Esta es la primera obra de narrativa de la poeta Elvira Hernández, quien crea una historia entre un pájaro bordado en un trozo de tela y una niña que busca un espacio en el mundo recorriendo ferias y calles en su skate, intentado conseguir el regalo de cumpleaños para su hermana.

Las aves han rondado el imaginario en la obra de la autora, y en este caso ocupa parte del título, pero también es la concepción del vuelo, como en Altazor o Alsino de Pedro Prado. Hernández había participado en las lecturas infantiles organizadas por el poeta Oscar Saavedra, las que habían señalado la necesidad de explorar en el mundo de la niñez. “Para mi es probar una región desconocida, pero estoy contenta de haber aceptado la invitación de la editorial”, señala ella.

“Si pensamos en los cuentos infantiles clásicos, Caperucita, Pulgarcito, Hansel y Gretel, nos damos cuenta que son muy tristes. Hay una idea de las editoriales actuales de edulcorar estas historias, como si la vida fuera una fiesta. En Chircán y Javiera hay alegría, melancolía, tristeza, como una forma de no adornar esta infancia de sobremanera y unas metáforas muy particulares acerca de la migración campo-ciudad que se puede aterrizar a nuevas realidades culturales en nuestro país”, señala Ana María Baeza, académica de la Universidad de Chile y parte de ediciones Pantalón Corto.

Elvira complementa: “En definitiva es el esfuerzo que realizamos por contar una historia maravillosa que nos sume en espacios comunes que actualmente habitan los niños de hoy, los edificios, los bloques de cemento, que se pueden transformar también en elementos mágicos muy sutiles y al alcance de todos. Los niños y adultos de mayor sensibilidad podrán encontrar en estos pequeños detalles un espacio de libertad”.