Prensa-Marcelo-EscobarCuando un corresponsal extranjero viene a Chile, lo primero que hace es comprar todos los diarios. Al leerlos queda extrañado, se da cuenta de que son todos de derecha y que no hay un solo diario de oposición. Generalmente vuelve al quiosco para consultar si los ejemplares de oposición se han agotado, ya que no puede imaginar que sólo existan diarios gobiernistas.  Le cuesta creer la respuesta del quiosquero: “no señor, en Chile no hay diarios de oposición”, ya que a pesar de la creciente concentración de la prensa en el mundo, sigue existiendo en diversos grados, en todos los países que se dicen democráticos, prensa de gobierno y de oposición.

Más asombrado queda el periodista extranjero cuando le cuentan que hoy existe menos prensa independiente que en tiempos de la dictadura (A fines de los 80 se publicaban dos diarios: “La Época” y “Fortín Mapocho” y muchísimas revistas, como Análisis, Apsi, Cauce, Hoy, Página Abierta, La Bicicleta, etc. etc.)

Tampoco entiende que la televisión del Estado (TVN) tenga que autofinanciarse y por lo tanto competir por la publicidad, buscando el rating a cómo dé lugar.  Se asombra de que los noticieros de televisión duren hasta una hora y media, alargados artificialmente con “noticias” como  el aumento de la venta de helados y bebidas en verano, de útiles escolares en marzo y de regalos en navidad, cuando en países como Francia y Estados Unidos los informativos duran media hora y el televidente queda mejor informado sobre la realidad nacional e internacional.

También al periodista extranjero le sorprende el tema de la delincuencia. Se extraña al ver que los noticieros comienzan destacando los accidentes, robos y asaltos… aunque eso les hace comprender el porqué en Chile, a pesar de ser el segundo país más seguro en América Latina, sus ciudadanos tienen una sensación de inseguridad enormemente alta, mucho mayor a la de países con alta tasa de delincuencia.

Al periodista extranjero le cuesta creer que las jubilaciones dependan del curso de la bolsa, que las universidades estatales cobren aranceles similares a los de las universidades privadas y que no exista ni siquiera una universidad gratuita (caso único en América Latina).

Otra rareza de nuestro país es el sentido que se da a las palabras en la prensa. Se dice por ejemplo que Chile tiene un alto grado de democracia, cuando aún está regido por la constitución pinochetista de 1980 y además utiliza un sistema binominal para elegir a los diputados y senadores, lo que hace que, finalmente, sean los partidos los que prácticamente los designen, ya que el 90% de las veces ya se sabe quienes serán los elegidos, siempre mitad de la derecha y mitad de la Concertación. También asombra al extranjero que la coalición integrada por las fuerzas que participaron o al menos apoyaron la dictadura, en vez de ser catalogadas de extrema derecha, sean clasificadas como “centro derecha” y que los civiles que integraron el régimen militar no hayan sido juzgados.

Todos sabemos que el rol de los medios de comunicación es fundamental, aunque no es todopoderosa. Felizmente la gente puede comparar lo que dice la prensa con la realidad. Los estudiantes en sus manifestaciones han destacado el rol distorsionador de los medios de comunicación.

Todos sabemos que el rol de los medios de comunicación es fundamental, aunque no es todopoderosa. Felizmente la gente puede comparar lo que dice la prensa con la realidad. Los estudiantes en sus manifestaciones han destacado el rol distorsionador de los medios de comunicación. Más difícil es distinguir la realidad de otros países. El ejemplo de Venezuela es impactante, los que viajan a ese país se asombran de la diversidad de diarios, radios y canales de televisión a favor y en contra del gobierno, ya que muchos iban convencidos de que en Venezuela no había libertad de prensa y que en Chile sí, ya que los medios de comunicación han logrado confundir la libertad de expresión con la libertad de empresa para crear y mantener un medio y han hecho aparecer como “normal” la extrema concentración de la prensa en nuestro país.

La pluralidad es parte fundamental de la libertad de expresión. El derecho a tener una información diversa es tarea no sólo de los periodistas sino de todos los ciudadanos. Por eso debemos alegrarnos por la importante cantidad de publicaciones independientes que nacen y se desarrollan en nuestro país en los últimos tiempos, como es el caso de “El Desconcierto”. A pesar de las enormes dificultades y de que el conjunto de la prensa alternativa no logra tener tiradas que se comparen con la prensa oficial, el solo factor de su existencia y diversidad nos hace tener esperanzas. Desde estos nuevos medios también podemos soñar con que Otro Chile es Posible.