PEIRANO1El 2014 ha empezado con una avalancha de sucesos que permiten ir sacando algunas conclusiones acerca del carácter del próximo gobierno de la Nueva Mayoría y de la actitud de la izquierda ante estos desafíos. Dos hechos consulares permiten dar muestras de las posibilidades y amenazas que una izquierda protagónica debe sortear en el camino para tomar la iniciativa.

El “caso Peirano” es una pequeña muestra de la gran señal que ha significado la designación de cargos para el nuevo gobierno de Michelle Bachelet. Muchos eran los que esperaban un gran golpe político, que también diera muestras del nuevo rostro más progresista de la Nueva Mayoría. Si un programa de transformaciones profundas se ponía en el centro del debate político, necesitaría hombres ad hoc para vehiculizar dichos cambios. Diversos rumores corrían en este sentido, que hacían presagiar un escenario favorable para dar curso a ciertas demandas surgidas desde los movimientos sociales. Incluso hace unas semanas la revista “Que Pasa” publicaba un trascendido que daba al rector Zolezzi como el nuevo ministro de educación.

Un balde de agua fría cayó sobre los sectores de “izquierda” liderados por el PC, con la designación de cargos efectuado por Bachelet. Esto no solo por la debilidad política de la supuesta izquierda al interior del nuevo gobierno, sino también por el carácter de las designaciones. Hombres y mujeres que han estado implicados en la defensa e incluso usufructúo del modelo imperante en nuestro país. Claudia Peirano no es sino el caso más bullado que muestra el rostro del nuevo gobierno de Bachelet, que ratifica el compromiso histórico de la Concertación con el mercado y el gran empresariado.

¿Cuál es el problema de todo esto?

El problema es la manera de enfrentar este escenario para una izquierda que busca impulsar transformaciones de fondo. Resulta al menos dudoso el que sectores del Partido Comunista, que en palabras de Jaime Gajardo ayer alababan a Eyzaguirre, después hayan sido los paladines del coro de críticos de Claudia Peirano. No se trata en ningún caso de defender a nadie, sino de desnudar estrategias timoratas. Cortar el hilo más delgado resultó una muy sutil y buena jugada para que Eyzaguirre pasara el vendaval tras bambalinas. Si denunciamos a Peirano, era también obligatorio hacerlo con el futuro ministro de educación impulsor del CAE. Si denunciamos a Peirano era obligatorio apuntar también con el dedo a Ignacio Moreno Fernandez, subsecretario de minería, que enfrenta acusaciones por prácticas antisindicales. Si acusamos a Peirano era justo denunciar también a Raúl Sunico, subsecretario de Pesca, que se ha pronunciado públicamente a favor de la pesca de arrastre. En definitiva si denunciamos a Peirano es una señal de coherencia mínima el atreverse a apuntar al gobierno de Michelle Bachelet como un nuevo gobierno servil al modelo y que no apunta a transformaciones estructurales que el país demanda.

La “izquierda” de la Nueva Mayoría si bien tiene la razón al colocarse al lado del movimiento social que denunció y logró la salida de Peirano, muestra a su vez toda su mezquindad política cuando se supedita a un nuevo gobierno donde el “caso Peirano” se hace norma.
Si queremos una izquierda protagónica debemos atrevernos a mostrar independencia y claridad para actuar como oposición a un gobierno que muestra con cada vez mayor transparencia su verdadero rostro. La posición de vagón de cola muestra de manera constante sus limitaciones en este tipo de hechos.

Dos lecciones trascendentes se dibujan en estas semanas. En primer lugar se constata que las posiciones neoliberales son abrumadoramente mayoritarias en el seno de la Nueva Mayoría y que estas se cristalizan en la composición del nuevo gobierno. En segundo lugar se evidencia que las estrategias de izquierdizacion al interior de la Nueva Mayoría se muestran débiles, pues no están dispuestas a llevar su crítica hasta las raíces, sino que allí donde comienzan es hasta donde llegan. O sea están dispuestos a cortar el hilo delgado, pero no a tocar el nudo. Las lógicas de tensión interna son débiles espasmos, para un bloque neoliberal ya consolidado en más de 20 años de ejercicio del poder.

El panorama pareciese ser incierto y de muy mal pronóstico. Efectivamente, lo que se ha prometido de lo que sería el gobierno de la Nueva Mayoría, con sus primeros pasos, está lejos de ser prometedor.

¿Dónde está la posibilidad de la izquierda para avanzar?

Otro de los hechos importantes de estos últimos meses ha sido la nueva arremetida de los trabajadores portuarios. A través de grandes luchas callejeras, enfrentamientos, paralización de gran parte de los puertos de Chile y tensiones publicas hacia el empresariado, los trabajadores han dado muestras del camino para este 2014.

Han hecho evidente que los tensionamientos a quienes dominan no se producen a través de una política de pasillos y de emplazamientos públicos, sino que se generan con luchas. Los portuarios lograron algo inédito en los últimos años, generar altos niveles de tensión entre sectores del empresariado nacional entre sí, y contra el gobierno. Los niveles de contradicciones al que se llegaron fueron tan evidentes que incluso Patricio Crespo, líder del sector agrícola, ante la tozudez de los empresarios portuarios, llego a decir que el Estado era el dueño de los puertos y que se debían revisar las concesiones de los mismos. Este pequeño desliz, es una bomba. Sin duda no surgió por la tensión que los sectores de izquierda han generado en su disputa institucional, sino que se ha generado por la lucha de los portuarios.

No solo eso, los portuarios dieron una muestra a los demás movimientos sociales, de que es posible vencer la resistencia de los empresarios y el gobierno de turno. No por nada La Tercera el 29 de enero se quejaba amargamente en su editorial “Cadena de desaciertos frente al paro portuario”, del peligroso “precedente” que sientan los portuarios a los demás trabajadores del país.

Por último los portuarios muestran que los trabajadores siguen robusteciendo sus orgánicas y capacidad de lucha. Hace unos meses Ivan Vitta en un artículo titulado “Los trabajadores están de vuelta” demostraba el sostenido aumento de las luchas de los trabajadores a lo largo del país. Esta tendencia sigue creciendo y muestra enormes posibilidades hacia el futuro, en la medida que los movimientos sociales puedan ir confluyendo a nivel programático y de acción.

Los portuarios con su lucha marcan el ejemplo para este 2014 y dan claridad sobre el camino que debe tomar la izquierda.
El escenario de incidencia política no está en los acuerdos por arriba, ni en los astutos operadores políticos que logren desplazar la agenda, sino más bien en la capacidad de organizar y movilizar las luchas sociales para hacer frente al nuevo gobierno de Bachelet. De esto al parecer los primeros que tomaron nota fueron la misma izquierda de la Nueva Mayoría, pues despreciaron olímpicamente hasta el más mínimo apoyo a los trabajadores que en esos momentos sacudían Chile. ¿Señales? Barbará Figueroa, militante PC, no hizo público apoyo a la movilización pese a que lidera la CUT desde hace ya varios meses. Ninguno de los nuevos diputados electos se hizo presente para apoyar a los portuarios.

No hay casualidades sino tácticas enfrentadas.

El “caso Peirano” y la lucha portuaria nos muestran los desafíos y caminos para hacer frente a este 2014. En el primer caso las señales de un gobierno de marcada hegemonía neoliberal, que se saca la máscara y que tiene a sus espaldas una izquierda timorata, tímida y que no rompe amarras con el proyecto neoliberal. En el segundo caso los portuarios mostrando el camino para ir desnudando las contradicciones del empresariado, ir acumulando victorias y fuerzas que permitan proyectar política desde los movimientos sociales mas allá del gobierno de turno.

Hay dos tácticas que se dibujan en la izquierda chilena, dos tácticas que se oponen y que chocaran constantemente ante el advenimiento del nuevo gobierno. Una lógica cupular y otra lógica plebeya.
Para nosotros los portuarios marcan el camino a seguir para este 2014.