El 7 de octubre del año 2006 la selección chilena de Hockey Patín se coronó campeona del mundo. Un deporte de segundo orden, como todos los deportes que son opacados por el fútbol, conseguía lo que ningún deporte colectivo había logrado nunca.

El hito se complementa con todos los elementos propios de una gesta épica: las marcianitas no recibieron apoyo económico de nadie, las carencias financieras eran tales que apenas contaban con todo el equipamiento técnico.

Sin ser profesionales, el elenco nacional pudo vencer a representativos de países en los que el hockey patín sí es una actividad rentada y que cuenta con un apoyo masivo de hinchas y patrocinadores.

Muchos de los adversarios aparecían como imbatibles para la selección chilena. Pero fueron derrotados. Las “Marcianitas” vencieron en buena lid a sus oponentes en la cancha. También a sus oponentes fuera de ella. Y estos últimos sí que se veían como invencibles. Las dificultades finalmente quedaron atrás: ellas fueron, sin discusión, las mejores del mundo.

Las mujeres llegaron a la cima antes que ningún hombre. Un hito del deporte colectivo aún poco valorado. Una gesta que resitúa el valor del trabajo y el esfuerzo colectivo. El triunfo de un grupo de mujeres guerreras que merece ser siempre recordado.

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