El gobierno de Bachelet ha atacado con fuerza aparente al 1% más rico de Chile, les sube los impuestos a sus empresas pero los baja a sus ingresos personales, usa el lenguaje neoconservador en lo económico y anuncia lenguaje progresista que prohíbe la selección y lucro en los colegios particulares subvencionados, pero deja intacta la segregación y el lucro en los colegios particulares pagados, dice proponer grandes transformaciones pero muchos de sus “técnicos” son los mismos que construían estaciones de Metro lujosas y amplias en los barrios ricos de Santiago y estrechas y pobres en sus barrios periféricos. Los mismos que hoy hablan con lenguaje neoconservador y ejecutan políticas de supuesta orientación progresista, hace poco más de cinco años eliminaban restricciones que permitían la elusión o manejaban el presupuesto público enfocado a producir servicios para los mismos de siempre, hasta donde sabemos ninguno de ellos trabajó obligado en esos gobiernos.

Lo que podría aparecer como una contradicción, confusión o incluso un cambio de opinión, en el fondo no lo es. Es más bien un reacomodo de los sectores del 9% más rico que le sigue al 1% más rico de Chile, un reacomodo más discursivo que ideológico o político. No podría ser de otra forma, es cosa de analizar las redes familiares, sociales, educacionales y laborales donde han vivido en el país. Este 9% es de los que piensa que “en Chile todos nos conocemos”, cuando se conocen entre ellos que son la elite del 9%. Hoy, más que dar una pelea ideológica por la igualdad, lo que están dando es una pelea ideológica por mantener la segregación entre el 9% y el 80% del país, igualdad entre el 80% del país, pero segregación entre ellos y el resto del país.

Ellos envían a sus hijos a escuelas pagadas, jamás los podrán en una pública, ellos se contratan entre ellos cuando asumen el gobierno o se conectan a las empresas del 1% cuando ocupan posiciones del aparato estatal, ellos son los mismos no conocen La Pintana, El Bosque o Cerro Navia y que a lo más han ido ahí por algún “proyecto” o trabajo esporádico con alcaldes, para buscar presentarse en algún cargo de representación popular o acompañando a algún candidato en período de campaña electoral. Ellos se escandalizan por la detención de un productor musical de la elite de izquierda, pero son indiferentes o ignorantes a las miles de madres detenidas por microtráfico en las poblaciones de Santiago.

Ellos creen que decir “público e igualitario” los hace progresistas, ellos creen que el problema de la salud en Chile es por la ISAPRE, pero no entienden que la inmensa mayoría se atiende en el sistema público y una ISAPRE esta fuera de toda posibilidad para el 80% del país. Ellos son los mismos que dicen “centro-derecha” para referirse a la derecha, son los que creen que hablar de desigualdad desde un café en Ñuñoa, Providencia o Lastarria es tener conciencia social.

Hacer políticas progresistas y quebrar las segregación social de manera real en Chile implica entender que la inmensa mayoría del país vive con menos de un millón de pesos mensuales como ingreso familiar, entender que el mundo popular no es colaborar en Techo o el Hogar de Cristo, entender el mundo popular es comprender que la cultura popular de los jóvenes pasa por  el raggeton y la admiración del último icono narco del barrio, que los jóvenes radicales no son los gordos de pelo largo vestidos de negro y encapuchados que se enfrentan a los pacos en las marchas sino los jóvenes que integran las bandas de narcotraficantes en los barrios populares de Santiago y las grandes ciudades del país.

El camino de las transformaciones en Chile no pasa por el 9%, pasa porque la mayoría del país, el 80% no espere que representantes tomen sus banderas o demandas, pasa porque se construyan liderazgos desde el mundo popular, no se puede esperar que este 9% cambie radicalmente la injusticia en Chile,  a lo más harán ajustes al “modelo”, pero jamás tocarán los temas de fondo de la injusticia, los del 9% se unirán al 1% al momento de definir el salario mínimo usando la ideología económica para decir que un sueldo justo perjudica el empleo. A este mismo 9% en España ya les llaman los mayordomos de los ricos y jamás el mayordomo traicionará a los intereses de su patrón.