Gol-iluminadoDefender –en el fútbol y en la vida- debería ser, por puro sentido común, un acto desesperado. Implica falta de control, ser objeto de un ataque, recibir la amenaza de un gol que pondrá las cosas peores en el futuro próximo. Todas estas circunstancias indeseables para cualquier individuo hacen natural y comprensible que los delanteros, en comparación con los defensas, sean más elegantes, más gráciles, más determinados. Soberbios como Cristiano Ronaldo.

Sin embargo, hubo alguien que desafió esa lógica y es chileno. Elías Figueroa –Elías Ricardo Figueroa Brander, como dicen en prédica los hinchas del Inter de Porto Alegre- fue un defensa que esperaba los embates como si no lo fueran. Lo dio vuelta todo: mientras los delanteros trataban desesperados de llegar al gol, él aparecía tranquilo, insolente en conjurar el riesgo con jugadas cuya narrativa decía que era imposible que los rivales le hicieran daño.

¿Cómo se explica usted que Elías Figueroa sea considerado uno de los mejores defensas de todos los tiempos, a pesar de que no ganó ninguno de los nueve partidos que jugó en Mundiales?

Una locura para un jugador surgido de un país que nunca ganó nada (en el fútbol), pero así y todo el chileno llegó a la cumbre en su época y en todas las épocas. ¿Si no, cómo se explica usted que Elías Figueroa sea considerado uno de los mejores defensas de todos los tiempos, a pesar de que no ganó ninguno de los nueve partidos que jugó en Mundiales?

¿Cómo se explica que comparta ese sitial con el alemán Franz Beckenbauer y con el argentino Daniel Pasarella, que levantaron sucesivamente como capitanes las copas de 1974 y 1978?

Parece imposible, pero lo es. Aunque esto de que parece imposible, tratándose de Elías, adquiere nuevos parámetros cuando se trata de su paso por el fútbol brasileño, por el Inter de Porto Alegre.

Hace algunos días, el Internacional de Porto Alegre, club de la ciudad cuyo estado, Río Grande do Sul, colinda con Argentina y Uruguay, anunció la compra del pase de Charles Aránguiz, quien estando a préstamo hizo una gran campaña, cuya prolongación hemos podido disfrutar en el Mundial. Sin embargo, para los torcedores colorados Chile es y será sinónimo de Elías Figueroa. En aquel país, el defensa chileno llegó a convertirse en una estrella mundial, ganando por tres veces consecutivas el título de mejor jugador de América, estatus casi prohibitivo, y menos reiteradamente, para un defensa.

Por eso, cuando en 1978 Figueroa expresó su deseo de volver a Chile, a un Palestino que obviamente salió campeón, los dirigentes gaúchos llegaron a la irracionalidad para retenerlo: le pusieron un cheque en blanco para el defensa chileno pusiera la cifra. No lo hizo.

Elias-figueroaEl motivo iba más allá de la enorme jerarquía en régimen del chileno, puesto que muchos futbolistas de excepción no alcanzan la gloria ni el amor eterno de los hinchas por no haber protagonizado un momento épico. Elías lo hizo el 14 de diciembre de 1975, día que los hinchas del club recuerdan como los chilenos el 18 de septiembre. El Internacional buscaba ser campeón brasileño por primera vez en su historia, en un equipo donde destacaban figuras de talla mundial como Paulo Roberto Falcao, pero donde la estrella máxima era Elías. Al frente, el Cruzeiro de Belo Horizonte, el gran rival del Inter en esa década. A los once minutos del segundo tiempo el volante gaúcho Valdomiro conducía el balón, pero fue derribado. El juez Dulcidio Boschilia cobró tiro libre.

Hasta el momento, el resultado era 0 a 0 y el cielo se encontraba completamente nublado.

El propio Valdomiro sirvió la falta, desde la derecha, desde una posición que el cliché futbolístico llama córner corto y abierto. La pelota se elevó mientras Elías Figueroa corría hacia el centro del área. Justo en el momento en que balón y cabeza se encontraban en el aire, un inesperado rayo de sol, el único en todo el estadio, cayó en el sitio exacto, mientras el cabezazo del chileno mandaba la pelota a la red. Explosión en la torcida colorada y delirio total en el estadio. Fue el único gol del partido y el Inter salió campeón.

Desde entonces, ese gol es conocido como “El Gol Iluminado” y Elías pasó a convertirse en “El Dios de Beira Río”. Según la leyenda, a partir de ese día padres y madres hinchas del Inter de Porto Alegre iban a su casa para que el futbolista tocara a sus hijos enfermos y sanara sus dolencias.

No es de extrañar entonces que para la reinaguración del estadio, el Gol Iluminado tuviera el lugar protagónico que tiene en el imaginario de los hinchas del Inter de Porto Alegre.