la contaminación producida por la generación de energía (sobre todo por combustibles fósiles) es la causa más importante de conflictos socioambientales en Chile:

Fuente: INDH

El derecho de vivir libre de contaminación no existe en las zonas de sacrificio donde están muchas de las plantas de generación de energía eléctrica. En vez de tratar de rescatar las zonas de sacrificio a través de un cambio de su matriz energética con Energía Renovable no Convencional (ERNC) este presupuesto reduce el apoyo a la ERNC en un 59,3%. En vez de tratar de reducir el consumo de electricidad (reduciendo la necesidad de generación eléctrica contaminante) este presupuesto recorta el financiamiento al Plan de Eficiencia Energética en un 94,7%.

 

Fuente: DIPRES, partida del Ministerio de Energía

Conclusión

En un país estancado, endeudado y contaminado se necesita un Estado que gatilla el crecimiento económico para pagar las deudas, financiar los derechos sociales, y mitigar la polución para así cuidar la economía, la sociedad y el medioambiente. Piñera está haciendo todo lo contrario y la ciudadanía debe ponerse en alerta.


Doctor en Ciencia Política, Magíster en Desarrollo Económico, Universidad de Cambridge