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Fotografía: Felipe Salgado

La no renovación del contrato de Soledad Novoa Donoso como curadora y asistente de dirección del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) nos ha sorprendido profundamente. Lamentamos la gran pérdida que esto significa, considerando el interesante proceso de transformación que se estaba llevando a cabo durante su gestión y que consistió en renovación de la exposición permanente producto de la investigación realizada sobre la colección, la instalación de un enfoque de género que relevara la producción poco atendida de las artistas mujeres, así como una internacionalización de los vínculos del Museo que le permitió poner a disposición del público una serie de exposiciones de gran impacto entre las que destacamos “Matta100”, “Diecinueveinte: construcción del imaginario pictórico en Chile” , “Los caminos de la pintura. Años 40 y 80” y “Papeles Surrealistas”. Estas y otras exposiciones pusieron en valor la colección desde una mirada actual y política, rescatando del olvido obras significativas de la historia el arte chileno para incluirlas en la exposición permanente, obras nunca antes vistas por el público en el MNBA o especialmente adquiridas con el fin de ser exhibidas en las muestras de la colección.

Otro de los importantes aportes de Soledad Novoa al MNBA fue su sistemático esfuerzo por relevar la producción artística femenina que por años ha sido invisibilizada y dejada al margen del interés de los museos y de la historia del arte, así como su viva preocupación por generar espacios de reflexión sobre la práctica artística de mujeres y su relación con la teoría feminista. A ella debemos la realización del primer y segundo “Seminario de Historia del Arte y Feminismo”, todo un hito en nuestro país que contribuyó a reavivar el debate en torno a estas prácticas y problemáticas. El feminismo, en tanto movimiento y práctica revolucionaria, ha sido un motor significativo en las transformaciones culturales, políticas y sociales del último siglo a nivel mundial y a pesar de todo esto sigue causando resistencia y recelo en nuestro país.

En términos generales su trabajo implicó una intensa investigación, tanto de la colección como de los archivos del museo, mostrando por medio de dicha práctica la enorme riqueza que en ellos se guarda, poniéndolos a disposición de la comunidad de investigadores. Dicho trabajo de archivo fue el complemento ideal para las exposiciones tanto permanentes como temporales lo que permitió conocer mejor nuestro patrimonio cultural, tal y como hoy podemos ver en la última exposición que contó con la colaboración curatorial de Novoa sobre los años ’80 titulada “La ruta trasnochada”.  Una gran contribución en un país que adolece de un soporte institucional sólido para las y los investigadores en el ámbito de las artes.

Su esfuerzo sistemático  verá probablemente alterado su rumbo en la próxima renovación de la exposición permanente  de la colección MNBA,  la que se podrá conocer en marzo del 2014 a cargo de tres curadores, sintomáticamente, varones los tres.

La entrada de  Soledad Novoa como curadora y asistente de dirección al MNBA fue a través de un concurso público (el primero que se realizó para dicho cargo). Durante este año el Director del Museo ha decidido no renovar su contrato. No sabemos a qué responde su decisión, pero intuimos que el giro en las políticas museales que estaba impulsando Novoa,  puede haberse tornado incómodo. Su esfuerzo sistemático  verá probablemente alterado su rumbo en la próxima renovación de la exposición permanente  de la colección MNBA,  la que se podrá conocer en marzo del 2014 a cargo de tres curadores, sintomáticamente, varones los tres.

La no continuidad de Novoa como curadora del MNBA, una vez más pareciera mostrar el llamado techo de cristal al que están expuestas las mujeres en el ascenso de su carrera profesional, un techo invisible pero real, que limita su participación en los espacios de poder y de toma de decisiones. A ello se suma una práctica común en nuestro país,  la de cortar los procesos de cambio y transformaciones profundas en nuestras instituciones, así como en la vida pública y la política. Lo anterior da cuenta de la desconfianza hacia los procesos de democratización y modernización, mirándose con malos ojos la apertura a discursos que por años han sido obliterados e invisibilizados. Todo lo anterior por más que el discurso “oficial” apele a ellos constantemente. Nos quedamos con una frase de Novoa, vertida en una entrevista periodística, la que perfectamente puede ser aplicada a ella misma: “Las artistas mujeres son numerosas en nuestra historia, pero no entran ni en los premios, ni en los cargos de poder, ni en las muestras. Eso debiera cambiar”.