Concretar los desafíos de la educación no sexista más allá de lo que el papel aguanta es una enriquecedora experiencia. Hablar de coeducación en una realidad que perpetúa estereotipos femeninos y masculinos, es como luchar contra un gigante. Sabemos que palabras, juguetes, cuentos y expectativas construyen caminos diferentes en la infancia. Los textos escolares de la historia de Chile mantienen las figuras estereotipadas de hombres y mujeres, asociando atributos como liderazgo a los hombres, mientras que las mujeres se caracterizan como cuidadoras. También se excluye de la educación a investigadoras, artistas y grandes inventoras. Mucho menos considera a quienes no se identifican con roles femeninos o masculinos. Aquí es donde percibo la cuna de la acumulación del conocimiento desde una perspectiva machista y notoriamente sexista.

Urge incorporar enfoque de género en la acción pedagógica, ya que derribaría las barreras sociales, permitirá apreciar las capacidades más allá de los estereotipos y contribuiría a una sociedad con mayor igualdad. El papel aguanta todo, por lo que es necesario conocer el panorama sobre el que pretendemos hacer un cambio. En lo personal, trabajar junto a escolares es la clave. Es comprender más allá de lo que la teoría postule. Es conocer y comprender que la infancia está completamente subestimada. La educación convencional otorga una formación diferenciada. Esto es evidente, y por lo tanto, injusto. Entregar las herramientas y capacidades para entender el por qué potencia la acción de cambio y pinta un panorama distinto.

La coeducación implica educar desde la igualdad de valores a las personas. Sus bases se construyen desde el reconocimiento de las potencialidades en la infancia independientemente de su sexo y los roles que derivan del ser hombre y ser mujer. Es un área en la cual hacer efectivo un cambio de paradigma.

Propiciar espacios para reflexionar y cuestionar las relaciones entre las personas influye en integrar esta perspectiva en la vida cotidiana. Es incorporar la lucha del feminismo por la erradicación de los prejuicios, la discriminación y los estereotipos. Es fundamental que la educación chilena incorpore una visión de género para erradicar los sesgos con los cuales crecemos, y así concretar el verdadero desafío.