Durante el pasado martes se confirmó el fallecimiento del campesino argentino Héctor Reyes (56), quien se opuso a desalojar su campo ubicado en Santiago del Estero. Su fallecimiento ocurre a 10 días del intento de posesión de sus terrenos por parte de un empresario de la zona.

En medio de enfrentamientos con la policía, Reyes resultó herido por balas de goma disparadas por los funcionarios. Según informó Clarín, fue el padre Sergio Lamberti, miembro de la Pastoral Social y de Derechos Humanos de Santiago del Estero quien denunció los ataques que el hombre sufrió el 12 de octubre pasado.

“Había sido atacado con balas de goma y quemaduras en gran parte de su cuerpo por un empresario que hace tiempo viene avasallando la dignidad y derechos de las familias campesinas, que ancestralmente son dueñas de esas tierras”, sostuvo el religioso.

El conflicto enfrentó al campesino y su familia con el empresario Néstor Quesada, quien argumentó haber comprado los terrenos hace más de cinco años. Sin embargo, la familia del trabajador recalcó que las tierras eran de origen ancestral y que siempre habían sido ocupadas para el cultivo de tierra y la crianza de animales.

Así terminó su tierra tras el violento desalojo de la policía.

Al ver el rechazo al desalojo, el empresario consiguió una orden de desalojo en el Juzgado Civil de Tercera Nominación para expulsarlos con efecto inmediato. Así fue cómo irrumpieron fuerzas policiales en el lugar, provocando heridas por impacto de balas y quemaduras en el cuerpo de Reyes, por lo que debió ser trasladado a un hospital de Tucumán.

En el momento en que un oficial de justicia le pidió hacer abandono del lugar, el campesino amenazó con inmolarse: “A mí nadie me va a sacar; la única forma es muerto”, les advirtió. En ese momento, el hombre procedió a rociar su cuerpo con gasolina y se prendió fuego.

Poco después de una semana, Héctor Reyes falleció en el hospital a causa de las graves quemaduras que sufrió. Por ahora, diversas organizaciones sociales piden que se investigue lo ocurre, ya que las provocaciones del empresario eran recurrentes y, según la Pastoral Social, contemplaban incendios de cercos y hasta matanza de animales.