¿Conocemos y valoramos a nuestras propias intelectuales y activistas en Latinoamérica? Si hiciéramos una encuesta a los y las chilenas, ¿cuántos de ellos/as sabrían más de Marx, Sartre, o Woolf que de Julieta Kirkwood? Esto nos revela la gran carencia que tenemos sobre el reconocimiento de quienes han marcado nuestra historia, además de señalar la influencia eurocentrista/estadounidense sobre la producción de conocimiento. Y menciono específicamente a Kirkwood porque es tal vez uno de los casos más evidentes de la subvaloración e ignorancia, no solo de activistas e intelectuales de Abya Yala, sino que también de aquellas mujeres que nos han dejado un legado tan significativo en la historia.

Julieta Kirkwood, nacida en 1936 en Santiago de Chile, es sin lugar a dudas una de las mujeres más importantes para el movimiento feminista en Chile. La socióloga y cientista política comenzó a hablar de feminismo y estudios de género cuando aún ni un tercio de la población sabía de ello, ni muchos menos lo apoyaba. Bajo el lema de “Democracia en el país y en la casa”, Julieta difundió el pensamiento y sabiduría feminista latinoamericana en plena dictadura liderada por Pinochet. La teórica y activista proponía una unificación entre la participación política y el feminismo, en tanto que sería inconcebible una democracia sin la intervención y participación directa de las mujeres en la sociedad. La autora de libros como Tejiendo rebeldías, Ser política en Chile: Las feministas y los partidos, y Feminarios, demuestra en sus libros y en su activismo cuán adelantada a su época se encontraba. Su trabajo ya reflexionaba acerca de temas que hoy están a la base de la teoría feminista, como la teoría de la de reproducción social (que propone una crítica sobre el rol de las mujeres como aquellas que reproducen la sociedad y la clase trabajadora), el trabajo doméstico, el trabajo sexual, y la interseccionalidad, especialmente en torno a la relación entre clase y género.

Uno de los puntos que para mí resulta más interesantes sobre las reflexiones de Kirkwood, tiene que ver con una crítica epistemológica. La activista caracterizaba la estrecha relación entre saber y poder, relación que se encuentra permeada por lógicas patriarcales. Para la autora, la separación entre la teoría y la práctica obedecía a una estrategia política que mantenía las relaciones de poder y dominación en la esfera privada. Más concretamente, Julieta afirmaba que “El feminismo es tanto el desarrollo de su teoría como su práctica, y deben interrelacionarse. Es imposible concebir un cuerpo de conocimientos que sea estrictamente no práctico” (1986). Estas ideas funcionaron como base para la producción de saberes feministas latinoamericanos enraizados en la experiencia cotidiana de las mujeres, representada como un proyecto colectivo.

Es hoy que estos saberes resuenan más que nunca, gracias a la posibilidad que nos brindan los archivos de Kirkwood. La feminista y directora de Foro Ciudadano, Vicky Quevedo, anunció este mes la donación de los documentos de Julieta al Archivo Nacional en Chile. La madre de Kirkwood se los encargó y entregó personalmente, y luego de 30 años Quevedo decidió donarlos para asegurar su conservación y promover el estudio de sus ideas y del feminismo.

¿Cómo resolver el vacío respecto al reconocimiento de Julieta y otras mujeres similares que han marcado nuestra historia en Chile y Abya Yala? Pues estos archivos nos abren una puerta para encontrar y construir la respuesta a esta pregunta, ya que podemos volver al pasado con el fin de reescribir el presente.

Los archivos y el trabajo que se desprende de ellos presentan un inmenso desafío, pues lo que subyace a estos es un proceso que involucra aspectos éticos, políticos y sociales, y que están presentes desde el momento que se organiza una colección hasta cuando se escribe acerca de ella. Asimismo, los archivos no solo nos proporcionan una mirada hacia el pasado y nuestra historia, sino que también una reflexión sobre los silencios de esta. Hay cuatro momentos en que los silencios entran en la historia: cuando se identifica una fuente, cuando se crea un archivo, cuando se crea la narrativa sobre este, y cuando se convierte en ‘historia’ (Trouillot). Por tanto, el archivo de Kirkwood me genera preguntas acerca de qué tipos de silencios encontraremos en este archivo sobre ella y sobre el feminismo de esa época, además de cómo debiésemos aproximarnos a estos desde una metodología feminista.

Julieta misma reflexionó sobre estos temas a través de la relación entre la historia y el patriarcado, pues nos dice que “así como la historia de la conquista de América la hemos tenido que conocer a través de la pluma de los conquistadores y rarísimamente por el testimonio de sus habitantes originarios, así también, toda la historia referida a las mujeres la hemos debido conocer por la pluma y por la vara de los varones” (Tejiendo rebeldías, de Julieta Kirkwood). Sin embargo, el mismo archivo de Kirkwood marca un quiebre en este fenómeno y nos permite acercarnos a la historia desde una perspectiva y metodología feminista. Mirar este archivo es escuchar las voces, cuerpos, y experiencias cotidianas de Kirkwood y de las mujeres que colectivamente trabajaron en torno a ese proyecto político. Más aún, las posibilidades que brinda este archivo no es solo mirar la historia desde la perspectiva de las mujeres, sino que desde mujeres feministas que lucharon en medio de un régimen militar tremendamente opresivo, al tiempo que construían estos saberes de los que hoy las feministas nos valemos y luchamos.

Tal como Julieta describió lúcidamente años atrás, los archivos bien pueden ser instrumentos de poder que legitiman la colonización y la dominación de las mujeres y otros grupos marginalizados, sin embargo, estos también “pueden convertirse en instrumentos de empoderamiento y liberación, salvación y libertad” (Aguirre y Villa-Flores). La colección de archivos de Julieta se constituye como esa herramienta para la liberación, como un lugar de acción en vez de un documento con significado fijo. Es una puerta hacia la reivindicación y valorización de las intelectuales de Abya Yala, las mujeres y feministas que han permanecido entre los silencios de la historia.


Editora Revista Zánganos y activista feminista