Una nueva detención policial de dos miembros de la milicia Escritório do Crime (“oficina del crimen”), presuntamente involucrados en el asesinato de la concejala feminista Marielle Franco, elevó las sospechas de que existe relación entre los autores del crimen y la familia del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.

Esto, pues uno de los detenidos es Ronnie Lessa, un ex sargento de la Policía Militar (la versión brasileña de Carabineros) que vivía en una casa en el mismo complejo residencial donde vivía la familia Bolsonaro (antes de mudarse a Brasilia), en el barrio de Barra da Tijuca, en Río de Janeiro. De hecho, Lessa fue arrestado durante esta madrugada de martes (12/3) justamente en esta casa.

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Más allá de lo raro que es que un sargento retirado tenga una casa en uno de los complejos más lujosos de Río de Janeiro, el tema es que Lessa habría sido delatado por otros cinco miembros del grupo Escritório do Crime, los cuales fueron detenidos en enero y cuyos testimonios aseguran que él fue el autor de los disparos contra el auto que trasladaba a la concejala, su chofer Anderson Gomes y su asesora, Fernanda Chaves (sobreviviente).

El otro detenido también tuvo pasaje por la Policía Militar. Se trata de otro ex sargento llamado Élcio de Queiróz, que según los delatores era quien manejaba el vehículo que persiguió el de Marielle Franco y su equipo por las calles del centro de Río durante el asesinato, ocurrido hace casi un año, en la noche del 14 de marzo de 2018.

Un tercer sospechoso (y también ex policía), el ex capitán Adriano Magalhães, se encuentra prófugo. Fue apuntado por los cinco delatores como uno de los autores intelectuales del asesinato de Marielle Franco. Magalhães fue el primero en ser ligado entre los sospechosos y la familia Bolsonaro, ya que su esposa estaban registradas como asesoras de la oficina de Flávio Bolsonaro cuando este era diputado regional (similar a un core en Chile) por el Estado de Río de Janeiro (hoy es senador de la República).

El grupo Escritório do Crime es una de las milicias más poderosas de Río de Janeiro, pero no se deben  confundir con las bandas de narcotráfico que actúan en las favelas, aunque sean parecidas.

De hecho, se podría decir que las milicias son un efecto colateral del narcotráfico, pues son grupos armados que actúan en las regiones pobres de los cerros y periferias de la ciudad. Primero, ofreciendo seguridad a cambio de dinero y; luego, extorsionando y prácticamente creando una especie de poder paralelo, por el cual controlan incluso algunos servicios, como la distribución de gas. Además, también actúan como grupos de exterminio, ya sea por encargo o por la necesidad de dominar territorios, y mantener los que consideran “sus clientes”.

Hasta ser asesinada, la concejala Marielle Franco fue la figura política carioca que más trabajó para tratar de desarticular el poder de las milicias en algunos barrios de Río de Janeiro, por lo que no es difícil imaginar el móvil del crimen, aunque todavía no se ha revelado un informe especificando esas razones.

También hay que decir que no existe hasta ahora ningún indicio que apunte la participación directa con los Bolsonaro en el crimen de Marielle Franco. Lo que sí hay son coincidencias que demuestran que al menos dos sospechosos que participaron del atentado a la concejala tenían alguna relación con la familia presidencial, sea viviendo en el mismo complejo residencial o porque el hijo del presidente empleaba a dos parientes suyas en su oficina.

Además, esas relaciones se fortalecen por las muchísimas declaraciones de Bolsonaro en favor de la actuación de las milicias, algo que viene de muchos años, de épocas cuando ni soñaba en ser la máxima autoridad del país.

En 2003, durante un viaje al Estado de Bahia, Jair Bolsonaro dijo que “mientras el Estado no tenga el coraje de adoptar la pena de muerte, los crímenes de exterminio (una de las especialidades de las milicias), seguirán siendo muy bienvenidos. En Bahía, donde ellas (milicias) pueden actuar, la delincuencia ha bajado, según las informaciones que manejo (dato falso)”.

Luego, en el 2008, justificó su actuar en una entrevista para el diario O Globo, diciendo que: “algunos milicianos no tienen nada que ver con cosas malas, como controlar la venta de gas en la zona donde actúan. Es solo un sujeto que gana un sueldo bajo como policía o bombero, y como tiene su propia arma, puede organizar y ofrecer el servicio de seguridad a su comunidad”. Curiosamente, ese perfil descrito por el hoy mandatario podría encajar en el de Lessa, Queiróz y el prófugo Magalhães, y además explicar cómo el ex-sargento Lessa, que probablemente ganaba un sueldo bajo por ser un militar de rango menor, tenía recursos para vivir en un complejo residencial de lujo y ser vecino de la familia Bolsonaro.