Todos somos doble estándar. Absolutamente todos y sin distinción política, religiosa, étnica, etaria, de género o social. Pues sí, iba a iniciar mi columna señalando lo doble estándar que son los chilenos y empiezo por incluirme, como incluyo a todos los pueblos y lugares de este planeta. Me imagino que con matices y objetivos diferentes, la doble moral es propia de toda la civilización. Es intrínseco a lo miserable, finitos e ínfimos que somos.

Esa denuncia, o mejor dicho esa radiografía de la sociedad chilena, es la que los artistas Lobsang Durney (pintor) y Pablo Villegas (escultor) expresan en la genial y contingente exposición “Doble standard” que han montado este año, en espacios como la Sala El Farol de la Universidad de Valparaíso y la Galería Bahía Utópica en Cerro Alegre de la misma ciudad puerto. No hay nada al azar en la muestra, todo va relacionado, perfectamente imbricado. Partiendo por el título, las dos miradas del trabajo a cuatro manos de los artistas y los rótulos de las obras que van desperdigando un sinnúmero de frases, modismos o giros lingüísticos propios de una idiosincrasia que tiene el doble actuar o decir en el cenit de su comportamiento. Trece pinturas e igual número de esculturas, conforman la exposición que representa las desigualdades propias de la sociedad actual y cómo el poder ha instalado desde el discurso y el lenguaje verdades o formas de actuar que parecen para la mayoría ser lo lógico y políticamente correcto. El lenguaje construye verdades, pero también las deconstruye, deforma, altera o las convierte en el fenómeno del momento globalizado: La posverdad. Si es que existe la verdad, partamos por eso.

Filosofía y lenguaje

El filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein en su libro Tractatus Logico-philosophicus (1921) ya desarrollaba conceptos vanguardistas en la filosofía del lenguaje, como los giros lingüísticos. Señalaba que todos los problemas filosóficos son problemas del lenguaje y lo situaba como una jaula, donde los pensamientos edifican y marcan el límite. Con los años el filósofo, en un acto de reconversión, mutó ciertos postulados primigenios, siempre ligados al rol del lenguaje, aseverando que este es un conjunto de prácticas públicas y sociales en relación con otros. Los juegos del lenguaje como los que leemos y apreciamos en los títulos y la mayoría de las esculturas y pinturas de la exposición, están presentes en la comunidad y sociedad chilena en los llamados refranes, modismos o chilenismos. Para Wittgenstein esto es parte de un acuerdo básico de comunicación. Todos estamos inmersos en juegos de lenguaje en nuestras relaciones e interacciones diarias.

Ya desde el texto curatorial asoman esos juegos de palabras, giros lingüísticos, chilenismos y dichos populares tan propios de nuestra sociedad que emplea también el lenguaje para decir las cosas de otro nombre, a la defensiva, con humor, quitándole generalmente su verdadero sentido y fuerza semántica. Estamos bajo la dictadura del “eufemismo” aquella manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión, sería dura o malsonante (RAE). ¿Te desvincularon del trabajo? ¿Fuiste cesado de tus funciones? Amigo, ¡Te echaron! ¡Te despidieron! Solo un botón de cómo esto funciona.

El hilo conductor de la exposición son las ironías propias de la sociedad actual, expresadas a través de dichos, refranes o frases típicas, cada una de las cuales tiene su correlato en una obra de arte. “Se vende humo”, “Está mal pelado el chancho”, “Vendieron la pescá”, “A cada santo una vela”, “Pico en el ojo” son algunas de las frases que reflejan, con algo de humor, las desigualdades propias de nuestro país y que los artistas representan con talento artístico desde la pintura y la escultura.

Lobsang Durney es pintor y arquitecto. Su obra pictórica se caracteriza por la fusión de elementos cotidianos, particularmente porteños (como casas, micros, botes, gatos), ensamblados en artefactos futuristas o distópicos. El artista está dotado de una paleta de abundantes colores y generosa en tonalidades claras, vivas y llamativas. Sus trazos tienen un toque infantil, caricaturesco y surrealista en óleos de dimensiones diversas; hasta podría atreverme en señalar con algunas remembranzas del arte Naif. Son cuadros hermosos, alegres y con un claro sentido de atención visual donde lo estético, si bien es cierto resalta y luce, no opaca el discurso y el tenor de la obra, su denuncia, crítica y relato. Las trece pinturas son pertinentes y vigentes en la lectura de la sociedad actual.

Por su parte, en las esculturas de Pablo Villegas encontramos materiales nobles, proletarios, como él mismo define: aluminio, bronce, madera, vidrio, acero, fierros como soporte. Excelente ironía y juegos del lenguaje. Coherencia brillante entre el título de la obra y la escultura en sí, a través de modismos chilenos que reflejan la idiosincrasia y alma del país precisamente en ese doble estándar de no decir las cosas por su nombre, con su real sentido, disfrazándolas en el chiste, eufemismo o giro léxico criollo. La ironía, el sarcasmo, la doble interpretación propia del lenguaje coloquial en el español de Chile es una de nuestras características como sujetos. El doble estándar es transversal, permea la sociedad toda. Desde el ámbito privado de la familia hasta nuestro propio lenguaje. En el país de la “indiferencia cultural”, la vida en los “lindos guetos”, y el “está mal pelado el chancho”, ¿Cuántas veces nos vendieron la pescá? ¿Nos pusieron el pico en el ojo? y ¿Nos vendieron humo? Miles de veces, lo siguen y seguirán haciendo. ¿Le puse mucho color? Creo que me fui al chancho.


Profesor de Lenguaje y Comunicación. Profesor de Castellano UPLA