Devy Cuero contesta el teléfono con la voz bajita y responde “aquí, tratando de recuperarme” cuando le preguntan cómo está. Hace tres días, mientras salía de un restaurant junto a su hermano, cuñada y su hijo en el Barrio Bellavista, la mujer de 37 años y nacionalidad colombiana fue intercedida por carabineros.

“Esto es una detención”, fue lo único que les dijeron los uniformados. Su cuñada y su hijo de 15 años habían ido a buscar algo que se les quedó en el local, mientras ellos eran esposados frente a toda la gente y subidos rápidamente a una patrulla. “Allá te explicamos”, les repetían los policías cuando preguntaban qué habían hecho.

Devy recuerda que Johan Cuero, su hermano, los llamó ese día, horas antes de la detención. “Mi hijo viene presentando un cuadro depresivo, entonces mi hermano me llamó y me dijo saque al niño, que ayer anduvo diciendo que se quería matar, que estaba aburrido en Chile. Por eso nos hizo la invitación para que saliéramos a distraer la mente y pasarlo bien”, cuenta.

Pero finalmente todo había salido muy mal. Sin pedirles documentos, ni revisarles nada, Devy y Johan fueron trasladados a la 2da Comisaría de Recoleta, donde los bajaron tirándolos de las esposas.

“Cuando yo les preguntaban por qué estábamos detenidos y después de insistir, nos dan de excusa que alguien los habían llamado para decirles que había negros traficando drogas por ahí. Y yo les digo: pero habían tantos negros y ustedes vinieron contra nosotros sin siquiera pedirnos documentos, ni requisarnos, nada”, relata.

Minutos después, Johan llamó a su hijo y a su cuñada para contarles que habían sido detenidos. Ambos llegaron al lugar pidiendo explicaciones, sobre todo el adolescente, quien estaba desesperado por saber qué pasaba con su mamá. Pero sus preguntas no fueron bien recibidas por Carabineros, quienes le habrían dado un golpe en la espalda, para luego esposarlo a él y a su tía.

“Yo cuando oí a mi hijo gritar, dije: qué pasó con mi hijo, por qué me tratan al niño así. Uno de los policías me dice que al niño le dio un ataque de ira cuando lo tenían esposado como un perro, y entonces el niño comenzó a golpearse la cabeza porque quería matarse. Yo empecé a gritar porque me tenían esposada y a mi cuñada también, grité por favor hagan algo, mi hijo se va a matar”, describe.

Entonces, uno de los policías se acercó y le escupió la cara a su hijo de 15 años. “Cálmate, colombiano culiao”, le dijo con Devy presente. “Y yo le digo: pero por qué lo tiene que escupir, le echó una mano de escupo, todo el buzo al niño le quedó escupido”, asegura.

“Mañana tengo que ver cómo te mandan en avión a tu país”

La mujer recuerda que los carabineros presentes en la 2da comisaría de Recoleta grababan cada vez que ella o sus familiares gritaban para pedirles explicaciones. En cambio, detenían la filmación cuando comenzaban a golpearlos o a gritarles insultos.

En un momento, Devy recibe el llamado de su novio, quien es sargento en la Armada. El uniformado le pide que le pase a los policías para hablar con ellos y comienza a preguntarles por qué la agredían de esa manera. “Ella tiene derechos y ustedes se los están violando”, les dijo. Al identificarse como sargento, uno de los policías le quita el teléfono a la mujer y lo pisotea en el piso, hasta quebrarlo.

-Le digo: pero se supone que tengo derecho a hacer una llamada y me responde ‘tú no tienes derecho a nada, negra conchetumadre’.

Más tarde dejaron en libertad a su hermano Johan, a su cuñada y a su hijo. Pero respecto a ella, los carabineros recalcaron: “A esta negra la vamos a dejar aquí, que venga el sargento de la Armada a buscarla”, se reían.

A Devy la derivaron a otra comisaría antes de ser trasladada a la Fiscalía. “Yo fui tratada como una delincuente totalmente”, sentencia convencida. En el lugar, pidió ir al baño y una de las policías la llevó a tirones, dejándole los brazos marcados. “¿Por qué me tratan así?”, les preguntaba y la uniformada respondía: cállate que no tienes derecho a hablar. Entonces insistió y en medio de eso, un funcionario identificado como J. Zúñiga S. le dice: “¿Sabes por qué estás detenida? Porque yo los odio a ustedes, negra conchetumare, odio a los colombianos culiaos”.

El policía de apellido Zúñiga continuó repartiéndole amenazas e insultos: “Y como los odio, voy a levantarte cargos para que echen a todos los colombianos culiaos de este país”, advertía, silenciado las réplicas de Devy. “Cállate negra, que me caes mal”, le soltaba, mientras ella preguntaba por qué. “Porque les tengo rabia, negros conchetumadres”, escupía el funcionario.

A Devy la sacaron a tirones rumbo a la Fiscalía. Al llegar allá, los carabineros aseguraron que ella los había amenazado de muerte e insultado diciéndoles “pacos culiaos”, acusándola del delito de maltrato de obra a carabineros.

“Si amenazar es decir: arriba hay un dios que juzga todo. Yo les decía: tengan por seguro que no iré a la cárcel porque arriba hay un juez llamado dios. Y el daño que ustedes le hicieron a mi hijo, yo sé que ustedes tienen hijos y algún día lo van a pagar. Esa es la amenaza que hice”, recalca.

También dijeron que ella los había agredido, a pesar de que estuvo esposada desde que fue detenida en la calle. Al salir en libertad, en la Fiscalía también le entregaron un parte por supuesto consumo de bebidas alcohólicas en la calle. Ella recalca que “eso es mentira, no nos cogieron tomando ni nada”

A juicio de Devy, lo que ella y su familia vivió fue un claro acto de racismo policial. “Él mismo me repetía: porque los odio a ustedes, negros conchetumadres, quiero que los echen a todos del país y si puedo ayudar con eso lo voy a hacer. Era horrible, se reía y me decía: mañana te tengo que ver cómo te mandan en avión a tu país”, recuerda.

Uno de los policías que participó de su detención.

“Por todos lados hay racismo desde que llegué”

Aunque salieron en libertad, las cosas no están bien para la familia Cuero. Tras la detención, su hijo quedó muy afectado, con crisis nerviosas y una serie de preguntas que nadie le puede responder: “Me decía por qué me hicieron esto, quisiera matarlos y volverme malo, imagínate cómo afectaron al niño”.

A tres días, el adolescente mueve el cuello con dificultad tras el intento de los policías de asfixiarlo. También tiene moretones en las piernas. “Un niño de 15 años esposado que no podía defenderse”, recalca su madre.

Lo peor, dice Devy, es que no es la primera vez que es agredida en Chile por racismo. A menos de un año de su arribo a Chile, ha vivido diversas situaciones de la misma índole. Ella aclara que “no vine a este país ni agredir ni a ser agredida. Yo vine aquí porque en Colombia tengo un niño con un tumor, yo vine a trabajar. No he conseguido si quiera trabajo porque paso el currículum y  recibo racismo. Por todos lados hay racismo desde que llegué”, se sincera.

Al reflexionar sobre lo que vivió asegura que “es desconcertante ver cómo, en pleno siglo XXI” la gente es detenida por ser negra en Chile. Pero recalca que aún piensa quedarse, porque “acá, como hay personas malas, también hay personas buenas. Eso yo lo sé”, dice.

En adelante, la mujer espera demandar a la policía por la detención injusta, pero sobre todo, por lo que más le dolió: “El trato que le dieron a mi hijo. No es justo, no lo puedo permitir, porque como se lo hicieron a mi hijo se lo pueden hacer a muchos niños más. Que no traten a otro extranjero como me trataron a mí. Con esto lo que yo analizo que a los que han sacado a todos los otros con cargos inventados, ellos les inventan los delitos”.

Devy no olvida que el policía que la amenazó le aseguró que él podía acusar a quien se le diera la gana: “Que me podía hundir a mi, imagínate, cómo puede ser una cosa como esa, que aprovechen el uniforme para joder a quien viene a rebuscarse la vida. Yo le dije: ‘mire, ahí está Plaza de Armas, está lleno de narcos y ustedes ahí y no hacen nada'”.

Al terminar su relato, Devy añade que vinieron a buscar una mejor vida y que tiene carácter de refugiada, ya que la finca que tenía se la quitó la guerrilla en su país: “Vengo de sufrir en Colombia buscando un país donde pueda trabajar tranquila y no ser tratada de esta forma”, cierra.