Increíble, pero cierto. Por primera vez en su historia, Chile ha pasado a ocupar el liderazgo en la producción de vinos a escala global, convirtiéndose en el primer exportador del Nuevo Mundo, y el cuarto a nivel mundial. Detrás de Francia, Italia y España –en ese orden-, nuestro país se ha convertido en una verdadera potencia comercial vitivinícola, ocupando además el sexto puesto a nivel de los países productores netos de vino.

Son cifras alegres que nos entusiasman a todos. En definitiva, lo que ha ocurrido en menos de treinta años, en tan sólo un par de generaciones, da para entusiasmarse. Sin embargo, para nadie resulta extraño que las grandes conquistas, traen aparejadas nuevas problemáticas e inciertos escenarios adversos.

vino chilenoEl liderazgo implica también una fuerte responsabilidad, así como también, grandes expectativas que satisfacer entre los consumidores. Chile produce más, vende más, y lo que es muy plausible, produce mejor que antes. Pero no es el único en este competitivo rubro.

Hoy estamos compitiendo en las grandes ligas del comercio mundial de vinos. Produciendo más de cien millones de litros de vinos, con más de ciento cuarenta mil hectáreas y más de trescientas bodegas a nivel nacional, creo que está más que justificada esta nueva oportunidad que tiene la industria vitivinícola de Chile para crecer y seguir desarrollándose.

Y digo “esta nueva oportunidad”, puesto que no es algo que no nos haya pasado anteriormente. Ya en el siglo XVII Chile se había convertido en el primer exportador de vinos de la América Colonial, como asimismo, durante el siglo XIX, los vinos chilenos habían comenzado a ser comercializados en los países de Europa Occidental, América del Norte y Sudamérica, con bastante éxito, pero no de una manera sustentable.

Se acabó la bonanza económica de aquellos años, y la industria se derrumbó. Volvimos a cero en menos de dos décadas, y el vino se convirtió en un problema para todos. Como otras veces anteriores, la industria se había expandido bajo un modelo de “Crecimiento sin desarrollo”.

Y me permito señalar estos antecedentes históricos del vino chileno, pues efectivamente creo que ante esta nueva oportunidad, hay un gran desafío: el de construir una industria vitivinícola sólida, sustentable e innovadora.

A estas alturas, hay muchos aspectos que han pasado de ser una opción, a una necesidad. Hace diez años se hablaba de fomentar iniciativas de I+D casi como una excentricidad. Hoy es un factor clave para la sustentabilidad del propio sector.

La sanidad vegetal de nuestros viñedos no era un tema hace una década, y hoy es quizás el gran tema de todos los temas cruciales que enfrentan los viñateros, junto con el desarrollo de una viticultura más orgánica y amigable con el medio ambiente.

Y si de Enoturismo se trata, también podemos sacar cuentas alegres. Cada año se suman nuevas viñas a esta aventura, habiendo pasado de 64 el 2010 a 71 el 2012, y como recientemente quedó demostrado por el nuevo Catastro Nacional de Viñas Abiertas al Turismo, desarrollado por +M Consultores, la cifra ha seguido incrementándose hasta alcanzar las 78 viñas, cuya operación enoturística también se ha incrementado, tanto en número de visitantes como de ingresos percibidos.

Tenemos para celebrar, pero también para preocuparnos por las nuevas oportunidades que se van abriendo, las nuevas posibilidades que aparecen en el horizonte. No debemos olvidar que en este negocio, como en cualquier otro, opera de denominada “ley de los rendimientos decrecientes”, y sin miramientos.

Finalmente, cabría señalar que las principales tareas pendientes que se observan, dicen relación con el encadenamiento productivo local, la participación público-privada y la cooperación entre los empresarios, y definitivamente, un aumento en la inversión e innovación en la oferta de productos y servicios ofrecidos por las viñas.

Sólo hay que atreverse y correr los riesgos necesarios, de manera controlada. Incentivando nuevos liderazgos, generando oportunidades para que surjan nuevos emprendimientos, y cada vez más y mejores profesionales que incorporen a esta industria en expansión.