Chile jugó el último amistoso del año frente a Honduras en una tierra inundada por la efervescencia sociopolítica durante los últimos días. La muerte del comunero Camilo Catrillanca en manos de carabineros de Chile y su “comando jungla” ha generado un clima de movilización a nivel nacional, especialmente en la región de la Araucanía, centro neurálgico del conflicto Chileno-Mapuche.

Por esta razón, los ojos de todo un país y la opinión pública (nacional e internacional) estaban volcados hacia el estadio Germán Becker de Temuco y muchos de los programas especializados en fútbol comentaron durante el día el posible accionar del público y de los jugadores. Incluso, el Club Social y Deportivo Colo Colo solicitó formalmente a la ANFP que se realizara un minuto de silencio en honor al comunero Catrillanca, solicitud que fue rechazada por el máximo organismo del fútbol chileno. Sin embargo, fuera de todo protocolo, Jean Beausejour Coliqueo tuvo su homenaje particular al mostrar en su camiseta su apellido materno y el capitán de la selección chilena, Gary Medel, convocó improvisadamente a todos los jugadores de ambos planteles a un minuto de silencio en el círculo central del Germán Becker.

Estos hechos han generado diversas reacciones en las redes sociales criticando una frase que bordea lo cliché: “el fútbol y la política no se deben mezclar”. Sin embargo, quiero traer a colación diversos hechos históricos y sociales que rompen con ese mal paradigma instaurado en las personas.

El fútbol, tal y como toda actividad humana, es un acto político en esencia. El sociólogo Francés Pierre Bourdieu (1990)[1] argumenta que el fútbol (como deporte de masas) es un deporte inherentemente popular, tanto en su práctica como en su consumo, lo que ha llevado a diferentes líderes políticos a lo largo de la historia a utilizarlo como un arma a su favor.

Recordado es el primer gran caso de la historia, cuando el líder fascista Benito Mussolini utilizó el mundial de Italia 1934 como una herramienta de unificación forzosa de su pueblo y demostración al mundo que los italianos eran los mejores en la disciplina, adjudicándose el primer mundial de la azzurra. Por otro lado, conocido es también su apoyo a las S.S. Lazio, equipo del que se declaró hincha y que durante muchos años dirigentes, jugadores e hinchas del club romano han declarado su admiración a la ideología fascista, expresándolo principalmente en las galerías. El caso de Mussolini es solo uno de los tantos ejemplos donde dictadores han utilizado el fútbol como una estrategia de aprobación social.

A nivel de clubes, es imposible no mencionar al célebre equipo de la segunda división alemana, el “St. Pauli” de Hamburgo, equipo declarado abiertamente de izquierdas, anti-racista, anti-homofóbico, anti-sexista y antifascista. Este club posee más hinchas a nivel mundial que muchos de los grandes equipos europeos, siendo un ejemplo de identidad política para muchas generaciones de jóvenes y como bandera de lucha en los movimientos sociales mundiales.

A nivel de futbolistas, la lista es amplia también. Algunos casos célebres son el de Paolo Di Canio y su saludo nazi a la hinchada de la S.S. Lazio o de los arqueros italianos Gialuggi Buffon y Christian Abbiatti, quienes declararon abiertamente su admiración hacia la ideología fascista. Hacia la izquierda, podemos encontrarnos con diferentes ejemplos. Uno de ellos es el brasileño Socrates, ídolo de Corinthians y de la selección brasileña, quien lideró el movimiento de la “democracia corinthiana” en plena dictadura brasileña, además de declarar su admiración hacia el pensador marxista Antonio Gramsci. En Chile, está el caso de Carlos Caszely y su recordada oposición hacia la dictadura de Augusto Pinochet y su participación en la franja del “No” o de Marcelo Pablo Barticciotto, quien se ha declarado abiertamente de izquierdas y ha sido activo en la mayoría de las causas sociales.

En las hinchadas también hay una fuerte presencia política. En Europa, muchas de las barras “ultras” siguen tendencia neonazi, inclusive algunas han participado directamente de revueltas sociopolíticas como en Ucracia, donde su participación en el golpe de estado fue crucial. Por otro lado, existen muchas barras que se declaran antifascistas y que combaten en las calles y en los estadios cualquier alusión al racismo, xenofobia y homofobia. Un ejemplo de ello es la agrupación de hinchadas antifascistas Latinoamericanas denominada “La voz del sur”, compuesta por clubes de diferentes países: Bolivia, México, Brasil, Argentina, Colombia y Chile, que cuenta con la presencia de los “Antifascistas de la Garra Blanca” representando a Colo-Colo[2].

A nivel de elites, la instrumentalización política del fútbol es un tema muy profundo y tampoco es nuevo en el fútbol chileno[3]. Sin ir tan atrás en el tiempo, muchos podrán recordar la participación de “Pepe” Rojas, “Chapa” Fuenzalida o Jorge Valdivia en la franja presidencial de Piñera o las constantes declaraciones de Jean Beausejour Coliqueo respecto a temas sociales.

He dejado algunos elementos y olvidado muchos más para reforzar mi argumento de que el fútbol y la política han ido de la mano desde siempre. ¿Sigues creyendo que el fútbol y la política son polos opuestos? ¿Ha sido el deporte en general ajeno al contexto político? La selección chilena nos demuestra que esto está muy vigente.

[1] Pierre Bourdieu (1990), “¿Cómo se puede ser deportista?” Exposición introductoria al Congreso internacional de L´HISPA, realizado en el INSEP, París, marzo de 1978.

[2] Para profundizar en este tema, recomiendo la lectura de mi anterior columna: http://www.eldesconcierto.cl/2018/09/16/hacer-politica-desde-el-futbol-antifascismo-y-colo-colo/

[3] Para ahondar en este asunto recomiendo la lectura del libro “Goles y Autogoles: historia política del fútbol chileno” donde el periodista de CNN, Daniel Matamala, relata detalladamente muchos vínculos entre el poder y el deporte rey.