En una nota “objetiva”, sobria y carente de interpretación, el cuerpo B de El Mercurio dio cuenta el pasado viernes de la nominación de Felipe Sandoval, ingeniero demócrata cristiano y otrora integrante de la combativa G80 del partido, como nuevo presidente de SalmónChile. En su declaración, el directorio de la Gremial destacó “la rapidez y unidad a la hora de consensuar un nombre para que los represente como nuevo presidente”.

La oportunidad parecía clara: el gremio, leyendo los tiempos que corren, pretendía reproducir la fórmula que durante los gobiernos de la Concertación se llamó eufemísticamente “los puentes de plata”. Es decir: personas que trabajaron en el sector público y que luego eran contratadas, de un día para otro, para defender los intereses de los que antes eran sus contrapartes. Éste es el grupo de Jaime Estévez, Pilar Armanet y Guillermo Pickering, si se trata de temas específicos, o de Eugenio Tironi y Enrique Correa, si se trata de temas varios.

Esta lógica, que a simple vista parece amenazar el interés público y que para muchos es una de las razones del naufragio político e ideológico de la Concertación, fue sin embargo vista en principio como buena e incluso deseable, puesto que los vínculos con un sector empresarial mayoritariamente pinochetista ayudarían a la gobernabilidad. Pero, ya se sabe, en más de algún ámbito la coalición se acostumbró a ver el mundo como si aún estuviéramos en 1990. Las consecuencias fueron explicitadas en el Día de los Trabajadores de 2011 por el entonces diputado Iván Moreira, hastiado por las críticas al presidente Piñera: “pregunto ¿qué preocupación tuvieron verdaderamente, con hechos concretos, la Concertación durante estos últimos 20 años? La respuesta es que la Concertación gobernó solo para (la) derecha empresarial”.

En el caso de Sandoval, éste había ganado el prestigio y el favor de la industria salmonera durante su desempeño como subsecretario de Pesca del gobierno de Lagos. Ya en esa época, las organizaciones medioambientales y los sindicatos salmoneros le acusaban de parcialidad en favor del empresariado.

En el caso de Sandoval, éste había ganado el prestigio y el favor de la industria salmonera durante su desempeño como subsecretario de Pesca del gobierno de Lagos. Ya en esa época, las organizaciones medioambientales y los sindicatos salmoneros le acusaban de parcialidad en favor del empresariado. Luego, cuando el virus ISA provocó una crisis sanitaria y social con miles de despidos, la presidenta Bachelet creó la Mesa del Salmón con representantes de todos los sectores y puso como secretario ejecutivo al propio Sandoval. Su incidencia en la coalición no terminó ahí: fue luego coordinador de Océanos Azules, en un cargo clave para la plataforma programática de Eduardo Frei, en 2010. Al verse obligado a renunciar por irregularidades detectadas por la Contraloría mientras era subsecretario, recibió un contundente respaldo del entonces presidente de su partido, Juan Carlos Latorre.

Pero en un puente de plata, tal como en la canción de Facundo Cabral, no se es de aquí ni de allá, sino todo lo contrario. Casi simultáneamente, en mayo de 2010, fue nombrado presidente de AquaChile, una de las compañías más grandes del sector. En esa época, la directora de Fundación Terram, Flavia Liberona, explicaba el meollo del asunto: “este hecho afecta gravemente todo el proceso que se ha realizado en el último tiempo. Además, le resta credibilidad a las modificaciones sanitarias y ambientales realizadas en la industria acuícola, que fueron impulsadas precisamente por la persona que hoy pasa a ser ejecutivo de AquaChile. Es necesario terminar con la complacencia frente a la puerta giratoria de funcionarios que se pasean entre el gobierno y la empresa privada, vulnerando la credibilidad e independencia de las instituciones”.

Los vínculos de la industria salmonera con la Democracia Cristiana, en todo caso, no se restringen a Sandoval. En este sector se ha reproducido un apéndice de la estrecha vinculación entre el partido y el sector pesquero, especialmente a través del grupo Angelini y de sus vínculos con la familia Zaldívar. De hecho, el ex gerente del Instituto Tecnológico del Salmón (Intesal), el centro de estudios del gremio, Adolfo Alvial, postuló en las últimas elecciones como candidato del partido por el distrito 56 y estuvo a punto de resultar elegido, arrastrado por el caudal de votos del diputado Fidel Espinoza (PS). Eso sí: su web, www.adolfoalvial.cl, no está dedicada a la política ni a exponer sus miradas sobre el país, sino que es un sitio de asesorías en acuicultura donde se le puede apreciar posando delante de una balsa jaula. Incluso una semana antes de las primarias, cuando ya competía por el cupo de la DC, Alvial dio entrevistas a los medios como consultor acuícola, a propósito de la posibilidad que Estados Unidos permitiera los salmones transgénicos.

El nombramiento de Sandoval instala la pregunta en el campo de Bachelet, especialmente en medio de la disputa aún no resuelta dentro de una muy, quizás demasiada, heterogénea base de apoyo. Y también respecto al modo en que se desarrollarán las relaciones con el sector empresarial, en tiempo en que la ciudadanía aprecia una captura transversal de la política de parte del interés corporativo.

SalmónChile optó por repetir la fórmula que tan buenos resultados le dio al empresariado con la Concertación. Su apuesta es que las cosas no han cambiado demasiado. Si hay en ello lucidez o la decadencia de aferrarse a un modelo que ahora es inviable, lo podremos constatar durante el año que empieza.

Roxana Miranda dijo que Bachelet era “la candidata del empresariado”. Los sectores emergentes de la Nueva Mayoría dicen que este gobierno no puede ser igual a los cuatro anteriores ¿Cómo se resolverá la ecuación? Algunos ya explicitan sus cartas.