20140604_141238“Están perdidos, no saben por qué reclamar”, me comenta un hombre de unos 60 años que vive hace más de 30 en Sao Paulo. “Protestan por cualquier cosa ahora, porque sí y porque no, pero cuando estaban construyendo los estadios o la infraestructura no aparecieron en ningún lado”, agrega una mujer de unos 55 años. No son los únicos que se molestan con quienes están contra la copa.

La presidenta de la comisión del derecho al trabajo de la Orden de Abogados de Brasil (OAB), Eli Alves Da silva, aseguró al Diario de Sao Paulo que con las movilizaciones y huelgas gremiales “está ocurriendo una banalización”. La titular del colegio profesional agrega que “cuando las reivindicaciones extrapolan el buen sentido, los movimientos sociales tienden a caer en el descrédito y el poder de la huelga pierde su fuerza”.

En la capital financiera de Brasil los gremios de funcionarios públicos tienen complicados al gobierno estadual de Sao Paulo y a las administraciones municipales que están en el cono urbano de la ciudad.

En el ámbito de los municipios los profesores cumplen un mes en huelga, los choferes de buses urbanos estuvieron paralizados, advierten de movilizaciones los trabajadores de la cultura, la salud, los encargados del tránsito y los ingenieros de carrera. En la esfera del estado los policías civiles y los choferes del metro amenazan con paralizar, mientras los tribunales federales están en huelga. Los próximos días son cruciales para evitar una confusión total.

Algunos gremios piden mejoras en condiciones laborales y también en salarios, como los profesores del ámbito municipal, mientras el gobierno estadual plantea incremento monetario de un 7,8%, en un país en que el salario mínimo está en los 330 dólares. Los trabajadores de la cultura, la salud y los ingenieros de carrera solicitan una subida en las remuneraciones de 11% para no efectuar jornadas de brazos caídos. El sindicato de los choferes del metro pide el aumento del 35,47% y la entidad les oferta 7,8%. La policía civil y la de investigaciones buscan un salario que represente el 70% de lo que gana un jefe policial, mientras éstos últimos esperan una remuneración inicial que equivalga al pago que recibe un policía federal desde el Ministerio de Justicia. Un ir y venir de peticiones con la copa como la gran ventana para negociar.

El periodista y escritor Guilherme Fluza analiza en la revista Época, vinculada a sectores de la derecha brasileña y editada por Globo, y en su columna quincenal expresa que “más atrasados que los preparativos de la Copa del Mundo, están las protestas en contra de la Copa del Mundo (…) Alguien necesita avisarles a esos quijotes rezagados que va a haber copa”.

20140604_140305“Si su revuelta en contra del derrame de dinero público en los estadios billonarios es real, si su ira contra la vagancia del gobierno en la preparación de los bienes del país es real, entonces ellos contribuyeron decisivamente en el desastre con sus omisiones estos años en que se gestó”, finaliza Fluza en la última edición del semanario.

Los conceptos de oportunistas, aprovechadores sindicales y espíritus egoístas aparecen en quienes no ven con buenos ojos tantas demandas, las que consideran como extorsiones en los días previos al Mundial. No están en absoluto de acuerdo con la ineficiencia del gobierno y de las autoridades estaduales, menos en sintonía con una FIFA que consideran casi un enemigo de estado, pero creen que el tiempo de evitar el despilfarro ya se fue.

“Mi derecho a protestar no impide el derecho de ir al estadio a ver fútbol con tranquilidad y en paz”, le dice el ex presidente Lula al semanario oficialista Carta Capital, en un intento por exigir normalidad. Algo que el estado de Sao Paulo ya acogió cuando decreta día feriado el viernes 12 de junio, misma jornada en que Brasil y Croacia inaugurarán el torneo.

De a poco los brasileros que desean que el campeonato tenga éxito se asoman. El Scratch golea a Panamá en la ciudad de Goiania y el recinto conocido como Sierra Dorada se observa lleno con 50 mil espectadores. La organización de la copa anuncia venta de 180.000 entradas, algunas en las 12 sedes para los hinchas locales, y las filas de personas comienzan a armarse un día antes en las calles. Es que parece que el fútbol en Brasil supera cualquier limite de probidad y mirada de futuro.