EducaciónEl debate en los sectores anti neoliberales del país se instaló hace un rato. Mientras algunos, liderados por el PC, han puesto sus fichas en fortalecer los sectores progresistas de la Nueva Mayoría, muchos otros hemos comprendido que mientras la política mantenga un carácter excluyente no habrá transformaciones profundas posibles, y por tanto hemos apostado a construir fuerza propia. Sobre este tema me extendí en una columna anterior. Quisiera ahora mostrar cómo aquello comienza a hacerse carne en la que ha demostrado ser la madre de las batallas, la reforma educacional, y el cómo regalar la cancha al Gobierno significa darse un disparo en los pies, si lo que queremos es que la educación sea concebida como un derecho social.

Partamos viendo como las tensiones internas de la Nueva Mayoría comienzan a encarnarse directamente en la figura de Nicolás Eyzaguirre. Las denunciadas contradicciones del Ministro no son casuales, responden a que incluso el apoyo de su propia coalición necesita ser negociado con cada una de sus múltiples facciones. Así, mientras la supuesta gran reforma que se enviaría en 100 días, sigue desdibujándose reunión tras reunión y cuña tras cuña, lo único concreto que el gobierno ha sido capaz de proponer ha sido la ley de Interventor Estatal. Más allá de que la ley en sí misma es perfectible, lo que deja en evidencia es que el gobierno hoy sólo se pone de acuerdo consigo mismo para construir el extintor que le permita apagar los incendios más inmediatos que se avecinan, pero respecto al cómo atacar la fuente directa del incendio, o no tienen idea, o simplemente no quieren hacerlo.

Puede ser tentador en este contexto ponerse a pelear con la derecha, que se comporta en forma totalmente coherente con lo que fue el gobierno de Piñera: oponiéndose a toda iniciativa de cambio. Ponen en duda medidas que son básicas, como el fin a la selección. Parece de perogrullo que estas medidas deben entonces ser defendidas antes que la derecha gane la discusión y tales cambios sean olvidados. Sin embargo, este razonamiento adolece al menos de dos defectos graves que lo hacen equivocado:

En primer lugar, olvida que en educación no existen las medias tintas. O es un derecho social, o es un bien de consumo. Por lo mismo, reformas aisladas no sirven, no tienen impacto relevante. ¿Es que acaso poniendo fin a la selección, pero manteniendo a la educación pública a nivel secundario en su mismo nivel, hacemos algún cambio importante? El aspecto clave de la educación secundaria, como en el resto de la educación, es que el Estado asume un rol meramente subsidiario, y por tanto la educación provista por el Estado sólo tiene sentido para quienes no pueden escapar a la educación privada.

Asimismo, el proyecto de interventor estatal no es un aporte real si no hay claridades respecto a qué universidades necesitamos, con qué rol y donde. Pareciera ser con el proyecto tal cual está que la continuidad de una Universidad en riesgo dependerá más de la habilidad de su interventor que de lo necesaria que sea para Chile. ¿Qué coherencia tiene esto?. Las medidas que ha venido anunciando el MINEDUC, que apuntan a conservar un financiamiento vía vouchers, apuntan a regular los excesos del mercado en la educación en vez de eliminarlo. Dedicarse a apoyar las medidas “positivas” en ese programa simplemente consolida una reforma que haga que nuestra educación sea un “mejor” bien de consumo, pero bien de consumo al fin y al cabo.

En segundo lugar, discutir los proyectos específicos significa regalar el control de la agenda y la discusión general al Gobierno. El Movimiento Estudiantil, acertadamente, ha exigido participación en la discusión sobre las orientaciones generales de la reforma frente a la evidencia de que el gobierno no es capaz de tomar postura al respecto. Nuevamente, si nos ponemos a hablar solamente de aquellos temas específicos que el gobierno ha levantado y que han causado ruido en la derecha, dejamos en el olvido la discusión más importante: si el mercado será desterrado de la educación o solamente será controlado.

Hoy está en disputa el corazón mismo de la reforma educativa. El movimiento estudiantil tiene el desafío de lograr retomar la agenda y lograr que la discusión se centre en sus orientaciones generales. La responsabilidad para quienes desde nuestras diversas trincheras aportamos a su lucha es solamente una: reafirmar que lo que Chile necesita es terminar completamente con el mercado en la educación, y hacer ver que ello solamente será posible si la reforma educacional y sus pilares principales son construidos en un diálogo democrático con la sociedad.