fielbaum1La discusión sobre reforma educacional acaba de pasar una de esas semanas paradójicas: si bien pareciera que nada demasiado importante sucedió, que no hubo ningún hito de esos que remecen el tablero y vuelcan nuevamente el tema educacional a las sobremesas de todo Chile, al mismo tiempo todo lo ocurrido es un fiel reflejo del estado actual de ese tablero y de las posiciones que juegan sus diversos actores.

Partamos por el gobierno. En la misma semana se combina la aprobación en la Comisión de Educación de la Cámara del proyecto que pone fin al lucro, copago y selección, con las declaraciones respecto a que el fin a la selección en realidad no sería tan final. Aparece una Nueva Mayoría capaz de ordenar a sus diputados, pero sin saber bajo qué contenidos se están ordenando. Peor aún, mientras se mantienen los coqueteos con la derecha, la ministra Rincón afirma no entender por qué marchan los estudiantes. Curiosa declaración frente a una educación pública que se cae a pedazos no solamente por la falta de recursos económicos, sino porque pareciera ser que a nadie en La Moneda le interese rescatarla y volverla el corazón de nuestro sistema educativo.

La derecha, por su parte, vuelve a mostrar su carácter cavernario y oportunista. Especialmente llamativo es su nuevo argumento: “la Presidenta ganó por su carisma, no por sus promesas”. Ante la imposibilidad de triunfar en el debate racional, su nueva opción es negarlo, y concluir con una lógica antipoética (quizá en homenaje a los 100 años de Parra) que los chilenos, al votar por una candidata que prometía cambios, en realidad lo que afirmaron era que no los querían. Lógica sustentada por una encuesta CEP cuyo principal resultado fue la demostración de lo fácil que puede ser barrer con el prestigio de una institución.

Desmercantilizar la educación tiene enemigos muy poderosos, y la famosa “receta” para vencerlos demuestra que uno de sus ingredientes principales tiene que ser la calle. Una marcha que, como bien expresaron la Presidenta y el Vicepresidente de la FECh, llama al gobierno a definirse con quién buscará llegar a un acuerdo para construir la reforma.

El mundo social también tuvo noticias. La principal: una nueva marcha que demuestra con su masividad que la potencia de las calles sigue intacta. Desmercantilizar la educación tiene enemigos muy poderosos, y la famosa “receta” para vencerlos demuestra que uno de sus ingredientes principales tiene que ser la calle. Una marcha que, como bien expresaron la Presidenta y el Vicepresidente de la FECh, llama al gobierno a definirse con quién buscará llegar a un acuerdo para construir la reforma.

Pero no solamente hubo noticias por la movilización. Por una parte, los profesores chilenos dieron una tremenda muestra de dignidad y autonomía al rechazar mediante plebiscito un protocolo de acuerdo que no solamente amarraba al Magisterio a la hora de participar en la discusión sobre los contenidos generales de la reforma, sino que además negaba una reivindicación histórica de los profesores chilenos: la deuda histórica. Que quien debiese ser el principal defensor de la posición de los profesores, su Presidente Jaime Gajardo, denomine a tal deuda como una cuestión “inviable”, dice mucho respecto de donde están sus prioridades.

Cabe dedicar un comentario respecto al rol que está jugando el Partido Comunista. Muchos de los que creemos en lo fundamental de la emergencia de una nueva fuerza política transformadora en Chile, hemos sido críticos de la decisión táctica del PC de unirse a la Nueva Mayoría, pero hemos comprendido que nuestros esfuerzos debieran converger en el futuro. Sin embargo, el rol del PC en estas últimas semanas ya no es criticable solamente en un sentido táctico, sino que mucho más grave: en un sentido ético. Las profundas denuncias respecto al papel que jugaron retirando utilidades de la Universidad Arcis y su rechazo a que se investigue, pese al agobio de los estudiantes y trabajadores de esa Universidad y a lo importante que es entender cómo funciona el negocio en las Universidades para poder terminar con él. La extrañísima coincidencia en el conteo de votos del plebiscito de los profesores, donde desafiando toda la teoría de las probabilidades ocurrió que sistemáticamente las primeras mesas entregaban resultados inversos a la tendencia global, en forma suficiente para que en otra notable “cuña” Gajardo afirmara un día antes de la marcha que “podemos decir que con estos resultados se crean las condiciones para suscribir un protocolo con el ministerio”, afirmación que demostró su falsedad al día siguiente con los resultados reales. Un comportamiento que también se visibiliza en el CONFECh, dispuestos a remecer los principios de su democracia interna y a reventar el espacio por una votación lejos de ser decisiva, priorizando una defensa al gobierno por sobre las necesidades del mundo estudiantil. Raya para la suma.

Justamente el CONFECh, y el mundo estudiantil en general, son el otro protagonista de la semana. Principalmente por la masiva marcha del día jueves, pero también por las discusiones del día sábado. Pues si bien es cierto que la CONES y la CONFECh votaron mantenerse en el plan de participación del gobierno, también es cierto que las críticas frente a la insuficiencia y a la poca seriedad del mismo se multiplicaron. Queda claro entonces que la discusión principal no es respecto a cómo se participa en ese espacio, sino que cuál será el espacio verdadero que el Ejecutivo estará dispuesto a crear para imaginar la nueva educación como corresponde en un país que requiere con urgencia una dosis tremenda de democracia: con la sociedad.