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Ha llegado carta: No solo el coronavirus llegó al Centro Penitenciario Femenino, también correspondencia desde todo el mundo para apoyar a las mujeres prisioneras

Publicado: 07.05.2020

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Como las visitas y las actividades se suspendieron, el taller literario de Paulina Vergara en el Centro Penitenciario Femenino de Santiago no pudo continuar. Sin embargo, ella siguió yendo una vez a la semana a visitar a sus talleristas y conocidas. Ya no se reúnen en la biblioteca o en una sala, sino que pueden comunicarse desde la entrada del patio, a una “distancia desesperante”. Lo que no ha impedido que el proyecto tome un nuevo rumbo. Al poco tiempo de ir a llevarles material literario, Paulina se dio cuenta que eso no era suficiente. “Necesitaban expresarse y comunicarse con ellas mismas y con otras personas más que antes porque ahora el aislamiento es doble. Entonces voy patio por patio a entregar cartas, y llevar papel y lápiz para que puedan responderlas. Ellas no pueden tener internet por eso es tan relevante la carta en este momento. El coronavirus ya llegó al CPF y la ansiedad se disparó”, explica. 

El intercambio comenzó hace algunas semanas, a partir de la convocatoria publicada en sus redes sociales. Han llegado cartas de distintas ciudades de Chile, México, Estados Unidos, España, Bélgica y Alemania. “Al comienzo pensé que responderían solo mis amigas y amigos pero no, empezaron a llegar de muchos lados. Algunas son más literarias que otras, cortas o largas, pero con un denominador común, apoyar a mujeres que están en condiciones más difíciles. Las emisoras no cuestionan la situación de sus destinatarias, solo buscan acompañarlas y darles lo que ellas pueden en una carta. Con este proyecto ha aflorado una sororidad que yo desconocía. Las destinatarias son mujeres del CPF Santiago, no necesariamente de mi taller de literatura aunque las más entusiasmadas son extalleristas y sus amigas”.

Aunque las cartas son escritas a mano, ella debe imprimirlas en el mismo centro penitenciario para impedir contagios. Se las pasa a través de una reja, ya que las medidas de prevención por la crisis sanitaria impiden mayor cercanía. Paulina cree que, entre otras cosas, esto puede ayudar a cambiar la imagen que la sociedad tiene de las personas que están en prisión. 

Querida amiga, mujer, querida desconocida, a ti mujer, comienzan las cartas. Paulina se encarga de buscar la destinataria más acorde para cada una Por ejemplo, para una de ellas que le encanta dibujar y tiene una adicción severa la pasta base, eligió una carta con dibujos. “Además de apoyarlas en este momento, les va a abrir mundo cartearse con personas diferentes. Eso espero. Todas temen al contagio; ellas y yo y por eso extremamos los cuidados sanitarios», relata Paulina.

Algunas cartas dicen:

“Hola, imagina que te doy la mano y me presento: me llamo alma Alicia Piña Laynez, soy mexicana, de un estado del sureste que se llama Campeche. Mi ciudad también se llama Campeche, está situada frente al mar”

 “Hola guachita, espero dentro de todo estí bien, el otoño hace caer las hojas de los árboles. El sol ya no calienta como antes. La pena y el miedo gobiernan corazones vacíos. Y ayer miré un ratón subir y perderse en el entretecho. Quebré la tele y comencé a soñar, soñé que volaba. Y tú ¿qué soñaste la última vez? Respira lento, respiro lento. Te Quiero».

 

 

 

 

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