“…Mena va… mete centro… está Vargas…. ¡Gol! ¡Goooool de la Universidad de Chile! Lo hizo Vargas al minuto 27’ del segundo tiempo. Ahora sí liquida la llave, liquida la cuestión; señoras y señores. La “U” dos, va a la final. Vasco da Gama, cero. Vargas lo hizo!…”

La noche del 30 de noviembre del 2011 la algarabía se desataba en el estadio Santa Laura y en todo Chile, incluyendo el bar del “Club Natales”, donde Jonathan, sus amigos y otros hinchas de la “U” no podían ocultar su alegría: por primera vez verían al club de sus amores en una final internacional. Al terminar el encuentro, el “Killer”, como le decían a Jonathan en el mundo barra, salió junto a los hinchas que veían esa semifinal mientras cantaban, bebían y celebraban.

Fueron al centro histórico de Puerto Natales, donde la celebración duró hasta las 1:50 del jueves 1 de diciembre. Prendieron bengalas, levantaron lienzos y banderas, tocaron las bocinas y cantaron el himno del club. Para cualquier hincha de la Universidad de Chile, era una noche perfecta.

Al terminar la celebración, Jonathan iba camino a casa de su mejor amigo, Fabián. Quién le había guardado una mochila con la ropa que usaría al día siguiente en su nuevo trabajo. Junto con el “Killer” venían cuatro amigos: Pablo Cárdenas, Diego Paillán, Daniel Tenorio y Fernando Bravo, todos integrantes del piño conocido como los “Bullaustrales”.

Previo a eso, su madre lo había llamado un par de horas antes para asegurarse que estaba bien y que iría a trabajar. “Sí, está todo bien, no se preocupe”, contestó él. Ninguno sabía que sería lo último que se dirían.

Eran las 2:53 a.m. cuando los “Bullaustrales” fueron retenidos por Carabineros y les pidieron identificarse. Diego y Fernando lo hicieron. Posteriormente, y debido a que ellos ya habían sido multados esa noche, los dejaron ir a sus casas. Mientras tanto, Jonathan, Pablo y Daniel tendrían que ser llevados a la comisaría para corroborar sus datos debido a que no portaban su carné. Además, según la versión de los uniformados, el “Killer” estaba en estado de ebriedad, por lo que le pondrían una multa.

Para trasladarlos se los llevarían en dos patrullas. Daniel y Pablo, este último esposado debido a que según la versión de Carabineros se resistió a la detención, fueron subidos al primer carro. Mientras que, a Jonathan, quien había sido el primer detenido, lo subieron al segundo. Pablo y Daniel terminaron en la 2da comisaría de Puerto Natales, para poco tiempo después ser llevados a sus respectivos hogares. Con Jonathan fue distinto, a eso de las tres de la madrugada llegó inconsciente al Hospital de Puerto Natales. Según el primer informe médico, presentaba lesiones en la zona lumbar y en la nuca, además de un coma etílico. Fue en esa esquina, de Sarmiento con San Martín, donde se vio por última vez al “Killer” sano y despierto.

Según Carabineros, el hincha abrió la puerta del furgón policial y, debido a que este estaba en movimiento, dio un paso al vacío y cayó. Ni el Cabo 1ro. José Leal ni el Sargento 2do José Mora se darían cuenta de lo sucedido hasta que, dos cuadras después ven la puerta de atrás abierta y el calabozo vacío. En su versión, al mirar hacia atrás lograron captar que había un “bulto” en el piso y una persona parada junto a él. Al volver a buscarlo se encuentran con Jonathan tendido en el suelo, inconsciente. La persona que estaba con él era Roberto Pérez, único testigo de lo sucedido y que señaló que Jonathan había caído golpeándose en la nuca, quedando inmóvil de espaldas al suelo. Dice también que, a la pasada, se le acerca un taxista diciendo: “Tranquilo, ya llamé a la ambulancia”.

Momentos después llega Carabineros, ambos se acercan al “Killer” pero, según sus versiones, deciden no moverlo. Según Rodrigo Barrientos y Jorge Maldonado, el paramédico y el conductor de la ambulancia que llegó a recogerlo se encuentran con Jonathan tendido de lado, lo que difiere del relato del testigo principal. Posteriormente, lo dan vuelta, lo suben a la camilla y se lo llevan al hospital. Ahí permaneció hospitalizado hasta el dos de diciembre, día que fue trasladado al Hospital de Punta Arenas. En ese tiempo, el diagnóstico de Jonathan pasó de ser “Ebrio sin lesiones” a “Coma etílico, policontuso de carácter leve”.

Al llegar a Punta Arenas, a Jonathan le realizan distintos exámenes que terminan con un parte médico que señalaba que el joven de 19 años estaba en riesgo vital. Tenía hemorragias internas y una neumonía aspirativa, por lo que fue trasladado a la UCI. Ahí permaneció 14 días.

El 16 de diciembre del 2011, a las 4:55 a.m., Jonathan Ruiz Poblete fallece a causa de un traumatismo encéfalo craneano grave.

Tras la muerte del joven hincha, distintos medios hicieron público el caso. En sus notas, se tomaba el relato de Carabineros como verídico, a pesar de que no existían pruebas que lo demostraran. Esto, terminó invisibilizando la denuncia de la madre, quien desde el día del accidente sostiene que existen irregularidades en el caso.

Una noticia sin autor del diario La Tercera dice: “Según denunciaron sus familiares, Jonathan Ruiz Poblete (19) se golpeó contra el cemento al caer desde un vehículo de Carabineros, luego de ser detenido cuando celebraba un triunfo de Universidad de Chile en un partido de la Copa Sudamericana”. La madre de Jonathan, la señora Bernardita Poblete, jamás dio por cierta esta historia, ya que consideraba el relato de Carabineros incomprobable y dudoso. Además, para ella los diagnósticos de los doctores no tomaban en cuenta las lesiones que tenía su hijo.

No solamente el diario capitalino cubrió el caso de esa manera. El diario “El Pingüino” de Punta Arenas también tomó la versión de Carabineros y lo expuso sus lectores como un relato único.

El “Killer”: la persona

Jonathan Ruiz Poblete tenía 19 años, medía un metro setenta y tres, era de contextura gruesa y le gustaba utilizar ropa ancha, casi siempre de la Universidad de Chile. Había salido del colegio en el año 2010 e iba a comenzar a trabajar en las Torres del Paine como empleado de CONAF. Era el mayor de cuatro hermanos, quienes lo consideraban alguien muy cariñoso y cercano a la familia. Normalmente salía junto a sus amigos a ver partidos de la “U” o sacaba a pasear a sus perros pitbull.

Su madre, la señora Bernardita, comienza a recordarlo sentada en la que era su pieza, la que sigue intacta hasta el día de hoy, a pesar de ser utilizada por su hermano menor. En las paredes, aún se mantiene la insignia de la “U” pintada por Jonathan; unas banderas y posters de la época y un lienzo azul del largo de la pared que dice: Fuerza Killer, el cual fue usado en las distintas manifestaciones convocadas para apoyar a Jonathan después de lo ocurrido y que se levanta una vez al año para conmemorar su muerte.

Además del caso relatado, el “Killer” ya había tenido conflictos previos con Carabineros. Bernardita cuenta que siempre tuvo problemas con la policía del lugar, fuera por pasear a sus perros sin bozal o porque no portaba su carné. No obstante, el joven barrista sí era querido por sus vecinos, muchos de ellos amigos de él.

Posterior al incidente, hinchas de la Universidad de Chile y amigos de Jonathan se aglomeraron para darle apoyo al “Killer” y exigir justicia. Cuatro días después de lo sucedido, alrededor de treinta personas se reunieron fuera del Hospital de Punta Arenas después de que el diario La Prensa Austral publicará una nota que se titulaba: “Brutal Golpiza deja en coma cerebral a hincha de la U”. También, se convocaron velatones luego de su muerte, en las que se acusó a Carabineros de burlarse y reírse en la cara de los manifestantes.

La búsqueda de la verdad y las irregularidades que se encuentran en el camino

Ese jueves 01 de diciembre a las 8:45 a.m., el amanecer de la señora Bernardita era interrumpido por una llamada de su vecino Patricio Ojeda, portero del hospital de Puerto Natales, quien le avisa sobre la hospitalización de Jonathan por coma etílico. Carabineros jamás se contactó con la familia.

Cuando llegó a ver a su hijo, entre su ropa encuentra la citación del juzgado de policía local de Puerto Natales debido a una infracción a la ley de alcoholes, firmado por el Sargento 2do José Mora. Después, al consultar sobre la salud de su hijo, el doctor Jorge Pavón le dijo que todo se trataba de una curadera y que en la tarde del mismo día ya se lo podría llevar a casa.

En su declaración, la madre afirma que pidió un justificativo para entregar en CONAF por la inasistencia de Jonathan. “Me dirijo nuevamente al hospital, cuando me acerqué a él, me sorprendí: tenía lesiones en la espalda, codos y su nuca estaba rojiza”. Fue en ese momento en que Jonathan tuvo uno de sus atisbos de conciencia y exclamó “mi cabeza explota… duele mucho”.

Al contarle a los doctores ellos se limitaron a decir: “Señora, tiene que esperar que a su hijo se le pase el hachazo”. Situación que también denuncia María Vergara, pareja de Jonathan en esa época. Ella declara que nunca lo evaluaron a pesar de lo mal que se sentía, incluso rechazando la primera petición de trasladarlo a Punta Arenas. También respalda la versión de la madre, acusando a la doctora Paulina Fochs de decir que Jonathan se encontraba bajo los efectos del alcohol y las drogas, que saldría apenas se le pasaran. A pesar de esto, al ser interrogados en la investigación, los doctores defienden que hicieron el procedimiento adecuado y que no perjudicaron la salud de el “Killer”.

Esta no es la única discordancia entre los relatos de gente cercana a Jonathan y la versión oficial. El día del suceso, Guadalupe Santana y Jorge Antiñanco, dueños de la cabaña que estaba a escasos metros de donde se vio al “Killer” tirado, cuentan que Guadalupe, al sentir ruido, despertó a Jorge porque pensó que la persona accidentada era uno de sus residentes. Al darse cuenta de que no lo era, Jorge, quien había salido a mirar, volvió a su hogar. Ninguno vio al testigo; ambos coinciden que Jonathan no estaba tirado de la forma en que especificó Roberto Pérez, quien dice que justo pasaba por ahí y vio como el “Killer” abría la puerta y caía, pero sin darse cuenta cómo. Según Bernardita, Pérez tiene fama de ser el “sapo” de Carabineros, ya que no fue su primera vez como testigo clave de un caso como este, por lo que duda de su relato.

En el primer informe de lo sucedido, escrito por el Sargento 2do José Mora, salía que Jonathan había golpeado la puerta del furgón, dañando la ventana y la reja protectora, pudiendo abrir la puerta desde ahí. Posteriormente, Carabineros rectificó diciendo que ese carro estaba dañado por un control previo a la detención de Jonathan, donde un joven en estado de ebriedad golpeó la ventana hasta romperla.

En las pericias, también se descubrió que la puerta del calabozo tenía el candado abierto, ya que no tenían la llave correspondiente, por lo que era imposible cerrarlo. Tampoco existe una claridad del por qué se llevaron a Jonathan separado del grupo. En las declaraciones solamente se dice que lo subieron al carro solo, pero no el porqué de esa decisión. También, la madre del joven hincha señala que encontraba una incoherencia que una persona en coma etílico sea capaz de levantarse de un auto en movimiento y abrir una puerta como la de ese furgón.

En la investigación, tampoco existen exámenes que comprueben la versión de Carabineros, quienes se respaldan en que los uniformados que controlaron a Jonathan le encontraron hálito alcohólico y dificultad para hablar y caminar. Sus amigos, los “Bullaustrales”, decían que, si bien bebieron, ninguno de ellos estaba ebrio. Solamente habían bebido lo justo para estar “contentos”.

Este tipo de irregularidades, sumado a la negligencia médica que acusa la familia a la hora de ver los cuidados de los doctores, llevaron a la señora Bernardita a comenzar un proceso judicial contra el Sargento 2do José Mora; el Sargento 2do Félix Álvarez; el Cabo 1ro José Leal; el Sargento 2do Enrique Soto; y el Capitán Alex Lepe. Además de los doctores Jorge Pavón, Paulina Esparza y Paulina Fochs. Todos cómplices directos de lo sucedido con Jonathan.

El caso tuvo tres grupos de abogados, dos propuestos como ayuda por parte del senador Pedro Muñoz; quienes hicieron las diligencias necesarias para comenzar la investigación y después lo dejaron. Ahí, los hermanos Javier y Cristián Opazo tomaron el caso. Ellos le cobraron alrededor de 2 millones y medio de pesos a la madre para cubrir los gastos operacionales y el sueldo de estos. Ambos desaparecieron el año 2015, no viajaron más a Puerto Natales, dejaron de notificar los avances del caso y dejaron de responder las llamadas. Bernardita señala que, a diferencia de los dos abogados anteriores, ellos “Siempre estaban del lado de los carabineros”.

Los hermanos Opazo fueron quienes le recomendaron a la madre de Jonathan enfocar la demanda en los médicos y no en Carabineros, a pesar de que los otros abogados hayan realizado diligencias previas en contra de los uniformados involucrados en el caso.

Hoy, la señora Bernardita es asesorada por una persona que le ha contado todo lo que ha pasado con el caso desde que los hermanos Opazo desaparecieron. Ahí, se enteró que existió un proceso contra los carabineros involucrados, que determinó que el Sargento 2do Mora fuese condenado a 12 días de presidio; el Sargento 2do Félix Álvarez a ocho, al igual que el Cabo 1ro José Leal; mientras que el Sargento 2do Enrique Soto fue condenado a cuatro días de arresto, todos debido a negligencias en el proceso de detención. También, se enteró de que la causa en contra de los doctores involucrados fue sobreseída y que ellos fueron trasladados.

Actualmente, ingresaron una demanda en la Corte Internacional de D.D.H.H por todo lo sucedido. “El caso lo trabajamos en silencio, así no tenemos problemas, pero esto aún no está terminado” señala Bernardita.

Hoy, el “Killer” tendría 26 años y sería padre de una niña de seis; quien no conoció a su padre por que murió antes que naciera. A pesar de esos días de sufrimiento, la madre revive con emoción la noche del 14 de diciembre del 2011, final de la Copa Sudamericana de ese año. Ella y Fabián, el mejor amigo de su hijo, escucharon el partido junto a Jonathan mientras permanecía en coma en la UCI, sabiendo que, si hubiese podido, él no se lo habría perdido por nada.

La “U” venció por 3 a 0 a su rival y se coronó campeona. Quizás ese amor por los colores le dio el aguante para resistir hasta ese día. Ese mismo amor por el cual Carabineros lo detuvo 16 días antes y no lo dejó gritar más un gol de su amado equipo.