Facebook 1Los amigos de Facebook son una sub especie humana de la que no habían datos antes de la aparición de este prodigio de la informática. En poco más de una década, la manera que teníamos las personas para vincularnos con otros de la misma especie cambió de una manera tan brutal, que aún hoy es difícil predecir sus efectos.

Hoy, somos lo que decimos que somos. Nos adjudicamos los rasgos que nos son más cómodos. Nos describimos como los indican nuestras más anidados sueños y delirios.

E informamos de aquello que hasta hace poco era conocido por otros sólo en las barras de los bares, las sábanas, los confesionarios y en los diarios de vida.

Como nunca antes, el mentir tuvo aliado más notable e infalible que la red de FB. Diga usted lo que se le ocurra, describa lo que se le venga en ganas, narre eventos de fábula, adjudíquese rasgos magníficos, que nadie le va a venir a decir que no es así.

Ahora sí que la siquiatría tiene competencia. O, si se quiere, aliada. Hoy uno es lo que le dé la gana ser. Los atributos con los que soñamos están ahora al alcance universal de un click. Rostro, carácter, personalidad, físico, humor, cultura, atributos, incluso nombres y datos biográficos, son susceptibles de ser mejorados, corregidos, aumentados.

Como nunca antes en la historia se puede saber el discurrir de la vida privada de las personas a la velocidad, alcance, nitidez y profundidad como la que se ofrece hoy. La intimidad se ha trasformado en una excentricidad de veteranos sub cincuenta. La verdad, en un artefacto prescindible. La mentira, en algo que puede y no puede ser, según la cantidad de Me Gusta que se recolecten.

Este invento de fábula nos ha cambiado la vida para siempre. El viejo dictum atribuido a algún sabio de la antigua Grecia, Conócete a ti mismo, ya no tiene vigencia.

Hoy, aquella inscripción debería decir: Invéntate a ti mismo. Y ponle bueno.

George Orwell dio la hora con su premonición. Su omnipresente Gran Hermano, que todo lo ve y controla, ha quedado sin pega. Hoy, cada uno de los usuarios feisbuquenses le hacen el trabajo y cuenta con lujo de detalles desde su despertar, atribulado por el insomnio telúrico, hasta su dormir, y sus sueños en claves binarias.

George Orwell dio la hora con su premonición. Su omnipresente Gran Hermano, que todo lo ve y controla, ha quedado sin pega. Hoy, cada uno de los usuarios feisbuquenses le hacen el trabajo y cuenta con lujo de detalles desde su despertar, atribulado por el insomnio telúrico, hasta su dormir, y sus sueños en claves binarias.

Y en medio, la narración perfecta, on time, de lo que contienen sus vidas, incluidas, de visu, orgasmos, pariciones, suicidios, agonías, conquistas, heroísmos, colisiones, flatulencias, caídas, fracasos, desprecios, hambres, dispepsias, refregones, calenturas y denuestos.

Prodigios todos difíciles de probar, pero a quien le importa. Más aún, esta cultura de lo narrado sobre la línea urgente del tiempo, ha desarrollado un sub producto notable: la colusión. Jamás alguien osaría poner en duda lo que lee en Estados, Perfiles y posteos. Se corre el riesgo de recibir tratamiento recíproco y una epidemia de verdad en este juego de mentiras sería fatal. Así, el acuerdo tácito funciona de lo mejor: te doy un Me gusta, a condición del tuyo.

De llegar el día en que la egolatría tropiece con datos de la dura realidad extra FB, la cosa se comienza a terminar. La vigencia de Facebook es a condición de aceptar lo que se lee en las narraciones vívidas de sus usuarios, sin osar dudar de nada. Es tan fácil e inocuo poner Me gusta…

Ese mundo paralelo que define Facebook debería tener consecuencias en breve. Es difícil pensar que la esquizofrenia que define el ser un Perfil en la red, y simultáneamente, una persona de carne, hueso, deudas y defectos, no haga alguna tipo de crisis en algún momento.

Pongamos por caso aquel o aquella que se enamora de cierto Perfil, a partir de lo que lee a diario en un Estado. Habrán fulgurado en su corazón aquellas palabras tan precisas, aquellos poemas escritos con quirúrgica fineza, aquellas reflexiones llenas de certezas y elevada filosofía. Más, peor, aún. Habrá hecho un efecto inconfesable en las hormonas aquella fotografía que muestra un rostro atractivo, misterioso, sensual. Y aquel cuerpo fotografiado en modo selfie, que muestra y oculta en dosis perfectamente equilibradas, pasará a ser el estímulo que mueve.

¿Pero, habrá alguna opción para que ese amor de Muros y Estados tengan alguna oportunidad en el cuerpo a cuerpo inevitable? No. En ese momento se derriba la magia. Y mientras el sexo sea inevitablemente, y por fortuna, mediante refregones sublimes y muy cercanos, FB y su magia no podrán pasar de ser una ilusión.

Por estas razones el Facebook no es la herramienta adecuada para los políticos, curiosamente, usuarios de la mentira por antonomasia. Mentir en FB requiere de esconderse de la mirada real del otro. Y los politiqueros, frescos por definición, ladrones por doctrina, malacatosos por genética, miden su éxito en la vida por los minutos de televisión en cuerpo presente. Y ahí ya la cosa pierde atractivo.