En el marco de una nueva conmemoración del Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres, celebrado el pasado 25 de noviembre, conversamos con la historiadora feminista Luna Follegati sobre las principales estructuras que sostienen la violencia machista y las consecuencias en las vidas de las mujeres.

En el programa radial de la Red Chilena contra la Violencia hacia las MujeresMujeres en Sintonía, Luna Follegati analizó las condiciones de violencia contra mujeres desde una perspectiva estructural y en estrecha relación con el modelo económico y cultural.

La historiadora explica que las condiciones de exclusión y desigualdad de las mujeres en relación a los hombres se reproducen estructuralmente: “Al estar en una sociedad machista y bajo un sistema patriarcal, las mismas instituciones tienden a reproducir eso”, señaló. Además, contó que el patriarcado se define a partir de una diferencia en la composición biológica de los sexos, se construyen culturalmente diferencias asociadas a lo femenino y lo masculino, “se asigna un estatus, posición y situaciones de privilegio que conllevan ciertas jerarquías de poder entre hombres y mujeres”, dijo.

¿Cómo se relaciona esa construcción patriarcal de las sociedades con el sistema económico capitalista?

Una forma de reconocer cómo se vincula el capitalismo y el patriarcado es reconocer nuestra propia experiencia. ¿Cuáles han sido las posibilidades que yo he tenido?, ¿cuáles han sido aquellos momentos en los que me he tenido que restringir de hacer cosas?, y en comparación con los hombres, ¿cuáles son las condiciones de igualdad efectiva que yo he tenido en el trabajo, en mi vida, en la crianza, en el cuidado, etc? En el caso de las mujeres la condición de precarización habla de que nosotras, al estar históricamente asociadas a las tareas del trabajo doméstico no remunerado, hemos tenido que estar vinculadas al espacio de la casa. Eso ha llevado a que se tengan que congeniar los espacios de trabajo remunerado con el de la crianza, entonces en términos de cómo se vincula, esa es la primera acción concreta. Al momento en que nosotras hemos tenido que salir a trabajar para complementar sueldos, existe una minusvaloración, se considera menos importante, se nos paga menos, recibimos casi un 30% menos de sueldo que los hombres en relación a los mismo niveles de estudio y de labores. Ahí ya tienes un primer gesto, que por el hecho de ser mujer y estar asociada a la maternidad, a la reproducción social de la especie, significa que nuestra tarea de trabajo es secundaria. Aún cuando tenemos altos niveles de mujeres jefas de hogar y se tienen que hacer cargo de la familia. […] A eso se le suma que cuando nos subimos al metro tenemos que estar en condición de alerta y defensa porque es posible que nos vulneren en términos de acoso sexual, por ejemplo. O en nuestra misma infancia, hemos estado en una condición donde por el hecho de ser mujeres somos posibles “víctimas” de una situación de acoso, abuso, etc. Esa es una situación adversa que reconoce que hoy en día la disputa patriarcal y los problemas capitalistas se viven en los cuerpos de las mujeres. Nuestros cuerpos están atravesados por esas contradicciones y son un ejemplo de que a mayor condición de precarización, si eres inmigrante, si eres pobre, es más posible que estés con estos cruces de violencia, discriminación, exclusión, que son permanentes.

¿Qué significa que las mujeres estemos en una condición precarizada?

La forma neoliberal del capitalismo es perversa en tanto le adscribe a los individuos la responsabilidad que, dentro de un proyecto socialista debiera estar vinculado al Estado, no solamente las mujeres debiéramos estar responsabilizándonos de la crianza, sino que debiera ser un trabajo social. Como también en el ámbito económico, al tener nosotras un trabajo informal implica que estamos absolutamente expuestas a no tener una salud digna, un sistema de pensiones que nos permita llegar tranquilas a la vejez, a no tener licencias médicas y una serie de otras situaciones que lo hacen es responsabilizar a los individuos de su bienestar. […] Las generaciones anteriores tenían un apoyo familiar, existía una red de cuidados basada en las abuelas, en las tías, etc. Hoy  eso se está perdiendo porque las generaciones tienen que trabajar cada vez hasta más edad, y extienden la posibilidades de jubilación y, por lo tanto, las redes familiares que apoyaban a las mujeres dentro del tema de la crianza hoy en día ya no existen. […] El feminismo lo que llama es a combatir esa situación también, no solo a decir que estamos en una condición de subordinación, injusticia, desigualdad, sino que eso debe cambiar en tanto que es necesario considerar una lucha y una organización para poder responder de forma conjunta a esta construcción estructural.

red chilena contra violencia hacia mujeres

Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres

¿Cuál es el rol del feminismo en este contexto?

Es importante poner en discusión el término feminismo. Porque acá no solo estamos hablando de cuestiones que son necesarias: inclusión, paridad, respeto, fin al acoso sexual… Lo que estamos viendo es que además eso está aparejado a otras condiciones. No basta con un feminismo que solamente quiera tener los espacios de acceso a las mujeres en igualdad que los hombres, sino que también en estas condiciones cotidianas culturales, de la familia, de la casa, del trabajo, exista una verdadera igualdad que no puede ser sino con una transformación estructural de carácter mayor y eso tiene que ver con una reformulación del sistema neoliberal, con una transformación del carácter capitalista. El capitalismo siempre va a reconocer grupos y cuerpos específicos que van a cumplir las tareas que nadie quiere que hagan, esas tareas que han sido asignadas a las mujeres históricamente, porque saca garantías. Saca provecho de que las mujeres trabajen gratis cuidando, haciendo el aseo, cocinando, etc., eso ayuda al sistema capitalista a que se siga reproduciendo […] Lo más difícil de asumir para aquellas personas que no son feministas, o que están entrando en el tema, es básicamente señalar que aquello con lo cual nos han educado, con lo que nuestra familia nos ha dicho lo que tenemos que hacer, o con lo que nosotros consideramos correcto o pertinente para las mujeres, no es una cuestión natural sino que es una construcción que se basa en relaciones sociales, que no necesariamente tiene que ser de esa manera y que esta manera genera desigualdades, violencia, discriminación, etc. El sistema patriarcal se ha ido construyendo y tal y cómo se construye se puede deconstruir, se puede transformar y el feminismo lo que busca es esa transformación.

¿Cuál es tu lectura del contexto mundial de avance de los fascismos y el rol que debemos jugar las mujeres en eso?

Lo que vive Latinoamérica hoy día corresponde a un ascenso de una perspectiva nueva-vieja. El fascismo, en términos de reconfiguración de lo que había sido en el contexto del siglo XX, lo que hace es dar un nuevo giro al carácter neoliberal o a las formas de acumulación capitalista. En ese sentido hay una articulación compleja entre una reafirmación del nacionalismo, de lo propio, de los valores históricos, donde se incluyen los roles históricos de las mujeres (maternidad, cuidado) y una reafirmación en contra o en resistencia a aquellos aspectos en los que se ha ido avanzando en el último tiempo, vinculado a ampliación de derechos de la diversidad y disidencia sexual, de las mujeres, la incorporación de una perspectiva de derechos en distintos ámbitos… Hay líderes como [Jair] Bolsonaro o el mismo [Donald] Trump, que lo que hacen es decir lo que hace un tiempo era indecible en términos públicos. Nosotras tenemos que responder de forma articulada y conjunta a ese tipo de violencia que llama a un exterminio y una resistencia frente a lo que ellos consideran que es distinto   diferente. Resignificar la cuestión de la misoginia, salvaguardar aspectos machistas y considerar a las personas en niveles o escalas según sus características sexuales, raciales o étnicas es algo que nosotras no podemos permitir, en tanto feministas, en tanto personas con un pensamiento político. Tenemos que hacer una resistencia conjunta, ojalá internacional, y de forma efectiva ante el avance de los fascismos a nivel latinoamericano porque lo que puede ser es que justamente llamen a nuevas formas de violencia en las que no podemos caer como continente nuevamente.

* Entrevista original publicada por la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres.