La generación Y o también conocida como millennials, nacidos entre 1980 y 1995; alimentados brutalmente con el ritmo regetonero de Daddy Yankkee, Don Omar,
Arcángel y Cía, se encuentra en estos días interiorizándose de lo que fue uno de los encuentros de rock más emblemáticos a nivel mundial: Live AID, ocurrido simultáneamente el 13 de julio de 1985 en el Estadio Wembley, Londres (Inglaterra) y en el John F. Kennedy Stadium Filadelfia (Estados Unidos). ¿El motivo? recaudar fondos en beneficio de los países de Etiopía y Somalia. Figuras como Elton John, David Bowie, Mick Jagger, David Gilmour, entre otros, participaron activamente en este sínodo de la música internacional. Sin embargo, la performance de la banda británica, Queen, de sólo veinte minutos, supo no sólo conmover a los 72.000 espectadores, sino ofrecer uno de los mejores conciertos de rock de la historia.

Es aquí, precisamente, donde la película Bohemian Rhapsody comienza y termina. La cinta, británica-norteamerica, dirigida por el Bryan Singer (X-Men, Los Sospechosos de Siempre) y finalizada por Dexter Fletcher (Eddie the Eagle) (quien asumió el cargo durante las últimas semanas tras el despido de Singer) es un biopic que narra la vida de Freddy Mercury, vocalista del grupo y del ascenso meteórico de la banda a través de sus emblemáticas canciones y conciertos icónicos.

De hecho, desde el 8 de noviembre, en algunos de los cines, los chilenos pueden incluso cantar sus canciones, gracias a la versión karaoke de la película (proyección de las letras en pantalla grande).

Ficción no documental

Para apreciar en plenitud este film, que ha recaudado hasta la fecha 50 millones de dólares en EE.UU. y más de 220 mil espectadores en taquilla en Chile, es preciso tener en cuenta que se trata de una versión maquillada de los estudios de Hollywood sobre el legendario grupo. Es decir, no es un documental sobre Queen ni Mercury, sino una ficción de sus personajes y sus historias (hoy algunas ya leyendas).

Es entonces cuando comienzan los problemas, si el espectador va en la búsqueda de cómo Mercury se contagió de Sida o cómo eran los problemas de la banda sobre los derechos de autoría de algunas de sus canciones, ésta no es la película. Al contrario, hay imprecisiones y se notan. Queen antes de participar de Live Aid en Londres en el ’85 no estuvo “años sin tocar juntos”. Al contrario, casi seis meses antes se presentaron en las playas de Copacabana, Brasil, por ejemplo.

Sin embargo, la cinta conmueve hasta lo sublime cuando se muestra el origen y desarrollo de algunas de las canciones del grupo o cómo Freddy, interpretado genialmente por Rami Malek (Papillon, Mr. Robot) toca el piano y canta Bohemian Rapsody, Love of my life, entre otros. Malek se transforma en Freddy debido al extenso trabajo de caracterización, vestuario e interpretación del actor. Apoyado con un prótesis dental, interpreta los diversos excesos que tuvo Mercury en la vida real y lo hace de forma muy natural, lo que se agradece.

Junto a él lo acompañan Gwilym Lee, Ben Hardy y Joseph Mazzello como Brian May, Roger Taylor y John Deacon, respectivamente. Sin embargo, tal como sucede en la mítica banda, el personaje de Mercury lo protagoniza todo.

La cinta es un must, pero no profundiza momentos complejos ni excesivamente tensos del grupo ni de Mercury. Sin embargo, los fans no saldrán decepcionados de Bohemian Rhapsody; observar en una pantalla grande la performance de Queen en Wembley en el ’85 ya es más que una razón para ver el film. Al menos los millennials les quedará más tiempo para que en la próximas décadas llegue, quizás, una versión indie o independiente sobre la banda y que su vez, transmita, sin el peso de lo correcto ni demandas comerciales, de lo que fue el meteórico acenso, desarrollo de uno de los grupos musicales más queridos y respetados a nivel mundial; desafiantes en materia de estereotipos y sonidos. Sin duda, inmortales hasta el final.