Una de las frases más comunes que uno suele escuchar es que el fútbol y la política no se mezclan. Eso lo entienden también las instituciones alrededor del fútbol al penalizar la propaganda política dentro de las canchas y en las galerías. Pero ¿qué tanta validez tiene esa frase en la realidad? ¿Son efectivamente el fútbol y la política como el agua y el aceite?

Muchos futbolistas han llevado como bandera de lucha las causas sociales. Sabidos son los casos de futbolistas de reconocida simpatía hacia la izquierda, como Carlos Caszely y su acto político en el período de dictadura y su participación en la campaña del “No”; del brasileño Socrates y su movimiento “democracia corinthiana”; Cristiano Lucarelli por el Livorno italiano y su reconocida militancia y activismo comunista. Por el lado contrario, existen los casos de Paolo Di Canio y su saludo nazi a la hinchada del Lazio italiano o de los arqueros italianos Cristián Abbiati y Gianluigi Buffon con su reconocida simpatía por la ideología fascista.

Lo cierto es que el fútbol-  como fenómeno social de masas- es para muchos hinchas un espacio estratégico. El concepto de hinchada es, desde su génesis, un lugar de asociación colectiva, donde el sentido de pertenencia es adquirido con la simple razón de asistir al estadio, cantar y dar aliento a tu equipo. Esa secuencia continúa si consideramos la forma de organización de las hinchadas, donde el sentirse parte de un “piño” es una de sus demostraciones de acción colectiva.

El sentido de asociación entre los hinchas y la política se ha desarrollado con mucha fuerza en algunas partes del mundo, especialmente en Europa. El concepto del “ultra” se entiende para aquellos hinchas que demuestran su pasión desmedida hacia un equipo de fútbol y muchas veces ligado a ideologías radicales o extremas. Existen diversos estudios en torno a las hinchadas ligadas a equipos que tienen “ultras” de derecha, cercanos a la ideología fascista y al neo-nazismo, como los casos de los “tifosis irriducibili” del SS Lazio, los hooligans ucranianos y su participación en el intento de golpe de estado, en España aparecen los ultras-sur del Real Madrid o el “frente atlético” del Atlético de Madrid por nombrar algunos. Sin embargo, existen también grupos ultras ligados a la izquierda, como los casos de “Bukaneros” del Rayo Vallecano, la “Green brigada” del Celtic de Escocia o el gran caso del St. Pauli de la segunda división del fútbol alemán, donde sus dirigentes e hinchas se declaran abiertamente antifascistas, anti-racistas y anti-homofóbicos.

Este fenómeno de los hinchas activistas se ha estado incorporando lentamente en América Latina desde la vereda antifascista. En Colombia fue particularmente llamativo ver a grupos “antifa” apoyar al candidato de izquierda Gustavo Petro en las últimas elecciones presidenciales. Por otro lado, en Brasil hinchas de equipos históricamente rivales como el Palmeiras y Corinthians participaron en conjunto de la cumbre antifascista brasileña con hinchas de Sao Paulo, Flamengo y Santos a comienzos de este año.

En Chile, he descubierto a través de un mapeo de organizaciones, que existen una treintena de grupos “antifascistas” vinculados a diversos equipos: Colo Colo, Universidad de Chile, Audax italiano, Universidad Católica, Santiago Wanderers o Ñublense por nombrar algunos. Todos ellos han liderado en muchos casos los movimientos contrarios a las sociedades anónimas del fútbol, al machismo en los estadios y últimamente se han manifestado contrarios a grupos ultranacionalistas y xenófobos que se han expresado en el escenario político nacional.

Los Antifascistas de la Garra Blanca

Uno de los equipos que intenta reivindicar la lucha antifascista en Chile es Colo Colo. Según la sexta encuesta del fútbol chileno de ADIMARK de julio de este año un 43% de los/as chilenos/as se identifican con Colo Colo, demostrando cuantitativamente su calidad del equipo más popular del país. Este dato es tomado por el colectivo “antifascistas de la garra blanca” como un elemento estratégico.

Según sus integrantes, Colo Colo desde su origen es el equipo más popular de Chile y la “Garra Blanca” es el movimiento social con mayor adherencia y alcance a lo largo de todo el país, por lo que es clave la organización antifascista como un mecanismo para generar el cambio en la clase popular.

Un elemento interesante es su propia definición de antifascista, en un contexto donde no existen “ultras” de extrema derecha reconocidos en ningún club contra los que disputar el espacio, contrario al caso europeo. Para ellos, el antifascismo es estar en contra de todo tipo de discriminación, ya sea de color de piel, origen, género o creencia, como también de los proyectos políticos que justifiquen estos tipos de discriminación. Apelan a la construcción de espacios democráticos, donde la igualdad, solidaridad y fraternidad son los ideales a través de los cuales construyen su política.

Consideran el antifascismo como una especie de reivindicación y responsabilidad ante el pueblo colocolino, ya que durante muchos años la “garra blanca” estuvo comandada por personas con sensibilidad favorable al sistema, rompiendo las “raíces rebeldes” de la hinchada, según sus propios testimonios. Estas administraciones previas han generado un estigma hacia el hincha colocolino por parte de otros clubes, lo que ha llevado a profundizar las estrategias para desmarcarse de esas etiquetas a través del trabajo colectivo y con fuerte presencia en las protestas sociales.

Su trabajo y organización también se expande en sus redes internacionales. La participación de Colo Colo en la copa libertadores les ha servido de ayuda para generar lazos con otros grupos antifascistas latinoamericanos, como Atlético Nacional en Colombia, The Strongest en Bolivia y Corinthians en Brasil en sus respectivas visitas durante el trascurso de la copa. Ellos consideran que una gran manera de luchar contra el sistema de mercado que está controlando el fútbol moderno es volver a las raíces populares del fútbol, usando las banderas del antifascismo como espacio de reivindicación.

El último acontecimiento donde participaron fue en la tradicional “romería”. En esa instancia, el colectivo “antifascistas de la garra blanca” convocó a los hinchas colocolinos a marchar para recordar a aquellos hinchas colocolinos que fueron víctimas durante la dictadura, logrando convocar a aproximadamente 100 hinchas. Para ellos, la memoria es algo trascendental debido a las raíces populares y la capacidad de convocatoria que tiene el equipo. Es un momento especial para recordar a todos aquellos hinchas caídos en dictadura.

Este fenómeno social nos muestra una serie de elementos interesantes a tomar en consideración. El desarrollo del fútbol moderno ha llevado a muchos hinchas a tomarse de sus raíces y organizarse políticamente para recuperar sus clubes. Además, el fenómeno identitario y de masas que genera el fútbol es una esperanza para los grupos antifascistas que usan el trampolín mediático que les entrega su equipo para poder conseguir sus objetivos de lucha por un fútbol y sociedad más humana.


Cientista político UC y Magister © en Sociología UC.