Por Daniel Noemí

Para la Vero, porque sí

Entre la exuberante vegetación de Oaxaca y el olor a mar de Zipolite, con sus turistas calatos y fumados, las ganas de comer un pescado fresco y unos camarones a la diabla inigualables, me encontré leyendo la última novela de Tryno Maldonado. Así, sin esperarlo, se me ocurrieron algunas ideas que son como de crítica literaria pero que tienen más sueño y más viaje. Lo que sigue son mis notas sobre la novela Teoría de las catástrofes del Tryno y por qué, creo, nos pueden ayudar a pensar sobre un tipo de narrativa y de novela que reflexiona sobre los movimientos sociales y, además, se constituye en parte de ellos.

Todos tenemos nuestras obsesiones. Algunos no podemos vivir sin avisar en Facebook que fuimos al baño o twittear que acabo de ver a fulana con zutano; otros se preocupan de la cantidad exacta de lípidos y calorías que consumen; y hay quienes luchan—esto ya se parece a Brecht— incesantemente por una causa, a tal punto que esta deja de tener sentido en sí y se convierte en otra cosa (en una metáfora dirán algunos). Yo estoy obsesionado con las crónicas. Tryno Maldonado está obsesionado con leones. Y esa es una buena obsesión, al menos en su caso. Porque los leones son un modo de escribir otra obsesión que late todo el tiempo en su escritura: la de la posibilidad de una revolución estética y política (y, digamos desde ya, que ninguna de las dos puede tener éxito total; solo logros parciales y esporádicos).

La primera novela de Maldonado fue un intento por acercarse a y reírse de los escritores del Crack. ¿Qué ellos escriben esas novelas no latinoamericanas situadas en el corazón de Europa en tiempos duros? Viena roja lo hacía liviana (que no es lo mismo que light) y entretenidamente. Como un partido de fútbol que se juega con gracia y con un par de habilidosas jugadas; aunque sin tener en la cancha a Messi o a la selección española.

Temporada de caza para el león negro fue otra cosa. Fue el escritor que de pronto se dio cuenta que su literatura sí era posible y que había un sentido (que es siempre una búsqueda) en ella. Un sentido en la forma, en romperla, en revolucionarla aún sabiendo demasiado bien que no había nada de original en ello, pues se parte de la certeza que todo ya ha sido hecho. Así y todo, con su boutade neo-vanguardista, su exceso coprolálico y velocidad postmo, Temporada fue un fresco de frescura en y de la realidad literatura latinoamericana.

Pero estábamos hablando de las obsesiones de Maldonado. Los leones. Teoría de las catástrofes está asediado por leones: los de origami de Davendra, el niño con Asperger, un genio; los leones que luchan en el movimiento social oaxaqueño, los leones internos de Anselmo y Mariana; y los más terribles de todos los leones, los que pertenecen a los militares—el personaje del Comandante está a la altura (o a la bajeza debiéramos decir) de otros grande (o bajos) de la literatura: el Marlow de la selva, el abogado a cargo de Lisbeth Salander… Sí, la novela ruge de varios modos; a ratos flaquea y pareciera que se va a quebrar, pero no, como Charly, aguanta.

Teoría de las catástrofes se inserta en una incipiente corriente de narrativa que no es solo mexicana o latinoamericana, sino que es auténticamente global—lo cual no hace ni más ni menos de ella, pero da cuenta de una realidad de procesos económicos y culturales y sociales de los últimos años. Teoría es una novela de movimiento social. Prefiero el uso del singular, a pesar que la categoría no se refiera a un movimiento en particular (aunque evidentemente la novela, cada novela, suela hacerlo); pues el carácter abstracto nos permite lograr un mayor alcance, una mayor apertura.. Así como en la historia latinoamericana se ha hablado de la novela de la Revolución (mexicana); de la novela del Dictador (latinoamericano con algunas concesiones españolas); nos corresponde ahora declarar y describir esta imaginación que está adquiriendo literal (y virtual) textualidad de Oaxaca a Freirina, de Algeciras a Estambul, y de Cochabamba a Donde-el-diablo-perdió el poncho; la novela de movimiento social no se afilia (ni afila) a una posición política determinada ni profesa una línea estética única (aunque sus armas suelen tender al realismo). No es, para nada, apologética de este (repito: cuando digo uno quiero decir múltiples); pero, quizás sin pretenderlo, pasa a conformar parte del mismo; con todas sus contradicciones y aporías contribuye a él. No me corresponde aquí trazar una genealogía de la novela de movimiento social o intentar una caracterización más detallada o advertir qué novelas ya forman parte de esta velocidad de nuestros tiempos). Teoría de las catástrofes es la historia de un levantamiento de maestros en la ciudad de Oaxaca quienes apoyados por diversos sectores sociales y grupos de variadas posturas políticas, pone por un momento en jaque el funcionamiento normal del Estado. Como graffitean unos de los personajes: Aquí comienza la revolución. Es la narración de ese momento, de sus triunfos parciales y sus derrotas momentáneas. Toda relación y correspondencia con la realidad no es una casualidad; la novela está dedicada a quienes lo vivieron. Y es también la historia de Anselmo y Mariana; profesores no sindicalizados, de su paulatino (en un caso), involuntario (en el otro)involucramiento con el movimiento. Y de los personajes que los rodean. Guerrilleros que han devenido cocineros pero siguen cocinando con el revólver; chicos fresas que reniegan de sus familias y pagan el precio que toda apuesta radical conlleva… Sí, es verdad que hay algo de estereotipos en estos personajes. El pasaje en que Anselmo se convierte en un Casanova de ocasión, es risible y poco verosímil. El narrador, como jugador bueno para la pelota, se engolosina en las escenas de acción. Demasiada acción mata la acción. Pero hay mucho que contrarresta esas faltas. Como dicho el Comandante resulta sobrecogedor y aterrador: breve mínimo, preciso, sus movimientos y palabras parecen dirigirse al mismo lugar pero en realidad están yendo en direcciones opuestas, apuntando a universos distintos. Y los leones. Devendra construye obsesivamente leones de origami y se rodea de todo lo que tenga que ver con leones. ¿Metáfora de la revolución fracasando? ¿De la incapacidad de comunicarse? ¿de la fuerza solo aparente del movimiento, que parece león pero que en realidad no es más que papel…? ¿O más bien una reflexión sobre los literales dobleces y quiebres que tiene la palabra para hablar del presente y contribuir a construir, así, el futuro?

La lucha, escribe Maldonado sin escribirlo, continúa. Los leones están ahí, los leones somos nosotros.

Miro el mar de Oaxaca. Miro las olas. Sí, se escucha clarito: rugen.