Una visita de apenas 48 horas trajo la semana pasada al sociólogo y referente de la izquierda ibérica y latinoamericana Boaventura de Sousa Santos a Chile. Tras su paso por Argentina, donde participó de la VIII Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales (Clacso 2018), junto con figuras de renombre del progresismo latinoamericano como las ex presidentas Cristina Fernández de Kirchner, Dilma Rousseff, el ex mandatario uruguayo Pepe Mujica, o el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera, aterrizó a nuestro país como invitado del V Congreso Mundial de Etnografías CEAD, organizado por la USACH y el Centro de Estudios Interculturales e Indígenas.

El portugués, catedrático ya jubilado que sigue su trabajo académico entre la Universidad de Coimbra, su ciudad natal, y la Universidad de Wisconsin, acaba de publicar su último libro “Izquierdas del mundo, uníos”.

– ¿Cuál es la autocrítica que tendría que hacer la izquierda brasileña después del triunfo de Bolsonaro?

– La izquierda tiene que hacer una autocrítica siempre consciente que lo que pasó en Brasil no se puede explicar simplemente por los errores que los gobiernos cometieron, sino también por una intervención imperial de los Estados Unidos que intentaron, con fuerza y protagonismo muy agresivo, manipular las elecciones para que toda la memoria de un período de políticas sociales se borrara y se transformara en un período de corrupción. En este contexto, la izquierda tuvo una oportunidad histórica de cambiar el sistema político que tal y como está invita a la corrupción endémica. No estoy hablando de enriquecimiento ilegal de personas –Lula es un hombre pobre, sigue siendo pobre y nada se ha probado en su contra–, pero la corrupción es endémica en el sistema. Por otro lado, el modelo de desarrollo que siguieron fue un modelo de continuidad con el colonialismo, aumentaron la explotación de los recursos naturales expulsando a los pueblos indígenas, campesinos, etc. Esos errores fueron muy fuertes para que se pudiera encontrar una solución. No se cambió el sistema político y  no se cambió el mal llamado modelo de desarrollo, por lo que todo fue posible dentro de este modelo neoliberal.

– ¿Y qué acabó pasando?

– Cuando hubo las crisis de 2008 ya no era posible mantener este sistema si no se hacía con otra política fiscal para que los ricos pagaran más que los pobres, pero eso era imposible. Por eso la crisis empezó en este momento y las oligarquías son suficientemente fuertes para controlar los medios, que demonizaron al Partido de los Trabajadores (PT), que –a la vez– cometió bastantes errores. Después [llegaron] las redes sociales con las ‘fake news’, muy bien organizadas desde EE.UU., con Cambridge Analytica, que es una empresa especializada en ‘fake news’, con bases en Miami y en Lisboa –en mi país, lamentablemente–. Las noticias falsas, formuladas muy profesionalmente para eludir y transformar la opinión pública, inundaron Brasil.

– El giro hacia la derecha que Latinoamérica atraviesa –en países como Argentina, Chile, Brasil, Colombia, etc.–, ¿podría enfrentarse con la receta que usted plantea en el título de su nuevo libro: “Izquierdas del mundo, uníos”?

– Sí sirve. Sirve para ser discutido en diferentes formas. Primero hay que saber lo que es la izquierda. Hay muchos partidos que se dicen de izquierda y no lo son: hay un debate sobre lo que es la izquierda. Una vez que se haya dado este debate, que será distinto en cada país, hay que unir a las izquierdas, que tendrán que eliminar el dogmatismo, el sectarismo que las ha dividio a lo largo del siglo XX. Creo que estamos en una situación muy próxima a la que tuvimos en 1930 en Europa con el crecimiento del fascismo, cuando la unidad de la izquierda, los frentes populares, solamente surgieron cuando ya era demasiado tarde y ya no había democracia. Los países que analizo en este libro son, además de España y Portugal –que tienen gobiernos de izquierda–, Colombia, México y Brasil. Pero esto no es una receta para todos los países. De hecho, no es una receta. Por ejemplo, en Argentina tendremos que discutir si hay una peronismo de izquierda y otro de derecha. Yo anteayer [21 de noviembre] oí a [la expresidenta] Cristina [Fernández de Krischner] decir que no hay izquierda ni de derecha.

Boaventura de Sousa Santos

/ theverb.org_Flickr

– Eso es otro debate, cómo algunos partidos más alineados a la izquierda han empezado a renunciar a las categorías ideológicas del eje izquierda-derecha.

– Claro, sobre todo en procesos electorales. Yo la he criticado públicamente [a Cristina Fernández].

– ¿No está de acuerdo, entonces, en difuminar ese eje?

– No. En una sociedad tan desigual, el problema es refundar las izquierdas, no es eliminar la distinción. Cuando hablamos de que hay una crisis en la distinción izquierda-derecha, nunca hablamos de la derecha. La derecha está bien, tiene el poder social, político, económico, mediático. Es la izquierda la que tiene el problema. Esta idea de que ‘no somos ni de izquierda ni de derecha’ juega en favor de la derecha, básicamente. Y eso está pasando en el continente.

– En una entrevista recién publicada en El País, usted se refirió a la etapa que estamos viviendo actualmente como “un intervalo entre dos globalizaciones”, y decía que la que la que está por venir será controlada por China. ¿Cree que el auge de la ultraderecha a nivel global, con liderazgos de personajes como el de Steve Bannon, tiene que ver con ese período de “entre-globalizaciones”?

– La ultraderecha está siendo movilizada por el capitalismo occidental. China, por ejemplo, es un país comunista que quiere el libre comercio, que no quiere fronteras. [Donald] Trump, en cambio, es proteccionista y por eso hay una rivalidad muy grande entre China y EE.UU. Estamos en un intermedio porque las innovaciones tecnológicas que ha producido esta globalización ya son muy baratas y no son tan rentables. Estamos, pues, entrando en otra [globalización] dominada por la automoción, la inteligencia artificial y la robótica, donde China tiene un poder de iniciativa brutal. Por eso EE.UU. empezó una guerra para eliminar la presencia de China del continente. Pero no se puede atacar a China directamente porque de los 20 trillones de deuda estadounidense, 6 trillones están en manos de los chinos. Por eso tiene que atacarlos a través de sus aliados del BRICS [bloque de los países emergentes formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica]. Brasil era un blanco apetecible y por eso la ultraderecha es la manera a través de la cual se forma un capitalismo más agresivo, más colonisalista, más racista y más sexista. Esta fase del capitalismo tiene una crisis de rentabilidad que exige explotar más el trabajo, por eso el trabajo esclavo está aumentando en todo el mundo y el trabajo de las mujeres sigue devaluado.

– En esta visita a Chile se va a reunir con miembros de la bancada del Frente Amplio (FA). ¿Cree que la fórmula portuguesa de un gobierno de coalición formado por comunistas, socialistas y el Bloco de Esquerda, que de momento ha resultado ser muy exitosa (crecimiento económico y de inversiones, disminución del desempleo, etc.), podría exportarse a Chile?

– No hay recetas en política. Pero lo que es innovador, en el caso portugués, es que las diferencias entre socialistas, comunistas y Bloque de Izquierdas son tan históricas como en los otros países. El Partido Comunista (PC) está en contra de la OTAN, el Partido Socialista (PS) está a favor; el PC está en contra del euro, el PS está a favor. Sin embargo, decidieron que para terminar con el neoliberalismo en Portugal y borrar el paso a la continuidad de la derecha era necesario juntarse en lo que les une. Verificaron que son muchas cosas y bastante más importantes en la vida de la gente que la OTAN: parar con las privatizaciones, parar con la degradación de salarios y pensiones, parar con despidos de funcionarios públicos, parar con el desprestigio de la escuela pública, con la desinversión del sistema de salud, etc. Eso fue una gran innovación porque fue muy concreto. En el libro muestro los 21 puntos que [las tres fuerzas portuguesas] se comprometieron a acordar. Eso es lo que voy a discutir esta tarde [del viernes 23 de noviembre] con el FA. Hay grandes temas que los dividen mucho y en los que [las fuerzas del FA] no se van a poner de acuerdo.

– ¿Qué va a plantear?

– Por ejemplo, la pregunta que yo hoy voy a discutir con ellos es cómo tratan la cuestión mapuche porque es un tema de desarrollo y de economía intercultural y política de alto rango. ¿Todos están dispuestos a tratarla? ¿Hay distintas posiciones? Hay muchas cosas que pueden dividir y hacer imposible una alianza, pero una alianza pragmática y limitada puede ser exitosa. El caso portugués mostró que el neoliberalismo es una mentira, que no produce crecimiento, al contrario: estamos creciendo más, el desempleo está al nivel de 1990, la inversión ha regresado, la imagen del país es de las mejores, el índice de criminalidad es el más bajo de Europa… Y el neoliberalismo decía que nada de esto pasaría, que llegaría el caos. Hay huelgas, claro, pero las hueglas son parte de la democracia y está muy bien que las haya. Ahora, el problema es si esta solución que fue muy existosa para parar la austeridad podrá sostenerse en el tiempo, para aplicar políticas de fondo com infraestructuras públicas, modelos de desarrollo, democratización de la sociedad, etc.

– Sobre el debate que quiere mantener con FA acerca del conflicto del Estado chileno con el pueblo mapuche, ¿qué va a proponer a la coalición?

– Yo soy un intelectual de retaguardia, no vengo a dar recetas. Quiero oír a los ‘compas’. Tengo algunas ideas porque hay medidas inmediatas como terminar con el Estado represivo, fascista y de excepción contra los mapuche, que es muy grave aquí en Chile. Hay otras cosas que vamos a discutir que tienen que ver con las leyes antiterroristas de este país que tienen que cambiarse. Voy a escucharles y a dar mi opinión.