El testimonio de Chimamanda Adichie en Todos deberíamos ser feministas es una transcripción del evento TED “Desafiando el pensamiento convencional” del año 2012. Su contenido -destacado por su atingencia- le ha significado ser traducido y publicado a nivel internacional continuamente. Adichie reflexiona sobre el machismo y la misoginia que ha vivido, constituyéndose en un libro de experiencias personales.

Una de estas experiencias la vivió en la presentación de su libro La flor púrpura, donde un hombre le aconsejó que no se presentara como feminista, ya que ellas “son mujeres infelices porque no pueden encontrar marido” y de manera similar, pero en otro contexto, una mujer le dijo que el feminismo “no era nuestra cultura, que el feminismo era antiafricano”. Entonces, se puede inferir, que estar a favor o en contra del feminismo no tiene que ver con el sexo de una persona, sino con un pensamiento, una visión de sociedad: la cultura. Otro ejemplo relatado, es una conversación coloquial donde un amigo le dijo “no entiendo a qué te refieres cuando dices que las cosas son distintas y más difíciles para las mujeres”, revelando falta de empatía, explicable porque los hombres no experimentamos los padecimientos del machismo y la misoginia, es decir: sin experiencia, los hombres no tienen conciencia, por lo que, la visibilización de los temas del feminismo son de total importancia para cambiar la cultura.

Leer a Adichie une a Chile con Nigeria. Los problemas expuestos en el relato muestran conductas comunes en sociedades distintas, lo cual merece pensar que los males de una sociedad no son exclusivos, por el contrario, pueden ser replicables en distintos lugares. Ahondando en este idea, la autora recuerda la ley Lilly Ledbetter de Estados Unidos del año 2009 que iguala por ley el salario entre hombres y mujeres si hacen el mismo trabajo. Sin una ley que obligue y castigue, existe una desigualdad salarial donde los hombres ganan más que las mujeres por el mismo trabajo, asunto que se reclama en Chile y otras partes del mundo. Así también, unas amigas estadounidenses de la autora le contaron que “han sido criadas para pensar que es muy importante gustar a los demás” más allá de decir sus opiniones personales, es decir, anular la individualidad y particularidad por el grupo. Otro ejemplo, y muy drámatico, es el caso de violación sexual en grupo de una joven nigeriana, donde parte de la opinión pública fue que “las mujeres son inherentemente culpables” por haberse expuesto, opinión casi idéntica en el caso de la manada en España este mismo año.

Una palabra que la autora escoge muy bien es “nimiedades”, ya que muchos asuntos del machismo y la misoginia son pequeños actos de discriminaciones grandes, entorpeciendo una integración y convivencia de la vida mixta. El título, Todos deberíamos ser feministas, señala la corrección que presenta el libro, proponiendo al feminismo como una matriz de cambio cultural.

 

Todos deberíamos ser feministas

Chimamanda Adichie

Penguin Radom House

55 páginas

Precio de referencia

$4.000


Pablo Rivas