Bolsonaro es una consigna. La constelación que atraviesa su presencia produce efectos. Por un lado las manifestaciones xenófobas, machistas y homofóbicas de todo orden que se potencian y, por otro, los miedos y las preocupaciones de lxs que creen en un nuevo mundo de posibles. Nos remite inevitablemente a lo peor de nuestro pasado común como latinoamericanos: contingente de sal en nuestra herida palpitante que saturó al compás de la ola neoliberal en los últimos decenios.

Respuesta a la consigna Trump (efecto dominó). Resistencia global desde la movilización social (la otra cara de la misma moneda). Ante el primer fracaso del modelo neoliberal, los reformistas se apresuran a perfeccionar su programa: el foco lo pusieron en la inclusión, en políticas del reconocimiento de minorías y de equidad, impulsadas por las orgánicas trasnacionales más prestigiosas  y creíbles, siendo la ONU su vocera principal. ¿Hacia dónde se dirige Latinoamérica en la actualidad? ¿A qué estrategia geopolítica obedece este fenómeno? ¿Qué papel cumple la ciudadanía en la crisis de las instituciones liberales? El escenario se vuelve bastante confuso y una parte importante de los habitantes del Sur parece quedarse en los albores del discurso económico y su supuesta neutralidad, abalando los “aplausos” del presidente Piñera al programa económico de Bolsonaro.

Pero evidentemente esto no se trata (solo) de una disputa económica, aquí hay sensibilidades profundas en juego. La institucionalidad que posibilitó la transición a la democracia a fines del siglo XX parece en todo momento demostrar su impotencia e inoperancia. El grueso de la ciudadanía preocupada del trajín cotidiano no tiene tiempo para reflexionar ni mucho menos para organizarse. Las opiniones superfluas transitan repetitivamente por las redes sociales. Los modos de vida narcisos se conectan positivamente con los discursos mediáticos, tanto así, que se torna una marca de prestigio opinar fascistamente. Imitación barata de los ídolos de la televisión en su quehacer de analistas políticos, desprestigio monumental de casi todas las formas de periodismo y de entretención masiva.

No obstante, hay momentos de lucidez. El ejército condena el homenaje a un genocida procesado a más de 600 años. La institucionalidad se manifiesta en Chile. Lamentablemente no es siempre así. En el mejor de los casos la ambigüedad está a la orden de la política, en el peor, el pronunciamiento fascista es directo. Muchos políticos chilenos declaran su apoyo a Bolsonaro, viajan a reunirse con él, celebran su victoria inevitable (los mismos que serían capaces de “inmolarse” por la violación a los DDHH en Cubao Venezuela). Esa es la señal: se inaugura la política del terror, los discursos y las praxis violentas se acoplan al flujo histórico que hace medio siglo en Chile y Latinoamérica produjo las mayores atrocidades. Un renovado plan cóndor parece estar en marcha.

Las manos de Víctor Jara vuelven a sangrar en este torbellino de imbricaciones neofascistas que se expanden como mancha de aceite por el mundo. Irrumpe en el espacio público movimientos que declaran devoción a la idea de “patria”. Arremeten las “manadas” de violadores y femicidas. El miedo sale de la clandestinidad e incluso escribir estas líneas puede ser un acto de valentía. La máquina fascista (para)estatal actúa en el borde, las dudas en torno a los suicidios de dirigentes sociales en Chile son solo la cara más visible y superficial de un aparato extra-democrático que opera, desde hace doscientos años, como una herramienta de legitimación del Estado de Derecho en Latinoamérica.

No hay que ser ingenuos ni demasiado optimistas, recordemos que en Chile el proyecto “Chicago Boys” ya se gestaba en la década de los 50’, mucho antes del triunfo de Salvador Allende. Sin embargo, a pesar del escenario adverso, debemos recordar (junto a Michel Foucault) que donde hay despliegue estratégico del poder, también hay resistencia. Es tarea urgente acoplar los esfuerzos transnacionales contra los fascismos, y en el mismo nivel, reflexionar en torno a nuestros deseos y modos de vida. En resumen: (re)pensar nuestras cotidianeidades. No es exagerado imaginar que el advenimiento de la debacle podría ser -una vez más- el exterminio sistemático de los habitantes del “Nuevo Mundo” por parte de la maquinaria fascista global.   


Músico.