Desde algún tiempo que hemos venido siguiendo el trayecto político/legislativo y mediático de la ahora Ley “Aula Segura”. Sin duda se constituye como uno de los grandes triunfos políticos en materia de educación por parte del oficialismo. En gran medida por la cantidad de voces disonantes que han emergidos de diversos sectores, y que han rechazado de manera categórica la superficialidad con la que el Estado estaría enfrentando temáticas tan complejas como es la violencia en los espacios escolares.

Según mi parecer y compartiendo las miradas provenientes de la academia, el colegio de profesores y de algunos parlamentarios de oposición “Aula Segura” se tensiona con los propósitos de escuelas democráticas e inclusivas que la misma política educativa ha venido pregonando, además poner el foco en la expulsión acrecienta los espirales de violencia en las escuelas, en este sentido Aula Segura no aborda el tema con la profundidad necesaria que requieren fenómenos complejos y muchas veces estructurales como son las violencias en el ámbito escolar.

Sin embargo, y a modo de reflexión me gustaría aportar a la discusión algunos elementos que a mi parecer resultan claves para seguir abriendo el debate y no cerrarlo debido a la derrota que podría significar en términos políticos la aprobación del proyecto de Ley. En primer lugar, la expulsión como medida en casos de violencia extrema en la escuela, no es nada nuevo. Según cifras entregadas por la Superintendencia de Educación, durante el último año han sido expulsados 745 estudiantes, estas cifras encontrarían validez legal en la Ley General de Educación que el año 2011 fue modificada bajo el nombre de “Ley de Violencia Escolar”. Esta permitía medidas punitivas como la cancelación de la matrícula en casos donde haya violaciones graves a la buena convivencia. En este sentido, pareciera ser que Aula Segura en términos sencillos no vendría a remover de manera sustancial el panorama vigente.

Entonces ¿Cuál sería el problema de fondo respecto a Aula Segura? Me parece que el problema central no estaría solamente en el texto legislativo sino también en el potencial discursivo de este. Tanto la teoría como las evidencias nos han develado, como las políticas públicas van definiendo ciertos márgenes discursivos, imponiendo límites a lo pensable e instalando dispositivos de producción de verdad y conocimiento. De esta manera, Aula Segura vendría a definir ciertas maneras de pensar lo deseable y aceptable en términos de convivencia y violencia escolar, instalando discursos como el del miedo, la exclusión y el déficit en las comunidades educativas.

Ahora bien, si la principal amenaza se instala en términos discursivos ¿la suerte ya está echada con la aprobación del proyecto? Enfáticamente respondo no. Pues hay que comprender las políticas como un ciclo, en donde no solo el texto construye, sino también este es construido por los actores y el contexto en donde emergen y se les otorgan sentido. De esta manera parece clave, poner las miradas y las energías en los actores que ponen en acto las políticas sobre convivencia escolar, profesores, encargados de convivencia, directivos, duplas psicosociales pues son ellos quienes serán la fuerza instituyente capaz de generar resistencias, disputar discursos y redefinir la política en los campos escolares.


Magíster en Psicología Educacional.