zapatistaPara algunos son un ejemplo revolucionario y, para otros, un intento de rebelión caído en el sectarismo y y el estancamiento. Los zapatistas se alzaron a cara cubierta un primero de enero de 1994, exigiendo mejores condiciones de vida para la población indígena pobre y saqueada del sureste de México. Su interrupción pública en la vida de un país que, durante esa misma jornada, alzaría las copas para brindar por el Tratado de Libre Comercio, terminó generando una fisura en la memoria colectiva, un crudo aterrizaje a la realidad.

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional emergió mucho antes, en la década de los 80, en pleno corazón de la Selva Lacandona. Marcos, uno de los voceros, participó del largo entrenamiento militar y político que se fue transmitiendo de boca en boca hasta el último rincón indígena. El entonces presidente Salinas ofreció perdón a los rebeldes, obteniendo la respuesta categórica del vocero: “¿De qué tenemos que pedir perdón? ¿De no morirnos de hambre?“.

Desde entonces, hasta ahora, y sin que el mundo obtenga mayores detalles de lo que ahí está sucediendo, Chiapas ha llevado con autonomía y resistencia un nuevo orden que muchos han cuestionado. Apegados a un profundo legado cultural de estrecho vínculo con la Tierra, e inmersos en la horizontalidad política, han defendido el derecho a vivir en comunidad sin mayores riquezas, ni explotación.

 

Acusados de profundizar la pobreza

Con el transcurso del tiempo y desde sus inicios, el movimiento zapatista ha despertado las críticas del gobierno mexicano y de los intelectuales que lo han acusado del empobrecimiento de las comunidades indígenas. Las autoridades han calificado de “obstáculos” las políticas de autogobierno y autonomía de Chiapas, puesto que estarían impidiendo la implementación de políticas públicas contra la pobreza.

Según estudios publicados por las mismas autoridades mexicanas, hay al menos 6 años de diferencia en la esperanza de vida de los indígenas con respecto a quienes no lo son.

De hecho, según información publicada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en 1990, el 68,7% de la población vivía en la pobreza alimentaria. Para el 2010, en tanto, esta cifra aumentó al 81,3% en los más de 4 millones de habitantes de la zona. Además, señalaron que el 63 por ciento de la población tiene menos de 30 años, por lo que ni siquiera habrían participado del levantamiento e los zapatistas.

Según estudios publicados por las mismas autoridades mexicanas, hay al menos 6 años de diferencia en la esperanza de vida de los indígenas con respecto a quienes no lo son. Además, han acusado al movimiento de obstaculizar la educación de los niños respecto a los contenidos impartidos por el gobierno, ya que éstos son educados al alero de escuelitas guiadas, planificadas y administradas por las propias comunidades.

 

Marcos: “La lucha que vale no es la que se ha ganado o perdido, es la sigue”

Además de ser acusados de profundizar la pobreza al sureste del país, los zapatistas han tenido que lidiar con las sospechas del mundo académico, que ya los ha apuntado como un movimiento derrotado y en retirada. En este sentido, uno de los focos de crítica se relaciona con la incapacidad del EZLN para extenderse sobre el territorio mexicano e inspirar a otros países en sus ideales de rebelión.

mujeres-zapatistasDesde otra perspectiva, tal como señaló el mexicano Gilberto López y Rivas, político y antropólogo mexicano, “lo que ha fallado no es el EZLN, lo que ha fallado es la capacidad de las organizaciones de izquierda para sumarse a las distintas articulaciones que el EZLN tuvo en estos 20 años, es decir, no ha sido responsabilidad del EZLN que no se hayan dado las condiciones para que su propuesta de liberación nacional tuviera efecto en estos momentos”.

El “subcomandante Marcos”, histórico vocero y dirigente del movimiento, ha sido enfático y categórico para responder a las críticas mediante uno de sus clásicos comunicados. El último, publicado el pasado 23 de diciembre.

Subcomandante Marcos: “Para las encapuchadas y encapuchados de acá, la lucha que vale no es la que se ha ganado o perdido, es la que sigue”.

“Para las encapuchadas y encapuchados de acá, la lucha que vale no es la que se ha ganado o perdido, es la que sigue, y para ella se preparan los calendarios y las geografías”, señaló.

Marcos agregó que “no hay batallas definitivas, ni para vencedores ni para vencidos. La lucha seguirá, y quienes ahora se regodean en el triunfo verán derrumbarse su mundo”.

Consciente de los dichos de sus opositores políticos, el vocero recalcó que los zapatistas están luchando “por ser mejores, y aceptamos cuando la realidad nos dice que no lo hemos logrado, pero no por eso dejamos de seguir luchando”.

“Probablemente esté equivocado, y alguien me diga que el sentido de toda lucha es perdurar en la historiografía, la historia escrita o hablada, porque es el ejemplo de los muertos, su biografía administrada, la que motiva a los pueblos a luchar, y no las condiciones de injusticia, de esclavitud (que es el nombre real para la falta de libertad), de autoritarismo”, argumentó.

En tanto, los zapatistas ya se preparan para el aniversario de sus dos décadas de resistencia política, que se realizará en los cinco caracoles de la comunidad y es abierta a todo el mundo, menos a la prensa. En la actividad, llamada “Escuela Zapatista” los invitados podrán recorrer las comunidades más representativas de la zona y aprender sobre los principios de justicia, libertad y autonomía del movimiento.