Una amplia multitud de feministas firmes, valientes y combativas se reunieron ayer en las calles de la capital para inundarlo todo de dignidad. Con gritos y pancartas que pusieron en lo más alto la lucha reivindicativa del género, durante años tan sofocada en el Chile machista en el que nos tocó crecer, el silencio de la ciudad se rompió como una advertencia de tiempos mejores por venir.

Había espacio para todas: oficialistas, opositoras, lesbianas, transexuales, niñas, ancianas, madres, estudiantes, trabajadoras. Una larga lista de individualidades aglutinadas en la consciencia colectiva de la necesaria disputa, una potente organización de colectivos crecidos en un contexto de rearme social, de nuevo tejido popular que ya da frutos de esperanza.

La era está pariendo un corazón. Hoy la lucha feminista derriba los mitos que el relativismo social ha creado para desprestigiarla, hoy mujeres y hombres han entendido que esta pelea compete a todos por igual y se enfrenta de cara al alma del modelo impuesto, quebrando sus principios básicos de sumisión y resignación. Ya no más, gritaron ayer y así de claro se escuchará mañana. Para todas todo.

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