solos-en-la-noche-270x270El libro “Solos en la noche” de Rodrigo Fluxá propone que el asesinato de Daniel Zamudio no fue un crimen de odio, señala el autor que “Daniel se exponía mucho, tenía un tren de vida muy riesgoso… tenía una tendencia autodestructiva súper grande” y agrega que“Este no es un problema sexual, es un problema social.”El autor sugiere que los responsables de este crimen no actuaron motivados por el odio y la discriminación por la orientación sexual de Daniel y sostiene esta afirmación en el hecho que uno de los agresores tiene una hermana lesbiana.

¿Cuál es la diferencia entre considerar que éste es un crimen de odio, o separarse de aquella visión y considerar que éste es un problema social y que Daniel se expuso impudentemente al daño? La diferencia es crucial, pues al afirmar que Daniel se “exponía mucho” trasladamos la responsabilidad hacia la víctima –un joven de 22 años que antes de morir agonizó durante 25 días con fracturas en el cráneo y en sus piernas, quemaduras de cigarrillos, cortes en forma de esvásticas en su cuerpo y una oreja cercenada- en lugar de fijar la mirada y centrar la responsabilidad en los agresores y lo que ellos representan, y a las estructuras de poder que se esconden detrás de crímenes como estos.

El asesinato de Daniel, al igual que los femicidios y las violaciones y abuso sexual de mujeres y niños, no son crímenes comunes, y no son jamás responsabilidad de las víctimas. Una mujer que usa una falda corta no es responsable de que la violen, quienes ejercen comercio sexual no son responsables de las golpizas y abusos que sufren a diario, una mujer víctima de femicidio no es responsable de su muerte por no haber denunciado la violencia intrafamiliar de que era objeto. Quienes son realmente responsables de estos crímenes son los agresores, quienes abusan de la posición de poder que ejercen sobre las víctimas, y es ahí donde debemos poner nuestra atención, no es posible que como sociedad sigamos naturalizando y avalando conductas como éstas porque el riesgo de fijar la mirada en la víctima en lugar del victimario es demasiado alto. El riesgo es que de tanto en tanto jóvenes como Daniel sean brutalmente torturados y asesinados por caminar por la calle siendo quienes son.

El minimizar la violencia y la discriminación en casos como este tiene profundas implicancias en la opinión pública y en los límites de lo tolerable que nos auto determinamos como sociedad. ¿Es posible decir que el crimen de Daniel no es un crimen de odio porque uno de los autores tiene una hermana lesbiana? ¿Es esa una premisa válida para decir que el crimen que cometió no responde al odio y la discriminación? La respuesta, es no. El crimen de Daniel no puede sino ser un crimen de odio, y es nuestra responsabilidad tener una mirada crítica y ser capaces de ver más allá de las circunstancias particulares en que se enmarcan los actos de violencia, ser capaces de ver que detrás de estos actos existen estructuras de podersustentadas en estereotipos y roles de género y que el asesinato de Daniel deja en evidencia una realidad que muchos, entre ellos el autor del libro “Solos en la noche”, no quieren ver.

Es importante recordar que respecto a este caso existió un pronunciamiento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que condenó enérgicamente este ataque y cualquier hecho de violencia contra las lesbianas, los gays y las personas trans, bisexuales e intersexuales, señalando que la violencia contra una persona por su orientación sexual, su identidad de género o su expresión de género es condenable en toda circunstancia. En esa misma oportunidad la CIDH puso énfasis en la obligación de los Estados de investigar de oficio hechos de esta naturaleza y sancionar a los responsables, instó al Estado de Chile a desarrollar la investigación en forma inmediata, seria, con todas las garantías del debido proceso y con el objeto de identificar y sancionar a todos los responsables, haciendo hincapié en el hecho que la impunidad de un crimen de odio promueve la tolerancia social de este fenómeno.

Para lograr un cambio en el paradigma y en la forma en que nos relacionamos, para avanzar realmente hacia una sociedad más justa, más igualitaria y más respetuosa de la diversidad, debemos ser capaces de nombrar las cosas por su nombre y castigar con determinación todas las formas de violencia y de discriminación, y dejar de responsabilizar a las víctimas por los actos de discriminación y de violencia que sufren.

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Daniela Quintanilla Mateff es abogada de la Corporación Humanas.

Texto tomado de www.humanas.cl