Un entrenamiento de la memoria

El giro subjetivo de la representación del horror en “Ensayo general” de Ernesto Orellana Por Jorge Díaz Fuentes Colectivo Universitario por la Disidencia Sexual (CUDS)

“El regreso del pasado no es siempre un momento liberador del recuerdo, sino un advenimiento, una captura del presente” Beatriz Sarlo

Hemos recibido estos cuarenta años de golpe militar de una manera somática. Hemos sentido estos cuarenta años de golpe en el cuerpo. Pero no en cualquiera. Hoy más que nunca tenemos que decir que no todos los cuerpos son iguales. Las imágenes del horror nos lo han mostrado, nos lo han exhibido escandalosamente. Hemos recibido estos cuarenta años de golpe militar en el cuerpo social y sexual de las desobediencias que vuelven a pensar que tenemos que entrenarnos para sobrevivir. Sino el cuerpo no se nos mueve. Y es justamente ahí, en su movilización, que aún nuestro cuerpo es un agente de presencia incómoda. Porque nos quedó de golpe. Hemos recibido estos cuarenta años de golpe creyendo firmemente que necesitamos de representaciones que interroguen y evidencien a las subjetividades minoritarias que viviendo el dolor de la desaparición, no aparecen en los grandes relatos oficiales sobre la tortura de estado. Ahora bien, sin duda el nudo de esta representación se encuentra en comprender cuáles son los medios a través de los cuales podríamos exponer estos relatos. Entonces, volvemos a creer que eso que una y otra vez insistimos en llamar arte, representación o interrupción tiene la posibilidad de profundizar en aquel daño, en aquel golpe que nos deja aún la siguiente pregunta: ¿Qué ocurre que a pesar de las ya conseguidas prácticas humanistas del aparato democrático es imposible tranquilizar una memoria que como olas sigue reventando traumas, recuerdos y dolor? Pues bien, aquí está Ensayo General, escrita y dirigida por Ernesto Orellana que propone un ejercicio crítico del cómo la tecnología de la representación tiene aún la posibilidad de hacerle justicia a aquellos recuerdos del horror de esas vidas insoportables, esas vidas ya casi no posibles de vivir. La obra, un diálogo devenido monólogo nos expone, desde una identidad y lenguaje local, los entrenamientos de un hombre que nos advierte que lo que veremos es el ensayo general del encuentro entre un cuerpo y el asesino de su padre. Vemos la representación de un ensayo donde se propone que el entrenamiento tanto en su dimensión física como representacional es quizás uno de los únicos ejercicios posibles para soportar una memoria que trabaja para (sobre)vivir. Un hijo que en un entrenamiento de box, nos permite conocer la historia de dolor de toda una familia a través de hacer visible la historia colectiva del horror. Todo esto como un ejercicio dramático que permita agitar una memoria que nunca debería sentirse quieta ni en lugar seguro. Puesto que su quietud es su olvido, es necesario siempre un entrenamiento no complaciente a los tiempos del patrimonio. De esta manera, Ensayo General nos propone que las representaciones jamás son transparentes y que es quizás el entrecruzamiento de las sombras del protagonista, y que el montaje mismo expone, unas sombras que engañan a quienes aún piensan que los relatos deberían mostrarse como espejos, sin una mediación personal. Un montaje que opta por un relato en primera persona, en una suerte contemporánea de giro subjetivo que pone en el foco de la atención la historia de aquellos excluidos, innombrados o sin voz para establecer una ética que se proponga hacer aparecer en la esfera de lo público las poéticas del dolor que la historia oficial parece invisibilizar. Y así permitir una proliferación crítica de voces que cuestionen la construcción contemporánea de nuestras historias del daño y la no-justicia. El monólogo se posiciona en las políticas de la opacidad como el sustrato dramático para representar el horror de quienes aún no aparecen pero que dejan memoria en otros cuerpos para hacer de lo ?no visto nunca más” un lugar de enunciación y compromiso. Y esta es justamente una de las mayores fuerzas críticas que podríamos encontrar en Ensayo General de Ernesto Orellana, la de representar la historia de una familia anónima que desde el entrenamiento del hijo nos deja ver los daños biográficos de aquellos sujetos minoritarios que quedaron a la espera de esos cuerpos ausentes. Como vemos en el montaje, conocer a la madre en el vestido del hijo utilizando el vestido de la madre, explicita que nuestras miradas son siempre parciales con respecto a qué significa representar completamente el dolor de un cuerpo. Un dolor donde ya no es necesario sólo con exponer a las víctimas sino más bien intervenir en aquellas narraciones, entrar en sus construcciones identitarias, en sus cotidianeidades y en sus políticas de vida para hacer aparecer el signo de un tiempo que sin embargo, siempre debería estar atento a las contradicciones que tiene el relato de la experiencia como dato dado.

Datos Obra: Creación y actuación: Ernesto Orellana. Arte: Jorge Zambrano. Música: Mario Barrios. Producción: Angèle Gay. Espacio Ceat. Dardignac 172. Esquina Loreto. Barrio Bellavista. Desde el 04 al 26 de Octubre. Viernes y Sábados. 21:30 hrs Entrada gral: $3.000.- / Estudiantes: $2.000.- www.espacioceat.cl